Estamos en un momento crucial para el llamado "metal rojo". El precio del cobre acaba de alcanzar valores históricos. Se encuentra en torno a los US$ 11.850 la tonelada y se espera que alcance US$ 12.000 este año, presionado por la guerra de aranceles del presidente Donald Trump y la creciente preocupación sobre el suministro a nivel mundial.
Asimismo, es de esperar una creciente demanda industrial por parte de EE.UU., China y la UE que se encuentran en procesos de modernización de sus redes eléctricas y de transición energética hacia fuentes y consumos renovables.
Tomemos a Chile como ejemplo: durante 2024 alcanzó exportaciones cupríferas por un valor de US$ 50.858 millones impulsado por precios internacionales favorables y una mayor demanda principalmente de los mercados arriba mencionados. Para tener una magnitud de las exportaciones chilenas de cobre, nuestro país, durante 2024, exportó bienes en todo concepto por US$ 79.721 millones.
¿Y nosotros?
Es paradójico que Argentina y Chile compartan aproximadamente 5.300 km de cordillera, pero nuestro país no está -nunca mejor dicho- exportando ni un cobre. Sí, en efecto nuestras exportaciones de cobre durante 2024 fueron de cero dólares. Por más increíble que parezca: ¡Argentina no produce cobre desde que cerró Bajo de la Alumbrera en 2018!
Pero, ¿por qué el cobre no hizo pie en la Argentina? Aquí algunas respuestas:
- Los proyectos mineros llevan años de desarrollo con etapas de exploración de prefactibilidad y viabilidad muy costosas.
- Argentina -a diferencia de Chile y Bolivia- no es un país de tradición minera, puesto que siempre creímos que con la ganadería, los cereales y las oleaginosas alcanzaba para financiar el desarrollo. Así, descuidamos el sector y dejamos de lado de la agenda pública hacia la minería.
- Vinculado al punto anterior, la Argentina no sondeó su potencial mineral, somos un país poco explorado, lo que hace que esta tarea demore décadas.
- La "mala fama" de la minería. La minería a menudo se percibe negativamente debido a sus impactos ambientales y sociales, incluyendo la contaminación del agua y suelo, la destrucción de ecosistemas y la generación de conflictos con comunidades locales. Sin embargo, al menos entre la clase política, hoy por hoy existe consenso sobre la importancia de la minería como uno de los pilares para el desarrollo con los beneficios económicos y sociales que acarrea, como lo son la generación de empleo, renta y divisas, por ejemplo.
- La actividad minera cuenta con grandes barreras de entrada. Quizás la más importante sea la del "capital", que refiere a los obstáculos económicos, -como altos costos iniciales y de operación- que dificultan la entrada de empresas a un mercado. En el caso del cobre, un proyecto de clase mundial requiere de al menos US$ 4.000 - US$ 5.000 millones. Dado el riesgo financiero inherente al que está sujeto un proyecto de esta índole, hundir semejante monto de capital es algo difícil sino se dan las garantías económicas y jurídicas. Diferente quizás sea a modo de ejemplo la minería del litio, que requiere de inversiones de mucha menor envergadura, complejidad y capital: un proyecto de clase mundial requiere de entre US$ 500 y US$ 900 millones.
La posible solución: el RIGI
El Régimen de Incentivos de Grandes Inversiones (RIGI) es un instrumento normativo especial que busca atraer capitales productivos tanto de origen nacional como extranjero a partir de garantías a largo plazo -30 años- en materia de estabilidad fiscal, cambiaria y arancelaria. El objetivo principal de este régimen es atraer grandes inversiones mayores a US$ 200 millones -ausentes por lo menos desde hace 25 años- que son necesarias para desarrollar nuevas fuentes de riquezas no explotadas o subexplotadas y que hacen al potencial argentino. Las últimas grandes inversiones en minería del cobre, oro y plata se dieron en los años 90 bajo el amparo de la Ley Minera 24.196 y de un contexto macroeconómico estable.
Sin dudas el sector minero es una de las estrellas del RIGI. De los once proyectos presentados, cinco pertenecen al sector, pero solo uno es un proyecto cuprífero. Se trata del proyecto Los Azules, de las empres McEwen Copper Inc., que promete una inversión de al menos US$ 227 millones en San Juan para acelerar los estudios de factibilidad que permitirían producir placas de cobre en el país a partir de 2029.

De acuerdo a datos de la Secretaria de Minería, Argentina cuenta en este momento con veintitrés proyectos avanzados, algunos como "Josemaria" se encuentran en construcción; hay al menos ocho que están en exploración avanzada con posibilidades de desarrollo en poco tiempo: El Pachón, Mara, Taca Taca, Filo del Sol, San Jorge, Los Azules y Altar.
De acuerdo a proyecciones, cinco proyectos de cobre podrían generar ingresos por más de US$ 47.000 millones entre 2026 y 2040, destacando de los ya nombrados: El Pachón, Los Azules, Josemaría, Taca Taca y MARA.
Entonces, nuestro país se encuentra ante una oportunidad histórica para avanzar en proyectos cupríferos que están en carpeta desde hace tiempo. El RIGI puede ser lo que faltaba para el gran salto minero argentino y en particular para aquellos grandes proyectos postergados por años de inestabilidad y reglas jurídicas poco estables. Es la oportunidad para no quedarnos otra vez fuera de la carrera del "metal rojo".