El 15 de marzo de 1982, en Kyalami (Sudáfrica), Carlos Reutemann corrió su último Gran Premio. Siguiendo la huella de Juan Manuel Fangio, el piloto santafesino participó en la Fórmula 1 entre 1972 y 1982 con cuatro escuderías, convirtiéndose en uno de los más exitosos fuera de Europa: ganó 12 carreras, obtuvo 45 podios y perdió el campeonato de 1981 por apenas un punto. Desde entonces, Argentina ha esperado volver a ocupar una butaca en la categoría reina del automovilismo con un piloto nacional. Franco Colapinto es hoy la nueva esperanza.
La genética de Colapinto y la geología del cobre argentino comparten un potencial comparable. Colapinto ha demostrado ser un piloto veloz y consistente en todas las categorías donde compitió. Al mismo tiempo, una decena de yacimientos de cobre argentinos, explorados durante décadas, anticipan una participación relevante en la oferta mundial de este mineral estratégico para la transición energética. ¿Puede Argentina diseñar una minería del cobre que contribuya al desarrollo nacional? La Fórmula 1 ofrece al menos tres lecciones útiles.
Primera lección: para llegar a hacer podios, se necesitan equipos sólidos.
Las senior mining companies, al igual que las escuderías de F1, tienen músculo financiero y tecnológico para liderar el mercado global. Las doce principales empresas mineras concentran más del 50% de la producción mundial, lo que les permite firmar contratos de provisión de largo plazo y apalancar sus inversiones en obras, energía y equipos. La minería del cobre exige altos niveles de capital —propio o deuda—, que funcionan como barreras de entrada en la industria. Muchas de estas compañías se retiraron de Argentina en la última década por la inestabilidad macroeconómica, y algunas están regresando. El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) es un paso inicial, pero para correr en F1 se requiere de consensos políticos duraderos.
Segunda lección: sin infraestructura no hay circuito competitivo.
Las minas de cobre consumen grandes cantidades de energía y dependen de una logística eficiente. En Chile, la producción de 5,5 millones de toneladas anuales de cobre representa el 35% del consumo eléctrico y el 21% del diésel del país (Cochilco). La industria enfrenta el desafío de reducir ese consumo, apostando por energías limpias, eficiencia energética y electromovilidad. Argentina debe estar preparada para abastecer esa demanda a precios competitivos. En cuanto a la logística, el desafío es aún mayor: mientras los yacimientos chilenos están a 100-200 km del mar, los argentinos se ubican a 1.100-1.200 km de los principales puertos.
Tercera lección: hay muchas pistas compitiendo por un lugar en el calendario.
La competencia por inversiones es global, y Argentina —como país federal— debe mejorar su coordinación entre niveles de gobierno para lograr insertarse en la máxima categoría. Chile, por ejemplo, alberga operaciones de ocho de las doce grandes productoras de cobre. Colombia, por su parte, subastó en mayo pasado 17 bloques estratégicos para exploración y producción de cobre en tres departamentos como parte de su estrategia de transición energética. En 2024, se registraron en ese país casi 300 solicitudes para nuevos proyectos. La competencia internacional es intensa, y la negociación con inversores debe partir de esa realidad.
El cuarto desafío es convertir recursos naturales en desarrollo tecnológico.
Una oportunidad concreta para federalizar el desarrollo tecnológico de la transición energética sería transformar el Desafío ECO YPF en una especie de Fórmula E nacional, sustituyendo la provisión de kits estandarizados por competencias en el diseño de vehículos y baterías de alto rendimiento. Esta iniciativa podría aprovechar la red de más de 1.700 escuelas técnicas y 130 facultades de ingeniería del país, fomentando una articulación entre educación, sustentabilidad, deporte y desarrollo industrial.
Al igual que con Reutemann, cuyo retiro marcó una pausa en la presencia argentina en la F1, la minería del cobre en el país se detuvo el 31 de julio de 2018 con el cierre de Bajo de la Alumbrera. Mientras tanto, en Chile hoy operan 53 minas de cobre. Los podios pueden esperar, pero el desarrollo no.