Panorama

El consuelo prestado

La paradoja de Jevons es verdadera, y esa es su trampa. Una mentira pura se descubre rápido, pero una verdad fuera de su jurisdicción engaña durante mucho tiempo.
Fábricas de carbón en Manchester en el Siglo XIX. Wikipedia
Mookie Tenembaum 24-07-2026
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Una ley económica verdadera se invoca para calmar al mercado y el inversor que la cree compra el riesgo equivocado. 

A fines de enero de 2025 una empresa china casi desconocida sacudió a las mayores compañías del mundo, se llama DeepSeek. Esta mostró un sistema de inteligencia artificial (IA) tan capaz como los de las firmas norteamericanas y mucho más barato de construir y de operar. Esta noticia tenía una lectura inmediata y temible para Wall Street, ya que si una IA poderosa cuesta una fracción de lo previsto, las empresas oferentes de maquinaria cara para hacerla funcionar venderán menos. El mercado reaccionó con pánico y las acciones de Nvidia, el mayor fabricante de los procesadores que entrenan estos sistemas, cayeron 17% en una sola jornada. El desplome borró cerca de US$ 600.000 millones de valor en pocas horas. Fue una de las mayores destrucciones de riqueza bursátil en un solo día de la historia.

Entonces llegó el consuelo. Satya Nadella, director de Microsoft, publicó un breve mensaje en una red social y citó una idea económica de hace 160 años. Nadella sugirió que la amenaza era en verdad una buena noticia y explicó el caso como ejemplo de la paradoja de Jevons, un economista inglés que la formuló.

William Stanley Jevons postuló que una ley verdadera puede mentir cuando se la traslada al territorio equivocado.

En 1865 Jevons estudió el carbón. Inglaterra mejoraba sin cesar sus máquinas de vapor y cada modelo nuevo consumía menos carbón para producir la misma fuerza. La conclusión natural parecía obvia, porque si cada máquina gasta menos, el país gastará menos carbón. Sin embargo, ocurrió lo contrario porque al volverse más barata la fuerza del vapor, todo el mundo quiso usarla. Aparecieron fábricas nuevas, ferrocarriles y barcos. Así, el empleo total de carbón se disparó. Esa es la paradoja de Jevons. Cuando una cosa se vuelve más eficiente y más barata, a veces no se consume menos sino mucho más, y los economistas lo llaman el efecto rebote.

Nadella aplicó esa regla a la IA. Su argumento fue que si la IA se vuelve más barata, no la usaremos menos, sino en todas partes. La pondremos en cada teléfono, en cada oficina, en cada hospital y en cada escuela. La demanda de cómputo, es decir de capacidad de cálculo de las computadoras, por lo tanto crecerá sin freno. Y así las empresas que construyen esa capacidad seguirán ganando. El abaratamiento es una promesa.

Conviene conceder algo importante. En su propio terreno el argumento es fuerte porque la IA todavía es escasa frente a sus usos posibles y quedan millones de tareas que aún no la emplean. En el consumo de cómputo y de energía el efecto rebote es verosímil. Cuanto más barata se vuelve, más se la enchufa en todo. Es probable que el gasto mundial en centros de datos y en electricidad para IA suba durante años. Hasta aquí la paradoja de Jevons funciona, y porque funciona aquí resulta tan tentador aunque peligroso usarla en todo lo demás.

Luego que la regla se invocara para tranquilizar sobre cosas que no gobierna, se la usa para prometer que el empleo no caerá, que ninguna industria sufrirá, que la eficiencia siempre crea más de lo que destruye. Ahí la ley verdadera se convierte en sólo un calmante es decir, un placebo. Es decir, una sustancia sin principio activo que alivia porque el paciente cree en ella. Así, la paradoja de Jevons, sacada de su dominio, alivia sin curar.

Tres razones explican por qué la regla no viaja a cualquier parte.

La primera es la saturación ya que el efecto rebote solo aparece cuando hay hambre insatisfecha. El carbón barato encontró usos infinitos porque el mundo de 1865 quería más fuerza por todas partes. Pero hay bienes que ya están saturados. Nadie quiere el doble de informes jurídicos, fichas de soporte técnico o memorandos internos. Donde el apetito ya está cubierto, abaratar la producción no despierta una avalancha de demanda nueva.

La segunda es la diferencia entre reemplazar y acompañar. El carbón barato seguía siendo carbón y la máquina necesitaba un operario que la encendiera; es decir, la eficiencia agrandaba el trabajo del hombre. Sin embargo, la IA hace lo contrario porque no agranda al trabajador, lo sustituye. Y si hubiera un rebote de demanda, ese resurgimiento lo absorbe la máquina y no la persona. El carbón siguió siendo carbón, pero el empleado no sigue siendo empleado.

La tercera es un error de categoría. Jevons observó el consumo de un recurso, no habló de la supervivencia de un oficio. Decir que se quemará más carbón no es lo mismo que decir que habrá más mineros. Trasladar una ley sobre el gasto de un insumo a una promesa sobre los puestos de trabajo es cambiar de tema sin avisar. La regla responde una pregunta y simula responder otra.

Queda la parte que más importa a quien arriesga su dinero porque el inversor también escucha el consuelo. Y este alivio es peligroso para él por motivos propios.

El primer peligro es confundir el destino del recurso con el trayecto de la empresa. La paradoja de Jevons, en el mejor de los casos, promete que se consumirá más cómputo, sin aclarar que una compañía determinada ganará más dinero. Son cosas distintas, ya que el mundo puede usar 10 veces más capacidad de cálculo y al mismo tiempo el precio de cada unidad puede derrumbarse. El recurso se consume en masa y el que lo vende pierde poder para fijar el precio, así más demanda total y márgenes más finos pueden ocurrir juntos. Entre tanto, el inversor que sólo oyó la palabra rebote no vio esa tijera.

El segundo peligro es olvidar quién se queda con el ahorro. Cuando algo se abarata, alguien gana con el menor precio. A veces gana el que produce, otras el que consume. Si la eficiencia de la IA se traslada al usuario final, el valor migra hacia abajo y se aleja de quien fabrica la infraestructura. El cómputo se vuelve abundante y barato como el agua de la canilla, un negocio con poco margen para el vendedor.

El tercer peligro es que el rebote, cuando exista, caiga sobre otros. La demanda puede dispararse hacia modelos abiertos y gratuitos, hacia proveedores nuevos o hacia los jugadores más baratos. El episodio de DeepSeek ilustró que la explosión de uso no garantiza el aterrizaje sobre las acciones que uno tiene en cartera. Puede crecer todo el mercado y hundirse la empresa elegida.

El cuarto peligro es el más sutil. Usar la paradoja de Jevons como escudo universal enseña al inversor a no mirar. Cada vez que aparece un golpe de eficiencia, como el de aquella empresa china, el creyente repite la palabra mágica y vuelve a dormir. Pero algunos golpes de eficiencia son reales y cambian la economía de un sector entero. Tratar cada uno como una buena noticia automática es renunciar a la distinción entre el ruido y la señal. La consigna prometiendo que nada malo puede pasar  impide ver el perjuicio cuando llega.

El mismo traslado indebido reaparece cuando alguien tranquiliza sobre las empresas de programas para oficinas, sobre la deuda privada o sobre cualquier sector amenazado por la automatización. Se invoca a Jevons como quien muestra un amuleto. Conviene preguntar si el apetito está saturado o sigue allí, si la máquina acompaña al trabajador o lo reemplaza, si se habla del recurso o del oficio y si el ahorro queda en manos del que vende o del que compra. Si las respuestas son incómodas, el amuleto no protege.

La paradoja de Jevons es verdadera, y esa es su trampa. Una mentira pura se descubre rápido, pero una verdad fuera de su jurisdicción engaña durante mucho tiempo, porque carga el prestigio de haber sido cierta en otro lugar. El carbón de 1865 no dice nada sobre el empleado de 2026. Así, el consumo de electricidad no dice nada sobre el margen de una acción. Quien presta una ley verdadera a un territorio que no le pertenece sólo ofrece un calmante con nombre de ciencia. El inversor que confunde el alivio con un diagnóstico paga la cuenta cuando el efecto pasa.

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