Santiago Solanet: "Para sostener el rally, el Gobierno debe dar novedades de las reformas laboral y tributaria"
Arrancó otra etapa para el Gobierno de Javier Milei. A su compromiso con el superávit fiscal y la normalización económica en general, se ratificó otro elemento central: el apoyo electoral. No es un tema menor. Que un proyecto como el de Milei tenga validación social es un game-changer para Argentina.
Casi dos años después de haber llegado al poder, y luego del titubeo bonaerense del 7 de septiembre pasado, Milei aun retiene niveles de apoyo importantes y su Gobierno podría tener varios capítulos por delante más.
El Economista convocó a Santiago Solanet, Partner en BlackTORO Global Wealth Management, para conversar sobre esta nueva etapa y la participación que pueden llegar a tener los inversores extranjeros.
Solanet estudió Administración de Empresas (UCA) y tiene un Master en Finanzas (UCEMA). Pasó por Banco Comafi, Porfolio Personal Inversiones (PPI) y, desde 2021, está en BlackTORO. Días atrás, Solanet se sumó como accionista y socio a la firma, junto con sus colegas Yael Malik y Agustín Pozzoli. "Me sumé a este proyecto en 2021, en sus inicios, con la idea de convertirnos en una firma estadounidense líder en la industria financiera, enfocada en el mercado latinoamericano. Me llena de orgullo ver lo que hemos logrado y el camino recorrido", celebra Solanet.
A continuación, el diálogo completo con El Economista.
Las generalizaciones a veces son inexactas, pero también ayudan a acercarnos a los promedios. En ese sentido, ¿cuál creés que es la lectura que hicieron los mercados del resultado de las elecciones del domingo?
-Para entender la reacción del lunes en los mercados hay que analizar la magnitud del movimiento y sus motivos. Las expectativas previas a las elecciones eran muy bajas respecto al desempeño de LLA, el partido que el mercado considera más favorable. Del otro lado, Fuerza Patria representaba una alternativa que el mercado no solo veía con malos ojos, sino que directamente le generaba pánico. Todavía duelen las cicatrices de las PASO 2019, y eso se reflejó en los meses previos a las elecciones —especialmente después de las elecciones en PBA—, con un mercado que tomó mucha cobertura para protegerse de una suba del tipo de cambio, desarmando posiciones en acciones y bonos soberanos, entre otras estrategias. El mercado llegó al domingo 26 muy pesimista. No sé si preparado para lo peor, pero casi.
Y el resultado fue mejor de lo que incluso los más optimistas esperaban. Por eso, el lunes vimos un fuerte ajuste (en el buen sentido) de expectativas: un mercado que comenzó a rearmar posiciones en un contexto completamente distinto, con un Gobierno que logró un respaldo contundente en todo el país y mayor fuerza en ambas cámaras para avanzar con las reformas que el país necesita con urgencia. Se habla mucho del "riesgo K", y en gran medida es cierto: ese riesgo se redujo significativamente, al menos por un año y medio, hasta que volvamos a pensar en las elecciones presidenciales. Mientras tanto, el Gobierno contará con mayor apoyo -tanto social como político- para avanzar con las reformas laboral y tributaria, seguir desregulando la economía y acelerar la normalización macroeconómica. El camino quedó mucho más allanado.
Un resultado electoral positivo para LLA era un requisito imprescindible para pensar en una mejora en las valuaciones de bonos y acciones. Eso ya se logró. Sin embargo, harán falta otras cosas para sostener el rally. ¿Cuáles creés que serán esas condiciones y objetivos que los inversores y los mercados van a ir demandando al Gobierno en los próximos meses?
-El mercado llegó tan pesimista que no estoy seguro de que un buen resultado fuera imprescindible. Creo que lo que el mercado "firmaba" era evitar otra catástrofe electoral y que el Gobierno consiguiera ese tercio bloqueador entre propios y aliados. Todo lo que estuviera por encima de eso era positivo. Como dijimos, el resultado superó todas las expectativas. Eso ya se reflejó en los precios y ahora el mercado mira hacia adelante.
Para sostener el rally, es fundamental que el Gobierno empiece a dar novedades concretas sobre las reformas laboral y tributaria. Ya se habla de convocar a sesiones extraordinarias en diciembre para tratar el presupuesto y quizás incluir alguna de esas reformas, lo cual sería una excelente señal. También sería muy positivo que el Gobierno mantenga la vocación de diálogo y acuerdos que viene mostrando desde el domingo, garantizando así una mayor gobernabilidad.
Otro punto clave es despejar dudas sobre el esquema cambiario y recuperar la confianza en el programa. Para eso, es necesario que el dólar converja hacia el punto medio de las bandas. El resultado electoral ayuda mucho a recuperar la demanda de pesos, lo que contribuye a reducir la volatilidad cambiaria, bajar tasas y mejorar la actividad. Esa misma recuperación de la actividad refuerza la demanda de pesos —por mayor necesidad de capital de trabajo—, generando un círculo virtuoso impulsado por la mayor confianza.
Esta dinámica incluso podría permitir al BCRA recomprar reservas. Ya se ven señales de que la contracción monetaria está llegando a su fin, con la última licitación exitosa convalidando tasas más bajas y dejando liquidez en el mercado. Y no olvidemos que hoy Argentina tiene superávit fiscal y externo, lo cual aporta fundamentos sólidos para sostener el tipo de cambio. Por último, avanzar en acuerdos con Estados Unidos y organismos internacionales será muy positivo —y hasta necesario— para acelerar el regreso a los mercados internacionales, clave para reforzar las reservas y refinanciar la deuda que vence desde 2026 en adelante.
Durante 2024 y parte de 2025 (hasta que la incertidumbre paró todo) no habían ingresado todavía los grandes fondos del exterior. Había cierto apetito, algunos más tolerantes al riesgo habían puesto algo de dinero, pero no fue un aluvión, en parte por el track record del país, por el riesgo de que se repita el efecto "PASO 2019" y algunas cuestiones que aún no cerraban del plan de Milei. Vos hablas constantemente con inversores extranjeros. ¿Creés que eso puede empezar a cambiar? ¿Podemos ver entrada de fondos grandes y más serios en el corto plazo?
-Como dice el refrán, "el que se quemó con leche, ve una vaca y llora". En Argentina ocurrió exactamente eso tras la crisis de 2018, las PASO 2019 y todo lo que siguió. Muchos fondos extranjeros quedaron muy dañados y la pérdida de confianza fue profunda. La confianza tarda mucho en construirse y puede destruirse en un instante. Hoy los fondos del exterior quieren ver resultados antes de invertir y asegurarse de no repetir errores del pasado.
Uno puede argumentar que se está haciendo un buen trabajo desde lo económico —con superávit fiscal y externo, saneamiento del balance del BCRA, entre otros—, y coincido. Pero para que los fondos extranjeros vuelvan, necesitamos que las variables locales se parezcan más a las de un mercado emergente y no a las de frontera. Con tasas en pesos cercanas al 40% anual y alta volatilidad cambiaria, todavía es difícil que vengan fondos a hacer carry trade. Esa jugada hoy la están haciendo los inversores locales. A medida que esas variables se normalicen y converjamos con otros emergentes, los fondos se irán animando. En ese sentido, el BCRA dio un paso en abril al permitir el acceso al mercado libre de cambios a inversores extranjeros, aunque el requisito de permanencia mínima de seis meses sigue siendo una limitante.
Respecto a los bonos en dólares, el ingreso de fondos se dará con la vuelta a los mercados internacionales. Hoy el riesgo país ronda los 685 pb, frente a un promedio regional de 327 pb. Cuando nos acerquemos a los 500/400 pb, empezaremos a ver el apetito real de los mercados. La operación de "Deuda por Educación", de concretarse, podría acelerar ese proceso.
En cuanto al equity, hay un interés creciente. Nosotros estamos recibiendo más consultas y pedidos de portfolios, aunque todavía no son tamaños relevantes. También vemos interés en inversiones privadas, M&A y proyectos específicos. Hay grupos empresarios atentos a las oportunidades, esperando que se definan las reformas laboral y tributaria para entender mejor las nuevas reglas de juego.
¿Cómo te imaginás que va a evolucionar la relación con Estados Unidos? Porque a medida que el Gobierno estabiliza el mercado cambiario y se acerca al 'market access', el apoyo norteamericano parece menos necesario. ¿Pensás que EE.UU. va a seguir presente como una suerte de "rueda de auxilio" o prestamista de última instancia potencial, o que pueden activarse nuevas líneas de acción más estratégicas, además del swap, tipo más IED o fondeo vía organismos?
-La relación con Estados Unidos debe pensarse en términos estratégicos para la región. Tras años de concentrarse en Medio Oriente, EE.UU. prácticamente olvidó Latinoamérica y se encontró con varios países en crisis, dictaduras, gobiernos de izquierda, creciente influencia china, narcotráfico y violencia. Y dado que América Latina es su vecindad, inevitablemente le afecta.
Trump vio en Milei y en Argentina una oportunidad para proyectar su modelo en la región y contribuir a su estabilización. Además, existe un interés genuino de corporaciones estadounidenses por invertir en el país, pero necesitan ciertas garantías gubernamentales para hacerlo.
Por eso, el apoyo de EE.UU. debe entenderse bajo esa óptica: primero como una apuesta estratégica regional. A medida que el Gobierno argentino siga progresando, esa relación se transformará en algo más recíproco y comercial, más de negocios que de asistencia. Creo que veremos acuerdos más estratégicos, tratados comerciales importantes y otras iniciativas que beneficien a ambos países.
-A nivel de acciones argentinas, ¿dónde ves hoy más upside o potencial de suba?
A nivel general, veo más potencial en los bancos y en las energéticas.
Las energéticas fueron las grandes ganadoras en la recuperación del equity argentino en los últimos dos o tres años. Primero por las expectativas de cambio de Gobierno —que finalmente se concretó—, luego por la mejora económica y, además, por el fuerte crecimiento de la producción de hidrocarburos en Vaca Muerta. La oportunidad sigue ahí, con jugadores como Vista e YPF como principales exposiciones al yacimiento. También TGS, como transportadora de gas, tendrá un rol clave y representa una buena oportunidad. Las distribuidoras, aunque con mayor beta y riesgo, tienen valuaciones atractivas y podrían ofrecer un upside considerable si el Gobierno mantiene la política tarifaria y define un plan de largo plazo que brinde previsibilidad. No obstante, su desempeño a más largo plazo —pensando en 2027— dependerá en gran medida de las probabilidades de reelección de Milei.
En cuanto al sector bancario, fue castigado por su alta exposición a deuda pública, lo que frenó su recuperación frente a las energéticas. Pero esa situación se fue corrigiendo: hoy los balances están más sanos y con menor riesgo. Aun así, el último año fue difícil, con márgenes decrecientes y costos crecientes, mientras el crédito privado se mantuvo bajo —aunque empieza a mostrar signos de recuperación con el regreso de los créditos hipotecarios y otros segmentos—.
Si miramos su performance, es uno de los sectores con más margen para recuperar niveles previos (como los vistos en diciembre 2024 / enero 2025). En un contexto de mayor estabilidad macro, con Argentina volviendo a los mercados internacionales y tasas en pesos más bajas, el crédito privado debería repuntar. Si se da un cambio estructural, hay una oportunidad real para los bancos: el renacimiento del crédito hipotecario, personal, de inversión y capital de trabajo.
La penetración del crédito en Argentina es de las más bajas de Latinoamérica. Si se acerca al promedio regional, el potencial de crecimiento es enorme. Banco Galicia y Banco Macro son, a mi entender, los mejor posicionados para aprovechar ese escenario, con la mayor penetración de clientes en todo el país.
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