En un evento con fuerte presencia política y empresarial, el ex gobernador de Neuquén, Jorge Sapag, presentó su libro "Vaca Muerta, tesoro y faro para la Argentina" y dejó definiciones contundentes sobre el impacto del desarrollo energético no convencional en el país.
"Solo Vaca Muerta podría pagar la deuda externa en diez años", afirmó Sapag durante su exposición, al remarcar la escala del recurso y su peso en la macroeconomía argentina. En la misma línea, sostuvo que "sin Vaca Muerta no había destino para la República Argentina", en referencia al rol estructural del shale en la matriz energética.
La presentación se realizó en el Museo Fernández Blanco y reunió a empresarios, funcionarios nacionales y provinciales y referentes del sector energético. Entre los oradores invitados estuvieron el CEO de Pan American Energy, Marcos Bulgheroni, y el presidente de G&G Consultants, Daniel Gerold, quienes aportaron su visión sobre el proceso de desarrollo de Vaca Muerta y su proyección a futuro.
Vaca Muerta como "faro" energético
A lo largo de su exposición, Sapag destacó que Vaca Muerta se convirtió en un pilar central de la producción hidrocarburífera del país. "El 70% del petróleo y el 70% del gas que produce hoy la Argentina proviene de Vaca Muerta", subrayó, y planteó que sin ese desarrollo Neuquén tendría una producción marginal en comparación con los niveles actuales.
El exmandatario también vinculó el crecimiento del no convencional con el contexto internacional, atravesado por conflictos geopolíticos y tensiones energéticas: "La guerra en Medio Oriente pone en evidencia el valor de contar con recursos propios", afirmó.

El rol de YPF y el marco regulatorio
Uno de los ejes centrales de su discurso fue el papel de YPF en el desarrollo del shale. Sapag la definió como "una empresa de bandera fundamental", al señalar que explica cerca del 50% de la producción y de las inversiones del sector.
También recordó el proceso de construcción institucional que permitió el crecimiento del no convencional, con especial énfasis en la Ley 27.007. "Fue un conceder sin ceder", sostuvo, al destacar el acuerdo entre Nación y provincias que permitió establecer reglas de juego, estabilidad fiscal y compromisos de inversión de largo plazo.
En ese marco, remarcó que el esquema alcanzado habilitó concesiones de hasta 35 años y un volumen de inversiones superior a los US$ 210.000 millones.
Sapag repasó además los orígenes del proyecto, en un contexto de declino de los yacimientos convencionales y escasa atracción de inversiones. Recordó sus primeros viajes a Canadá y Estados Unidos, donde tomó contacto con la tecnología del fracking en una etapa aún incipiente.
"Nos miraban como si estuviéramos delirando cuando hablábamos de esto en 2007", señaló, al describir la dificultad inicial para instalar la agenda del no convencional en la Argentina.
Según planteó, el desarrollo fue posible a partir de una combinación de necesidad económica, decisiones políticas y articulación con el sector privado.
Un proceso colectivo
Durante el evento, el empresario Marcos Bulgheroni destacó el carácter "inspiracional" de Vaca Muerta y lo definió como uno de los principales casos de éxito estructural del país. En tanto, Daniel Gerold subrayó la importancia de la continuidad en el tiempo: "Esto es un desarrollo de décadas", afirmó.
Gerold también señaló que los próximos desafíos estarán ligados a la estabilidad macroeconómica y al acceso al financiamiento internacional, condiciones clave para sostener la expansión del sector.
Con más de 15 años de desarrollo, Vaca Muerta muestra resultados concretos en producción, exportaciones y saldo energético. En ese contexto, Sapag proyectó un escenario de fuerte expansión hacia 2030, con la posibilidad de alcanzar el millón de barriles diarios y duplicar la producción de gas.
"Solo Vaca Muerta podría pagar la deuda externa en diez años", reiteró como síntesis de su visión sobre el potencial del recurso.
Más allá del optimismo, tanto empresarios como analistas coincidieron en que el desafío ya no pasa por demostrar el potencial geológico, sino por consolidar condiciones macroeconómicas, regulatorias e infraestructurales que permitan sostener el crecimiento en el tiempo.
En ese marco, la presentación dejó una idea central: Vaca Muerta ya no es solo un proyecto energético, sino un activo estratégico que redefine el lugar de la Argentina en el mapa global de la energía.