Aranceles y restricciones al comercio: ¿un mundo fragmentado se avecina?
A raíz de los aumentos arancelarios y el impacto que han tenido en el mercado mundial, las principales economías del mundo se muestran expectantes a la política comercial de Estados Unidos. El temor, la incertidumbre y la desconfianza empiezan a resonar cada vez más en el comercio global, requiriendo que los líderes políticos tomen decisiones al respecto.
En medio de tensiones entre grandes poderes, guerras comerciales y fragmentaciones políticas, el mundo vive una crisis que está lejos de encontrar un final.
Para comenzar, existen demasiados prejuicios sobre la suba arancelaria en Estados Unidos y es necesario enfatizar en su verdadero propósito. Las medidas proteccionistas y la política comercial son el método empleado por Donald Trump para fortalecer el poder de la superpotencia norteamericana, es decir, son medidas de seguridad nacional y no medidas económicas per se.
La política diplomática, la política de "policía del mundo" y la política multilateral han fracasado rotundamente, permitiendo que se quebrara la unipolaridad dando paso a una bipolaridad nuevamente.
Es importante aclarar que Trump no está intentando traer de vuelta el "momento unipolar" sino recuperar el poder y la influencia que Estados Unidos ha perdido en las últimas décadas. El principal objetivo, desde el punto de vista económico, es mejorar la situación del balance comercial. El alto déficit, sumado a un deterioro de la relación de intercambio de Estados Unidos con el resto del mundo como consecuencia de una disminución de los precios de exportación, ocasiona pérdidas millonarias al gigante norteamericano.
A primera vista, se puede pensar que las medidas proteccionistas podrían aislar a Estados Unidos del comercio mundial y que ello le genere un perjuicio al no poder conseguir bienes que no produce internamente a un menor precio, generando una pérdida de bienestar y eficiencia.
Otro de los riesgos es que los precios mundiales sufran una caída estrepitosa por el efecto que causan los aranceles en un país grande que se cierra al comercio, mientras que los precios internos aumentan, perjudicando a los consumidores.
Sin embargo, Estados Unidos parece estar lejos de esta realidad pues su industria cuenta con tecnología de vanguardia y mano de obra calificada, que le permiten sostener su producción en masa.
A ello, se le puede sumar la autonomía hidrocarburífera por sus yacimientos no convencionales, reduciendo su dependencia del petróleo de Medio Oriente. Todo indica que Estados Unidos no tiene perjuicios al cerrarse al comercio y que es cada vez más autárquico.
El proteccionismo se fortalece cada vez más en Estados Unidos, pero como en toda regla, siempre hay excepciones ¿Qué ocurre con el posible acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y Argentina, por ejemplo?
Es importante analizar un caso contrario al proteccionismo vigente, en particular entre dos países con abismales diferencias productivas pero con simpatías políticas resonantes. Un camino podría ser que Estados Unidos reduzca aranceles para concluir un acuerdo que abarque mayores productos, a cambio de que la Argentina libere grandes restricciones al comercio.
Pero el obstáculo mayor se centra en el proteccionismo agrícola que dificulta la liberalización. La Argentina debe analizar qué opción le conviene más: seguir por la vía de las negociaciones para un futuro acuerdo de libre comercio, o bien, sacar provecho del desvío comercial a raíz de la suba arancelaria, aumentando la participación argentina en el comercio mundial.
Cabe preguntarse acerca de la reacción de China en medio de este panorama. Hace pocos días, el gobierno chino acusó a Estados Unidos de intercambiar exenciones arancelarias por restricciones a sus exportaciones, limitando la capacidad exportadora del gigante asiático hacia el resto del mundo.
El ministerio de Comercio advirtió que tomará represalias contra cualquier país que firme acuerdos comerciales con Estados Unidos que perjudiquen sus intereses. Además, China tiene un limitado acceso al mercado estadounidense al disminuir sus exportaciones en tecnologías avanzadas y otras manufacturas.
Por otro lado, las empresas radicadas en territorio chino ahora prefieren mudarse hacia otros países vecinos con el fin de evitar los altos aranceles, provocando la pérdida de inversión y actividad.
Sin embargo, no todo está perdido. La potencia oriental puede usar esta situación a su favor, aprovechando una ventana de oportunidad: fortalecer su hegemonía regional, el principal objetivo en Asia.
La mayor cooperación con sus aliados a través del uso del yuan, puede impulsar la moneda a tal punto de debilitar el dólar estadounidense en la región.
Además, el hecho de que los aliados de Estados Unidos se encuentran perjudicados por las subas arancelarias es también un factor no menor a tener en cuenta. La manera en que China se vincule con los aliados "heridos" del gigante norteamericano es una nueva forma de redefinir las influencias y lazos entre los estados.
En resumen, China busca preservar el orden vigente donde obtiene un superávit comercial, permitiendo fortalecer su capacidad exportadora y mantener a su principal rival con un déficit superlativo.
Trump, por su parte, quiere lo contrario: un bilateralismo transaccional que impone aranceles a aquellos países interesados en comerciar con Estados Unidos, basado en la idea de "America First".
Entonces, pueden haber dos caminos: uno con recesión económica global y crisis financiera, u otro más esperanzador, que nivele los subsidios chinos por los aumentos arancelarios, permitiendo que el dólar se deprecie y así también la tasa de interés (este último es un gran objetivo de Trump), permitiendo reducir el déficit estadounidense.
Habiendo transcurrido unas semanas desde el anuncio de aumentos arancelarios, el mundo está redefiniendo sus modos de vinculación en aspectos económicos y comerciales pero no existe un panorama claro aún. Los grandes poderes se encuentran en una constante revisión de sus estrategias para sacar la mayor ventaja posible en medio de tanta incertidumbre. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar