Internacional

Donald Trump y cómo su guerra comercial afecta a América Latina

Las tácticas agresivas de Trump pueden generarle "victorias" políticas de corto plazo. Pero a mediano y largo plazo todos pierden. Eso incluye a América Latina, por varios motivos.

Donald Trump
Donald Trump

Tal como prometió durante su campaña, el presidente Donald Trump está llevando a Estados Unidos a una guerra comercial a gran escala

A inicios de febrero anunció aranceles del 25% para México y Canadá, cuya aplicación fue primero retrasada y luego pospuesta hasta inicios de abril, con modificaciones en el interín. A fines de febrero anunció que aplicaría esa misma alícuota a la Unión Europea. A inicios de marzo impuso un aumento del 10% de los aranceles a China, que se suma al 10% que ya había aplicado el mes previo. 

Trump también impuso gravámenes específicos en una variedad de importaciones agrícolas, mineras y metalíferas, entre otras. Finalmente, el 2 de abril presentará un plan de "aranceles recíprocos" con todos los países del mundo, al tiempo que entrará en vigencia una tasa del 25% a todo automóvil importado. 



El objetivo de Trump es más bien de política exterior, no de prosperidad económica. Los aranceles (o la amenaza de su aplicación) son una estrategia de negociación para lograr concesiones en temas que exceden lo estrictamente comercial, un fenómeno conocido como "securitización" de la agenda de comercio. Por ejemplo, los aranceles a México, Canadá y China fueron impuestos como represalia por la poca colaboración en la lucha contra las drogas y la inmigración ilegal. Esta semana se anunciaron aranceles del 25% a cualquier país que compre petróleo venezolano.

La visión subyacente a estas decisiones es muy clara: el orden global de postguerra, basado en el libre comercio y la seguridad colectiva, es perjudicial para Estados Unidos. El país, argumenta Trump, "paga" por bienes públicos que otros aprovechan, sin ninguna compensación o contraprestación.

Las respuestas a la guerra comercial de Trump no se han hecho esperar. Las autoridades chinas, por ejemplo, han denunciado que la imposición de aranceles es una excusa para presionarlos, y que su país "luchará hasta el final". En las últimas semanas han respondido con aranceles y controles a las exportaciones que afectan a Estados Unidos.  



Las tácticas agresivas de Trump pueden generarle "victorias" políticas de corto plazo. Pero a mediano y largo plazo todos pierden. Eso incluye a América Latina, por varios motivos. 

  1. La suba de aranceles genera tensiones inflacionarias, que en general se contienen manteniendo tasas de interés relativamente altas. Ello fortalece al dólar, y un dólar fuerte es mala noticia para los países emergentes. 
  2. Por otro lado, los países más afectados por la imposición de aranceles pueden verse forzados a devaluar sus monedas. Eso disminuiría su poder de compra, presionando a la baja el precio de ciertos commodities
  3. En tercer lugar, de prosperar la idea de aranceles recíprocos, los países de América Latina que no tienen tratado de libre comercio con Estados Unidos se verán claramente perjudicados. Sería catastrófico para Argentina, que tiene un arancel externo de más del 13% en promedio, considerablemente por encima del arancel promedio americano. Cabe recordar que el gobierno argentino, plenamente identificado con la Administración Trump, ha buscado sin éxito un acuerdo de libre comercio y no ha logrado ser exceptuado de los nuevos aranceles al acero.

Más allá de sus efectos en el comercio, las acciones de Trump dejan el terreno libre para que China y otros competidores aumenten su influencia a nivel global. Mostrando un agudo sentido de la oportunidad, este último viernes Xi Jinping reunió a varios CEOs globales, en un esfuerzo por mostrarse como garante de una arquitectura de comercio global que Estados Unidos busca derrumbar.

Paradójicamente, la agresividad de Trump puede dañar los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región. China ya es un actor establecido en América Latina. Es un inversor importante, y el primer o segundo socio comercial de muchos de sus países. Trump no liberará a la región de la influencia de China con las armas de la guerra comercial. Por el contrario, deberá ofrecer alternativas viables que permitan a dichos países avanzar en el imperativo categórico del desarrollo. 



El éxito de su estrategia hacia la región dependerá de su capacidad para procesar las necesidades de sus socios y vecinos. Al mostrarse como un actor poco confiable, dispuesto a castigar a aliados tradicionales como México, Europa o Canadá, Trump señaliza que es un pésimo momento para estar alineado con su gobierno. 

La política del garrote, aun si termina siendo sólo una estrategia de negociación, no hará más que alejar a Estados Unidos de América Latina. 

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