Las últimas semanas fueron un verdadero dolor de cabeza para el Gobierno.
Algunos datos que aparecen en el último informe de Econviews, la consultora que capitanea Miguel Kiguel:
- El Merval viene por el tobogán acumulando una caída de más del 20% en dólares en lo que va del año.
- El riesgo país pegó un salto de más de 200 puntos hasta 780.
- La brecha, que hasta hace unos meses se desplomaba como un piano, ahora necesita intervención oficial para no superar el 15%.
"La buena noticia es que, a pesar del deterioro en las variables financieras —todavía no alarmante—, la economía sigue en modo recuperación y la inflación sigue bajando, más allá de cierta resistencia que podría mostrar en febrero y marzo", dice Kiguel.
Según la visión de Kiguel, primaron más los errores no forzados desde la política que algún desacierto económico o los vientos globales de frente producto de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
El Gobierno de Milei acumuló "una seguidilla de errores políticos no forzados importantes". Todo empezó con el discurso en el Foro de Davos, siguió con el ataque a otros economistas prestigiosos por hablar de atraso cambiario (como Domingo Cavallo), luego vinieron las guillotinas a funcionarios, el escándalo de $Libra y, como broche de oro, la polémica designación de Ariel Lijo a la Corte Suprema, con tratamiento express incluido.
Dólares no sobran
En lo estrictamente económico, también aparecen algunos límites. Los puentes que diseñó el Gobierno para acumular reservas, como la calendarización de importaciones, el blanqueo y el carry trade, tienen fecha de vencimiento. "Y la cuenta corriente se va deteriorando lentamente al ritmo de la apreciación cambiaria", agrega Kiguel.
En respuesta, la estrategia parece ser exprimir al máximo los stocks: flexibilizar la toma de préstamos en dólares y menos retenciones a las exportaciones en el primer semestre para incentivar la liquidación. "Las medidas hablan por sí solas: dólares no sobran", dice Kiguel.
Ahora el ciclo jugaría más a favor. La buena noticia es que la demanda estacional del turismo afloja y la cosecha gruesa se acerca, "pero entre pagos de deuda e intervención en la brecha, no esperemos milagros en el BCRA".
Otro tema que genera incertidumbre es el misterio sobre el esquema cambiario post cepo. Lo único seguro, según Milei y su equipo, es que la salida será en 2025. "El mercado todavía no se lo tomó demasiado en serio: por ahora sigue el crawling, y nadie está desesperado por cubrirse", dice Kiguel.
Pero si hacemos doble click allí y nos guiamos por la historia argentina, "es difícil que la unificación sea convergiendo al oficial".
En este nuevo contexto, el acuerdo con el FMI, que hasta hace parecía un comodín que el Gobierno no tenía apuro en usar, ahora se volvió un asunto más urgente. "Falta un montón para las elecciones y, en el medio, hay que evitar que el mercado entre en modo pánico", dice Kiguel. Ahora, tanto Milei como Luis Caputo se encargan de avisarle al mercado que el acuerdo está al caer. El sábado en el Congreso, Milei dijo que llegará "en los próximos días".
¿Qué puede aportar el FMI?
Básicamente tres cosas: plata fresca, un mapa para la salida del cepo y confianza.
"Tres ingredientes clave para calmar los nervios, bajar el riesgo país y hacer que la transición del plan de estabilización a la siguiente fase sea exitosa", dice Kiguel, quien no cree que el desembolso inicial supere los US$ 4.000 o US$ 5.000 millones aun cuando el programa total probablemente ronde los US$ 10.000 o US$ 12.000 millones. "Tampoco imaginamos que sea un programa de larga duración. Si el FMI incrementa su exposición a Argentina, va a querer cobrar antes", dice.
En cuanto a la salida del cepo, el programa seguro traerá novedades. "No creemos que el Fondo exija levantar los controles antes de las elecciones, pero sí que pida cambios en el dólar blend y menos intervención en la brecha", dice y augura que el mayor punto de conflicto será el esquema post cepo porque "el FMI no está para financiar atrasos cambiarios, ni tampoco le gusta la apreciación actual". La pregunta es qué tipo de flotación terminarán acordando.
Por el lado fiscal y de reformas, no debería haber mucho drama: el Gobierno viene cumpliendo en esos frentes.
Mientras tanto, los datos económicos deberían seguir siendo buenos y ayudar a calmar los ánimos. Pero cuanto más se estiren las definiciones sobre el acuerdo con el FMI y la siguiente fase del programa, más volatilidad habrá. Y en un año electoral, la paciencia del mercado es más corta.
"El Gobierno se fue ganando al entretiempo, pero queda la parte más difícil del partido", dice Kiguel, en clave futbolera.