La confianza cotiza más que las tasas de interés
Dubai.- Tras un tiempo sin publicar artículos en este periódico, me gustaría volver a presentarme: me llamo Nacho, mi película favorita es Pulp Fiction y me apasiona la economía.
Me divierte enlazarme en largos debates económicos con personas con opiniones completamente distintas a las mías. Son esas discusiones en las que, al final, ambos sentimos que hemos salido ganando.
En estos debates hay una frase que siempre me descoloca, yo la llamo mi criptonita: "Nacho, la economía no es una ciencia exacta". Esta frase suele aparecer justo después de que haya puesto sobre la mesa un arsenal de datos empíricos que, en principio, parecen indiscutibles.
En lo que no mucho hay tanto debate es en que el mejor cine lo ha dirigido Quentin Tarantino. ¿Ustedes entendieron Pulp Fiction la primera vez? No os culpo si no fue así, yo la he visto más de diez veces y cada vez descubro algo nuevo.
En la segunda escena, John Travolta le cuenta a Samuel L. Jackson algunas curiosidades sobre Europa. "¿Sabes cómo llaman al cuarto de libra con queso en París?", le pregunta. Y él mismo se responde: "Royale con queso". Luego añade: "¿Y sabes qué le ponen a las patatas fritas en Holanda en vez de kétchup? Mayonesa". Solo Tarantino podría transformar un diálogo tan simple en una de las escenas más icónicas de la historia del cine.
En Pulp hay un elemento que dirige las acciones de todos los personajes: el dinero. La trama se articula alrededor de un misterioso maletín cuyo contenido nunca se revela, aunque yo siempre he pensado que estaba lleno de dólares.
El valor de aquel maletín no es constante, depende de la cotización del dólar en los mercados. Y la moneda estadounidense ha sufrido la mayor depreciación de los últimos 50 años, cayendo 11% solo en el primer semestre frente a las principales divisas. Actualmente, el tipo de cambio frente al euro supera el 1.17, habiendo arrancado el año en 1.03. ¿Qué hay detrás de esta depreciación? En este artículo vamos a tratar de descifrar las causas.
Al igual que con los distintos nombres que reciben las hamburguesas según el lugar, como recordaba John Travolta, lo que en Estados Unidos se denomina "aranceles", en el resto del mundo se conoce como "represalia ". Los aranceles impulsan la apreciación del dólar, al reducir su oferta y limitar la cantidad de billetes verdes que el mundo puede obtener mediante las exportaciones.
Otra medida que debería haber favorecido la apreciación del dólar son las políticas monetarias aplicadas por los bancos centrales en América y Europa, las cuáles han diferido del mismo modo que difieren las salsas que acompañan a las patatas en ambas geografías.
La Reserva Federal mantuvo las tasas de interés estables hasta hace una semana, mientras que el Banco Central Europeo las recortó hasta en siete ocasiones recientemente, ampliando así el diferencial entre las tasas de interés de referencia. Esto provoca que la remuneración por tener dólares resultara más atractiva. Lo cual, al ofrecer mayores rendimientos de inversión, la divisa estadounidense debería haber visto incrementada su demanda, y por tanto, su valor.
Sin embargo, el efecto ha sido el contrario: el dólar se ha depreciado de forma significativa frente al euro. Y es que, aunque los estos factores apuntaban a una divisa más fuerte, las políticas comerciales y fiscales impulsadas desde la Casa Blanca han contrarrestado ese efecto al debilitar la confianza de los inversores en la divisa.
La demanda del dólar se ha visto resentida por la guerra comercial iniciada por la propia economía americana y por un déficit público, financiado mediante emisiones de deuda, que ya supera el 6% del PIB, una cifra muy elevada para un país que no se encuentra en recesión.
Los datos evidencian que el dólar, histórico activo refugio, ha perdido atractivo como reserva de valor. Los inversores están balanceando sus carteras y trasladando ese papel a otros activos, con el oro, bolsa americana y el bitcoin marcando recientemente máximos históricos.
Me encantaría terminar este artículo con aquella frase de Mia Wallace a Vincent: "¿Sabes qué es lo gracioso? Nunca pensé que esto fuera a terminar bien". Pero prefiero cerrarlo con otra. Recuerden, amigos: ¡la economía no es una ciencia exacta! Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar