Análisis

Ecuador y unas elecciones que difícilmente resuelvan algo

Este domingo, 13,7 millones de ecuatorianos acudirán a las urnas para elegir a su nuevo presidente.

Ecuador y unas elecciones que difícilmente resuelvan algo

Este domingo, los ecuatorianos acudirán a las urnas en una elección que no promete una solución clara a la crisis del país. 

Más que una disputa ideológica, la contienda electoral se reduce a la elección entre dos estilos de corrupción y distintos grados de censura. Pan con queso o queso con pan.

Daniel Noboa, el actual presidente y heredero de un imperio bananero, busca la reelección tras un breve mandato de menos de 18 meses. 



Su inesperada victoria lo llevó desde el anonimato a completar el período de Guillermo Lasso, quien llamó a elecciones anticipadas tras disolver la Asamblea. 

Su oponente, Luisa González, representa el correísmo y sigue la línea del expresidente Rafael Correa, actualmente prófugo de la Justicia ecuatoriana. González fue seleccionada por Correa debido a su lealtad, aunque su falta de carisma es notable.

En Ecuador, la corrupción no es una anomalía, sino un fenómeno estructural. Durante décadas, el Estado jugó un papel secundario en la economía hasta el auge petrolero de los años '70, que transformó el aparato estatal en un botín político y económico. 



Este fenómeno, conocido como la "Paradoja de la Abundancia", hizo de la corrupción una práctica habitual. Al igual que en el Congo con los diamantes o Venezuela con el petróleo, Quito ha operado bajo un sistema de saqueo institucionalizado desde entonces.

Tanto el Gobierno de Correa como el de Noboa han demostrado una preocupante capacidad para confundir los intereses privados con los públicos. 

Noboa ha beneficiado a sus empresas con exoneraciones fiscales, expulsado a periodistas críticos y utilizado su influencia para desarrollar proyectos inmobiliarios en zonas protegidas. 



Además, ha violado la Convención de Viena al autorizar el ingreso de fuerzas armadas a la embajada de México. 

Por su parte, Correa persiguió a periodistas, acumuló incontables casos de corrupción en obras públicas, intervino en la justicia y concentró el poder. Su gestión también estuvo marcada por la explotación del Parque Yasuní ITT y una fuerte alianza con la dictadura venezolana.

noboa lasso
Noboa y el expresidente Guillermo Lasso



La seguridad, un problema central 

El factor central de estas elecciones no son los candidatos, sino la violencia que ha azotado al país en los últimos años. 

En enero de 2025, Ecuador registró más de 750 asesinatos en un solo mes. En 2018, la tasa de homicidios era de 5,8 por cada 100.000 habitantes; para 2023 se disparó a 46,2. 

Un punto de inflexión se produjo en diciembre, cuando cuatro niños de un barrio marginal de Guayaquil fueron secuestrados, torturados, ejecutados y quemados por 15 militares en la base de Taura, marcando uno de los episodios más oscuros de la historia reciente del país.



Un estudio del PhD A. Tomasi, de la Universidad de Chicago, reveló que durante el Gobierno de Rafael Correa (2007-2017) se camuflaron 7.379 muertes violentas para proyectar una imagen de estabilidad. 

Esto evidenció la facilidad con la que el correísmo manipulaba datos oficiales y mantenía acuerdos tácitos con organizaciones criminales, consolidando una frágil pero funcional "pax narco".

El deterioro de la seguridad se aceleró bajo el mandato de Lasso, quien rompió con la "pax narco", el acuerdo implícito entre el Estado y las bandas criminales que había caracterizado la era correísta. 



En un intento por diferenciarse de su predecesor, Lasso implementó una estrategia de guerra antidroga con apoyo de Estados Unidos, lo que resultó en incautaciones récord de cocaína. 

Sin embargo, esta medida desestabilizó las rutas de tráfico, desatando una feroz disputa entre grupos criminales por el control de los territorios liberados y provocando una guerra interna.

A la crisis de seguridad se suma una crisis energética que llevó al Gobierno a imponer apagones de hasta 14 horas diarias en 2024. 



La estabilidad política también se ha visto comprometida: Noboa, en un movimiento polémico, bloqueó a su vicepresidenta Verónica Abad de asumir la presidencia mientras él se encontraba en campaña, nombrando en su lugar a Cynthia Gellibert como "presidenta interina", una decisión declarada inconstitucional pero que en la práctica sigue vigente.

En otro movimiento estratégico, Noboa organizó un almuerzo el 29 de enero con el político opositor venezolano Edmundo González, a quien el Gobierno ecuatoriano reconoce como presidente electo de Venezuela. 

El presidente también invitó a cuatro prefectos y dos alcaldes del opositor Movimiento Revolución Ciudadana, pero ninguno aceptó. Esto le permitió criticar su postura ante regímenes autoritarios y la crisis venezolana.



La administración Donald Trump ya ha indicado que combatir los carteles de droga será una prioridad en su diplomacia con América Latina, lo que podría allanar el camino para una colaboración más estrecha con Ecuador. 

Ambos países comparten un interés en frenar el tráfico ilícito y abordar la crisis de violencia y migración en la región. 

Sin embargo, esta elección podría definir los aliados de Ecuador en este esfuerzo. Mientras González ha insinuado una alineación con los BRICS (Brasil, Rusia, China, India, Sudáfrica y nuevos miembros), Noboa ha buscado fortalecer lazos con Estados Unidos y el FMI.



Paradójicamente, a pesar de que Noboa y González representan espectros políticos opuestos, sus acciones revelan una preocupante convergencia en tendencias autoritarias y corrupción sistémica.

Esta coincidencia evoca la teoría de la "herradura de caballo", que sugiere que los extremos políticos, lejos de ser opuestos irreconciliables, tienden a parecerse en sus métodos de gobierno. 

Ambos candidatos, a su manera, han demostrado una disposición a subordinar la democracia a sus intereses y consolidar el poder con tácticas que recuerdan más a regímenes autoritarios que a democracias liberales.



Si ningún candidato obtiene más del 50% de los votos o al menos el 40% con una ventaja de 10 puntos, se celebrará una segunda vuelta el 13 de abril. 

Sin embargo, independientemente del resultado, Ecuador parece condenado a un futuro de corrupción sistemática, autoritarismo persistente y un deterioro progresivo de las instituciones democráticas, o al menos eso sugiere la experiencia de gobierno de ambas opciones actuales.



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