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Alto estrés inversor ante 6 incógnitas sin respuesta

Todo es incertidumbre. Nadie sabe qué pasará después de las elecciones. Tampoco hay seguridad con el Covid. Y mucho menos se conoce cómo quedará la relación con el FMI.

Alto estrés inversor ante 6 incógnitas sin respuesta
Luis Varela Luis Varela 08-11-2021
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La conjunción de seis incógnitas imposibles de dilucidar está llevando al mercado argentino a una de las situaciones de estrés traumático más difíciles de su historia.

  1. El primer gran interrogante es saber qué pasará el domingo próximo en la elecciones legislativas, que puede determinar cambios en el quórum del Senado e incluso una modificación en la Presidencia de diputados.
  2. Luego está lo que ocurrirá el día 15 y sucesivos, con la reacción que tenga el Gobierno frente a ese resultado.
  3. Después por supuesto estará el impacto que tendrá la movida del Gobierno en la sociedad, los ahorristas, los inversores y las empresas.
  4. También será importante lo que suceda con lo que pasa en el mundo, ya que en una semana se inicia el tapering de la Fed y Brasil acaba de patear el tablero del Mercosur bajaron su arancel externo.
  5. En quinta instancia, como si todo eso fuera poco, está el Covid, con países sufriendo la cuarta ola, y con Argentina sufriendo más contagios, y con un nivel de muertes estacionado, ya que en el promedio de lo que va de noviembre tenemos casi tantos decesos como en días iguales de octubre.
  6. Y después, a más distancia (tres meses) pero también decisivo, está la necesitad d acuerdo con el FMI, ya que la acumulación de vencimiento y l escasez de reservas nos obliga a  cerrar algún tipo de cuerdo con el organismo.

Toda esa revulsión de situaciones está generando una oleada de movimientos en los inversores, que en general huyen de las monedas y buscan refugio donde sea, pero no en cualquier lugar, porque muchos de los que compraron valores con precios de pánico saben que pueden sufrir duras consecuencias cuando las condiciones generales se tranquilicen.

Así se está dando en el mundo un movimiento muy contradictorio, ya que en el exterior durante la semana pasado el grueso de los inversores abandonaron el dólar, mientras que a nivel interno, el billete verde es elegido como tabla de salvación, a pesar de tener históricamente un precio relativamente alto.

Dólar y suba de tasas

Este momento de gran distorsión cambiaria se da por un diagnóstico que nadie puede terminar de asegurar. En todas partes hay inflación, más alta o más baja, y el gran tema es que muchos piensan que seta inusitada suba de precios es transitoria, por problemas de oferta de productos a la salida de la pandemia, mientras que otros piensan que la inflación es estructural, y que debe ser enfrentada.

Así, al menos 20 países grandes del mundo ya decidieron subas en sus tasas de interés cortas, mientras que la Reserva Federal de EE.UU. viaja más lento: bajará el estímulo desde el lunes próximo, y lo seguirá achicando de manera escalonada hasta mayo, para recién en junio subir las tasas medio punto, ese es el plan, que puede ser modificado  (dependerá de la inflación y del empleo).

Y como muchos inversores están convencidos de que el movimiento del titular de la Fed Jerome Powell quedo corto, durante la primera semana de noviembre hubo una salida en bloque del mundo dólar: y con eso el billete verde bajó en la semana contra casi todas las monedas: subió 1,4% contra la libra (Gran Bretaña está con gruesos problemas) y se mantuvo quieto contra el yuan, pero bajó 0,1% contra el euro y retrocedió 0,3% en Chile, 0,4% contra el franco suizo, 0,5% contra el yen y achicó nada menos que 1,7% contra el real, después de la suba de tasas de interés y baja de aranceles externos que decidió Brasil.

Argentina, otra realidad 

A nivel interno, en cambio, el dólar directamente voló. Tuvo una suba acotada en los dólares controlados por el Gobierno, con uso de reservas y entrega de bonos, pero el canal grande de dólares libres (el contado con liquidación que se mueve sin límites de volumen contra los ADR, Cedears o criptomonedas) saltó hasta $215.

Mientras tanto, el valor de las cosas, mostró un resultado en el que la realidad pareció darle la razón a los que piensan que la inflación es temporal. Con un covid que sigue haciendo daño en el mundo, a pesar de las vacunas (no es tan mortal pero contagia igual y deja daños desconocidos en los enfermos). Hubo un freno en casi todas las materias primas, y las posiciones refugio ya no se movieron todas pum para arriba, hubo cotizaciones que encontraron una pausa.

Por ejemplo, en la primera semana de noviembre hubo un freno para los metales básicos (insumos de las industrias), también se debilitaron los precios de los granos y se anotó un inesperado descenso del petróleo con discusiones internas en la Opep+.

En detalle, en la primera semana del mes el cobre y el trigo Rosario bajaron 0,4%, el níquel achicó 1%, el maíz Rosario cedió 1,1%, el petróleo bajó 2,3%, la soja Rosario tuvo un descenso del 2,6%, la soja Chicago perdió 3,5% (hasta su peor cotización de este año) y, por problemas de Covid, inmobiliarios e industriales en China, el aluminio se hundió nada menos que 6,6%.

Ante la incertidumbre, los inversores jóvenes compraban criptomonedas sin parar, pero luego de tocar un máximo de US$ 67.500 el día en el que debutó su primer ETF, el bitcoin se tranquilizó, volvió a US$ 62.000, el mismo valor que mantiene desde hace seis meses, lo cual está significando una gran pérdida de oportunidad para los que acumulan estos valores que no ofrecen ninguna renta financiera.

Por supuesto, a futuro, los fanáticos cripto siguen pensando en cotizaciones mucho más altas que las actuales, dos, tres o cuatro veces más arriba. Pero en este momento de  gran confusión, la posición reserva elegida volvió a ser tradicional: los metales preciosos ganaron el round, con una suba semanal del 1,9% para el oro y del 1% para la onza de plata, mientras que el bitcoin y otras variantes de su panel tuvieron un descanso de 2,2% abajo.

Las bolsas resisten

Pero las que a pesar de todo no se rinden son las acciones. Con un gran salto en el Cono Sur, ya que la Bolsa de Buenos Aires fue una fiesta y la de Santiago de Chile también logró un gran repunte. En el balance de la primera semana del mes el índice Merval de la Bolsa de Buenos Aires saltó 11,2% en pesos y 10,4% en dólares, mientas que la Bolsa de Santiago de Chile trepó nada menos que 7,2% (el candidato conservador de derecha va trepando en las encuestas a dos semanas de las elecciones presidenciales).

Pero sin que el tapering les haga ni cosquillas, la Bolsa de Nueva York sigue batiendo récords, ya que el Nasdaq subió 3,1% en la semana, con el Dow Jones 1,4% arriba. Y también hubo fuertes mejoras semanales en Tokio 2,5%, Frankfurt 2,3%, San Pablo 1,3%, México 1,3% e incluso Madrid 0,8%.

Con el segundo mejor volumen diario desde las primarias, la Bolsa de Buenos Aires sigue trepando porque históricamente los papeles argentinos siguen baratos, no tanto como hace seis meses, y los especuladores creen que más temprano que tarde habrá una toma de ganancias importante en Wall Street (que de hecho ya comenzó, porque hay mucha rotación de papeles) y piensan que un Gobierno tan inestable como el argentino tendrá modificaciones pronto, o propias, o vía decisión popular.

Lo que sigue en el fondo del mar, sin levantar cabeza, son los bonos argentinos. En la primera semana de noviembre sufrieron una nueva caída del 3,2% su peor performance de los últimos tiempos. Eso no obedeció a venta de inversores, sino a que el Gobierno vende a dos manos para ver si frena la escapa del dolar. Martín Guzmán cree que es una suba por temor electoral, y que luego se aplacará. Dependerá de las decisiones que tome. Si sigue con más de lo mismo, la escalada persistirá.

La consecuencia de este plan aguantar del Gobierno es un fuerte drenaje de reservas, que obligó al BCRA a limitar a los bancos, con riesgo de afectar a alguna entidad con pocas espaldas. Cada vez se suelta más el cinturón de seguridad. Veremos qué pasa el domingo, y que gobernabilidad y decisiones se empiezan a tomar el lunes.

Por ahora el veredicto es muy claro: estamos más standalone que nunca, con un riesgo país volando a 1.733 puntos básicos casi nueva puntos por encima del riesgo de los países vecinos. Si después de la elección, sea cual sea el resultado, el Gobierno persiste en la idea de intervenir, sin favorecer la inversión privada, el desempleo persistirá y el nivel de pobreza continuará aumentando.

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