Durante años, los influencers dominaron el ecosistema digital vendiendo una promesa: la vida perfecta está al alcance de un swipe up. Aviones privados, cenas en restaurantes imposibles, outfits que valen sueldos completos y rutinas de belleza que parecen diseñadas por laboratorios suizos. Pero algo está cambiando. Así lo asegura un nuevo artículo de Axios.
Hoy, en medio de una creciente incertidumbre económica, ese sueño de lujo se volvió irritante. En TikTok e Instagram, cada vez más usuarios alzan la voz para decir lo que antes callaban: ¿cómo puede alguien gastar US$ 2.000 por semana en caviar mientras millones apenas llegan a fin de mes?
"Gracias por enseñarnos, plebeyos", escribió con sarcasmo un usuario a una influencer neoyorquina que se jactó de su presupuesto semanal de caviar. En otro video viral, Adelaine Morin —con más de un millón de seguidores— compartió una cena de US$ 1.000 en Nobu durante Coachella. El comentario con más likes fue brutal: "¿Yo? Apenas puedo pagar el alquiler",
El algoritmo está premiando algo más cercano, más útil, más humano.
El fin de la inmunidad
Durante la pandemia, los influencers crecieron sin control. Encerrados en casa, los usuarios buscaban conexión y escapismo. Y ellos lo ofrecían: una vida más divertida, más linda, más vivible. Pero esa inmunidad parece haberse agotado.
Según Goldman Sachs, la economía global de creadores ya supera los US$ 250.000 millones y abarca a más de 50 millones de personas. Sin embargo, el 90% gana menos de US$ 50.000 anuales. Solo una pequeña élite —los de millones de seguidores— accede a cifras obscenas por un solo post.
Y ahora, hasta ellos están en problemas. "Si no logran conectar con su audiencia, la van a perder", advierte Dave Yovanno, CEO de Impact, una firma que conecta marcas con creadores. "Por eso muchos están virando a contenidos más útiles, más reales: dónde conseguir descuentos, cómo ahorrar, consejos para limpiar o cuidar hijos."
Los que ya venían hablando de finanzas personales o ahorro están viendo una explosión de visitas y likes.
Vuelve lo cotidiano
Lo paradójico es que muchos de los influencers más exitosos nacieron en la cuarentena, cuando todo era más gris. Sin viajes, sin eventos, sin lujos. Solo la cámara del celular y un poco de empatía.
"En 2020, el contenido era más mundano. La gente mostraba su vida real. Y eso conectaba con el aislamiento que todos vivíamos", explica Jaz Melody, consultora y creadora de contenido. "Creo que eso está volviendo. La gente necesita algo que no sea lujo."
El dato clave
A pesar de la tormenta, el marketing de influencers sigue funcionando. La razón es simple: los consumidores confían más en las personas que en las marcas. Pero ahora, esas personas tendrán que recalibrar qué muestran, cómo lo muestran, y sobre todo, para quién.
La conclusión: el lujo digital ya no garpa como antes. El algoritmo está premiando algo más cercano, más útil, más humano. Quizás, por fin, la era de la autenticidad llegó para quedarse.