Análisis

El acercamiento de Trump a Putin deja a Europa al borde del abismo

El presidente de Estados Unidos se comunicó con su par ruso para resolver la cuestión de la guerra en Ucrania y ni siquiera consideró la participación de Europa a la hora de negociar. Sin embargo, la estrategia de Trump parece ser mucho más racional de lo que se cree.
Damián Cichero 14-02-2025
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Lo que muchos intuían terminó sucediendo: lejos de intentar acercarse a Europa, Donald Trump ha iniciado el retiro formal de Estados Unidos del Viejo Continente. 

Esto no significa que Washington esté por abandonar la OTAN, ni tampoco que rompa sus históricos vínculos con varios de los países al otro lado del océano Atlántico. Pero el magnate sí dejó en claro que, a partir de ahora, Europa ya no será una prioridad

Dicha conclusión puede sacarse a partir de la reciente comunicación telefónica entre el propio Trump y su par ruso Vladimir Putin, en la cual discutieron cómo ponerle fin a la guerra en Ucrania.

Según el propio Trump, ambos acordaron trabajar juntos "muy estrechamente" en una solución diplomática a este conflicto, que el próximo 22 de febrero cumplirá tres años. 

"Como ambos acordamos, queremos detener los millones de muertes que tienen lugar en la guerra. El presidente Putin incluso usó mi lema de campaña muy fuerte: 'SENTIDO COMÚN'", agregó Trump. 

Pero el mayor impacto del anuncio fue que Trump dejó en evidencia que ni Europa ni la propia Ucrania estaban al tanto de la comunicación. En otras palabras, confirmó que Washington llevará a cabo las negociaciones sin casi darle importancia a la opinión de Kiev o Bruselas. 

Así, la histórica política exterior que EE.UU. implementa desde la Segunda Guerra Mundial parece estar llegando a su fin y, a diferencia de lo que muchos podrían creer, hay razones más que lógicas para que esto suceda

¿Una política de apaciguamiento? 

Como era de esperar, automáticamente después del anuncio, decenas de líderes europeos pusieron su grito en el cielo para quejarse de esta "traición". 

La mayor exponente de dicha situación fue Kaja Kallas, la principal diplomática de la Unión Europea, quien aseguró que "cualquier acuerdo a nuestras espaldas no funcionará. Necesitan a los europeos, necesitan a los ucranianos".

"¿Por qué les estamos dando a Rusia todo lo que quieren incluso antes de que hayan comenzado las negociaciones? Es apaciguamiento. Nunca ha funcionado", agregó Kallas, en clara referencia a la política implementada por Francia y el Reino Unido en la antesala de la Segunda Guerra Mundial. 

En la década de los 30, y ante el creciente poderío de la Alemania nazi, Londres y París hicieron importantes concesiones para "contener" a Hitler, permitiéndole anexar Austria y Checoslovaquia. 

Sin embargo, eso no calmó las ambiciones alemanas, que terminó invadiendo Polonia y dándole inicio al conflicto más sangriento en la historia de la humanidad. 

Con sus declaraciones, Kallas intenta vaticinar que el fin de la guerra en Ucrania no detendrá las ambiciones rusas, sino que las envalentonará. 

Pero la realidad es que la situación es drásticamente diferente a la de aquella época: en primer lugar, aunque militarmente hablando Rusia parece estar en condiciones de iniciar una guerra contra Europa Occidental, sin dudas, no cuenta con los recursos necesarios para administrar nuevos territorios. En otras palabras, qué sentido tendría invadir otros países si no se los podrá gobernar. 

Más allá de esta suposición, también ya ha quedado en evidencia que la invasión rusa de Ucrania ha sido en respuesta al accionar de la OTAN que, en los últimos 30 años, lo único que ha hecho es acercarse a la frontera rusa, incumpliendo con su promesa de no expandir la alianza más allá de Alemania oriental. 

Por lo tanto, es probable que, una vez que se confirme que Ucrania no se sumará a la OTAN, Rusia considere satisfechas sus garantías de seguridad. 

La era Trump 

Esta semana Pete Hegseth, el nuevo secretario de Defensa de EE.UU., le dio un duro pero franco mensaje a Europa: "Estoy aquí para expresar directa e inequívocamente que las crudas realidades estratégicas impiden que EE.UU. se centre principalmente en la seguridad de Europa". 

Y agregó: "EE.UU. está priorizando la disuasión de la guerra con China en el Pacífico".

Como ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad, las potencias victoriosas se han sobreexpandido más allá de sus capacidades lo que, con el paso del tiempo, justamente ha derivado en una disminución de su poder.

Y, como no podía ser de otra forma, EE.UU. no ha sido la excepción: tras el fin de la Guerra Fría, Washington gozó de un poderío nunca antes visto. Sin embargo, sus intervenciones en regiones poco estratégicas, como Irak y Afganistán, además del propio esfuerzo por mantener el orden liberal, lo llevaron a perder poder, mientras otros países, como China, se han visto beneficiados. 

Es así como Trump parece haber comprendido que su nación tiene un desafío sistémico (China) y la única forma de confrontarlo será reduciendo obligaciones en regiones que, más allá de la nostalgia o las similitudes culturales, ya no son una prioridad. 

Aparte de la intención de reducir los propios costos, Trump también parece haberse percatado de que, por naturaleza, Rusia y China deberían ser rivales y no aliados. 

En los últimos 20 años, como consecuencia de la política de la OTAN, Moscú se vio obligada a acercarse a Pekín, aunque la realidad es que China y Rusia, que comparten una frontera de miles de kilómetros (incluidos varios conflictos territoriales), son países que compiten por los mismos mercados y también por ser un hegemón regional en Asia.

Y si a esto le sumamos que la economía china comienza a tambalearse, principalmente como consecuencia de la crisis de natalidad que golpea al Gigante Asiático, este parece ser el momento oportuno para intentar alejar a Moscú de Pekín haciéndole algunas concesiones a Putin y compañía (incluso Trump aseguró que Rusia debería volver al G7). 

Este contexto trae a la memoria la estrategia implementada por Richard Nixon en la década de los 70, cuando, aprovechando el sisma sino-soviético, entabló relaciones formales con China para presionar a la Unión Soviética.

Pero la estrategia de Trump no termina ahí: este mismo jueves, el líder republicano recibió al primer ministro indio Narendra Modi. 

Cabe recordar que India mantiene importantes disputas territoriales con China. Por ello, intentando contener a Pekín, durante su primer mandato Trump mantuvo un fuerte vínculo con Nueva Delhi, incluso reflotando el diálogo de seguridad cuadrilateral (QUAD) junto a este país, Australia y Japón.

Donald Trump y Xi Jinping

Europa: sin el pan y sin la torta

Durante años, los países europeos aprovecharon las garantías de seguridad de EE.UU., dejando de invertir lo necesario en materia de seguridad y destinando esos recursos a políticas de seguridad social. 

Incluso los propios europeos casi no tienen argumentos para rechazar las exigencias de Trump de que gasten el 2% de su PIB a defensa. 

Pero Trump, visiblemente molesto por cómo los líderes europeos han defendido a Joe Biden, ahora va por mucho más: su intención es exigir que los miembros de la OTAN destinen el 5% de su PIB a defensa.

Y aquí es donde comienzan los problemas ya que, aunque se comprometió con el papel de EE.UU. en la OTAN, Hegseth les advirtió a los europeos: "No se equivoquen, el presidente Trump no permitirá que nadie convierta al Tío Sam en el 'Tío Sucker' (tonto)".

Lo cierto es que ni la mayoría de los países europeos ni Canadá pueden aumentar drásticamente los presupuestos de defensa a corto plazo o, al menos, no sin redirigir "una pequeña fracción" del gasto en pensiones, salud y seguridad social.

Intentando convencer a los líderes europeos, los especialistas afirman que una guerra costaría mucho más y afectaría el estilo de vida de Europa más drásticamente que la reducción del gasto social.

Para tomar dimensión de problema, por ejemplo, Francia, país que actualmente destina un poco más del 2% de su PIB a la defensa, necesitaría invertir 30.000 millones de euros extra para llegar al 3%. Y eso no parece muy viable en un momento en el que el déficit público del país es del 6,6%, más del doble del estándar de la UE.

Así, en cuestión de semanas, aunque es difícil que EE.UU. abandone la OTAN, especialmente porque es su principal puerta de entrada a Europa, el Viejo Continente parece haberse quedado sin la defensa de Washington, sin su propia autonomía militar y sin su valiosa seguridad social. 

Y quien celebra esto es la propia Rusia a través de su expresidente Medvedev: "La gélida solterona Europa está loca de celos y rabia. El tiempo de Europa ha terminado". Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar