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¿Hacia dónde se moverán las expectativas de inflación?

05 enero de 2018

Por Matías Carugati Economista Jefe de M&F Consultora

El cambio en las metas de inflación sigue trayendo coletazos. El debate continúa entre los que están (estamos) a favor de unas metas más realistas (pero no por ello fácilmente cumplibles) y quienes consideran que el “recalibramiento” cercena la independencia del BCRA, su credibilidad y, por ende, su capacidad para implementar una política monetaria efectiva. Un debate que no se saldará pronto y que, posiblemente, tome la inflación de 2018 como veredicto.

Una discusión asociada a la polémica principal es hacia dónde se moverán las expectativas de inflación. Tanto las mediciones a nivel general (CIF-UTDT) como entre los analistas (REM-BCRA) quedaron desactualizadas, ya que ambos relevamientos se efectuaron antes del cambio de metas. Así todo, podemos extraer algunos indicios. Por el lado de las expectativas sociales, hubo un aumento en el promedio de inflación esperada (de 24,7% a 29,1%) aunque no en la mediana (firme en 20% desde junio pasado). Habrá que ver si los aumentos tarifarios (electricidad, gas, transporte, entre otros) y el cambio en las metas inciden en las percepciones de “la gente”.

De todos modos, al hablar de expectativas, el BCRA siempre se refiere a las proyecciones de los analistas. El último sondeo, con apenas un tercio de los participantes habituales (se tomaron únicamente las respuestas pre-conferencia), tampoco trae buenas noticias. La inflación esperada para fines de este año aumentó de 16,6% a 17,4%, marcando así la sexta suba consecutiva en las proyecciones de los principales bancos y consultoras económicas. Alguno dirá que los relevamientos no son comparables por falta de homogeneidad. Es cierto, aunque también podemos estar frente al preludio de lo que se viene. En efecto, la mayoría de las consultoras (incluyéndonos) han corregido sus proyecciones al alza tras el relajamiento de las metas de inflación.

El incremento en las expectativas se basa en un relajamiento monetario más temprano y agresivo que lo previsto. Si sólo se hubieran cambiado las metas y no la postura del BCRA, no habría razones para proyectar una inflación más alta. Se habría sincerado el objetivo sin modificar el compromiso para cumplirlo. El problema es que se anticipa un sesgo menos contractivo por parte de la autoridad monetaria. Para empezar, la decisión misma de “recalibrar” los objetivos no salió del BCRA sino del Poder Ejecutivo. Y la justificación (no oficial) es que se busca sostener un buen dinamismo en materia de actividad, de forma tal de facilitar el ajuste fiscal. Además, el propio Sturzenegger dijo que la política monetaria estaba calibrada para una inflación en el rango 10-12% anual y que ahora habría que modificarla. El mercado ya se anticipó (Lebac y dólar), con la venia implícita del BCRA, que podría haber intervenido más activamente.

¿Y entonces? Acá estamos, a la espera de lo que decida el banco en la próxima reunión del Comité de Política Monetaria (9 de enero). El “ala política” del Gobierno pide bajar las tasas fuerte y rápido pero el margen para relajar la política monetaria es estrecho, habida cuenta del impacto del cambio en las metas y que se vienen meses complicados en materia de inflación (por aumentos en precios regulados). El BCRA debería ser muy prudente con sus próximos pasos, no vaya a ser que termine regalando la credibilidad (poca o mucha) que le queda y empuje aún más lejos las expectativas de inflación.

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