Una década atrás, el 13 de abril de 2015 —fecha elegida en honor al cumpleaños de Thomas Jefferson—, el político libertario checo Vít Jedlička se plantó en una pequeña franja de tierra deshabitada a orillas del Danubio, entre Croacia y Serbia, y proclamó la creación de un nuevo país: la Free Republic of Liberland. Afirmó que ese territorio, llamado Gornja Siga, no era reclamado por ninguno de los dos países, y por tanto, era terra nullius: tierra de nadie.
La historia podría haberse quedado en una excentricidad más de Internet. Pero no fue así. Diez años después, Liberland sigue existiendo como una micronación autoproclamada, con una constitución, su propio pasaporte, moneda basada en criptomonedas y hasta un gobierno en el exilio. Eso sí: ningún país del mundo reconoce su soberanía y Croacia ha impedido sistemáticamente cualquier intento de asentamiento en la zona.
¿Dónde queda Liberland?
Liberland reclama unas 7 km² de territorio (aproximadamente el doble del tamaño de Mónaco) en la ribera occidental del río Danubio, entre el pueblo croata de Zmajevac y el serbio de Bački Monostor. Es una región boscosa, sin infraestructura, propensa a inundaciones y en disputa desde la disolución de Yugoslavia. La clave del reclamo radica en un tecnicismo fronterizo: Croacia sostiene que la frontera debe seguir los límites históricos, mientras Serbia se basa en el curso actual del río. Esa diferencia dejó algunos "vacíos" territoriales no reclamados por ninguno de los dos países.
Gornja Siga es el mayor de esos vacíos, y fue precisamente ahí donde Jedlička decidió izar su bandera.
Libertad, criptomonedas y cero impuestos
El ideario de Liberland es explícitamente libertario. Su lema: "To live and let live" (Vivir y dejar vivir). Jedlička prometió una nación con intervención estatal mínima, sin impuestos obligatorios, sin regulaciones, sin restricciones a la tenencia de armas y con una economía 100% basada en criptomonedas. Incluso se creó un token propio: el "Merit".
Aunque en la práctica el territorio está deshabitado (salvo visitas esporádicas de sus simpatizantes), Liberland asegura tener más de 700.000 personas registradas como solicitantes de ciudadanía. Hasta ahora, se han aprobado alrededor de 1.200 "ciudadanos oficiales", que reciben documentos simbólicos emitidos por el gobierno virtual de Liberland.
Detenciones, embajadas flotantes y diplomacia no reconocida
Desde sus inicios, el proyecto se topó con la realidad jurídica: Croacia considera el ingreso a Gornja Siga como una violación de frontera y ha detenido en varias oportunidades a Jedlička y a otros activistas. Incluso se le prohibió al fundador el ingreso a Croacia durante cinco años.
Pese a esto, Liberland mantuvo su impulso. Organizó celebraciones anuales, creó una red de "representaciones diplomáticas" en más de 60 países, firmó memorándums con entidades sin estatus oficial y llegó a construir una especie de "embajada flotante" sobre el Danubio. Incluso intentó gestos de reconocimiento mutuo con otras micronaciones no reconocidas, como Somalilandia o Sealand.
En 2024, por primera vez, lograron instalar una pequeña cabaña de madera en el territorio reclamado, sin ser desalojados inmediatamente. Es un avance simbólico, pero significativo para una nación que existe más en la nube que en el mapa.
Javier Milei, libertario global
Durante el festejo por el décimo aniversario de Liberland, la micronación sumó un gesto que no pasó desapercibido en América Latina. Desde su cuenta oficial en X (ex Twitter), Liberland anunció: "Durante el décimo aniversario de Liberland, inauguramos la calle 'Javier Milei', a pocos pasos de la Plaza Jefferson. La calle es un tributo a un campeón global de la libertad que nos recuerda que la libertad siempre vale la pena luchar por ella. ¡Gracias, presidente @JMilei!".

El homenaje al presidente argentino no es casual: Javier Milei ha expresado simpatía por el proyecto en el pasado, y es visto por muchos liberales y libertarios del mundo como una figura emblemática del ascenso de estas ideas al poder.
Con este gesto, Liberland busca acercarse a uno de los pocos presidentes en funciones que podrían, al menos en teoría, mostrar simpatía diplomática hacia su causa.
¿Un país o una performance?
En términos de derecho internacional, Liberland no tiene estatus. No tiene reconocimiento, ni territorio efectivo, ni población residente. Pero eso no ha impedido que funcione como una comunidad transnacional, con una narrativa poderosa: la de crear una nueva nación desde cero, sin Estado opresor, sin impuestos, sin trabas. Una especie de laboratorio utópico del libertarismo radical.
¿Es Liberland una micronación, una provocación geopolítica, una startup de soberanía o simplemente una gran puesta en escena? Quizás todas a la vez. Pero lo cierto es que, diez años después, su bandera todavía ondea (al menos en Internet), y su comunidad sigue creciendo.
Y ahora, tiene una calle con el nombre de un presidente real.