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Reforma impositiva en Argentina: ruido sin nueces

Quizá si el Gobierno obtiene un fuerte respaldo en las elecciones de octubre, comience a realizar los cambios necesarios para evitar problemas serios en el momento en que el crédito barato se corte

02 octubre de 2017

Por Miguel Angel Boggiano CEO de Carta Financiera

Argentina tiene un déficit fiscal financiero en la zona del 7% del PIB. Si le sumamos el déficit provincial y el del BCRA, llegamos al 10%. Este es un problema urgente cuyo apremio la sociedad no comprende cabalmente, ya que está anestesiada por la clase política.

Es irresponsable y temerario pensar que, porque hoy se puede financiar esta situación a un costo relativamente bajo, se podrá seguir financiando todo el tiempo que exige el gradualismo que propone el Gobierno. Este gradualismo necesita de (al menos) tres años más de tasas de interés internacionales en esta inusual situación del 0%. Suponer que esto sucederá equivale caminar por la cuerda floja sabiendo que, si se corta el crédito internacional, Argentina podría caer en una crisis de importancia.

La reforma impositiva es necesaria para disminuir la carga que el Estado impone sobre el sector privado. Actualmente el gasto público representa 45% del PIB y, con esta intromisión del Estado en lo privado, no habrá jamás el crecimiento que Argentina necesita para sacar al 30% de la población de la pobreza.

Sin embargo, no tiene sentido alguno fantasear con una reforma impositiva que libere al sector privado si no se discute antes la necesidad de hacer recortes en el gasto público. Es imperativo reducir seriamente el gasto público para que esto posibilite una reforma impositiva que signifique una baja de impuestos y permita liberar las fuerzas del sector privado para generar crecimiento genuino.

Es irresponsable y temerario pensar que, porque hoy se puede financiar esta situación a un costo relativamente bajo, se podrá seguir financiando todo el tiempo que exige el gradualismo que propone el Gobierno

Dado que desde el Gobierno no se está encarando con la suficiente rigurosidad los recortes del gasto público necesarios, solo resta esperar que la reforma impositiva sea un mero maquillaje que, en el mejor de los casos, reorganice los impuestos y eventualmente simplifique marginalmente la presentación de las declaraciones juradas.

Argentina se está endeudando a razón del 10% del PIB por año, pero no está pensando por el momento en cómo generar los dólares para devolver ese préstamo. Es como si una empresa se endeudara seriamente, pero el directorio no quisiera afrontar cambios de fondo porque los empleados están en desacuerdo. Simplemente descabellado.

El déficit que está asumiendo Argentina es simplemente para pagar gastos corrientes, pero sin hacer cambios de fondo. Incluso tendría sentido bajar impuestos sin bajar gastos, que aumentaría el déficit pero generaría crecimiento económico genuino. Ese es un déficit que valdría la pena financiar, no como el actual.

La semana pasada se conocieron los lineamientos centrales de la reforma impositiva de Estados Unidos. En esencia lo que hace es hacer que invertir en los EE.UU. se vuelva dramáticamente más atractivo. ¿Cómo? Entre otros, reduciendo la alícuota de ganancias para la empresas del 35% al 20% y gravando a las empresas sólo en base a la renta territorial, permitiéndoles que sus subsidiarias en el extranjero no estén gravadas.

La reforma impositiva es necesaria para disminuir la carga que el Estado impone sobre el sector privado. Actualmente el gasto público representa 45% del PIB y, con esta intromisión del Estado en lo privado, no habrá jamás el crecimiento que Argentina necesita para sacar al 30% de la población de la pobreza

Tenemos que entender que, como país, estamos compitiendo con los Estados Unidos para atraer capital y dólares. En buena medida la reforma laboral de Brasil apunta también a que sea más rentable hacer una inversión en Brasil.

Para tomar real dimensión de lo lejos que estamos de ser atractivos, todavía discutimos si se debe gravar o no la diferencia de valor que han tenido algunos bienes sólo por su exposición a la inflación. Incluso el Gobierno, en lugar de decir que esa abominación económica será descartada, propone cobrar una alícuota menor y de única vez. Algo así como reconocer que es una estafa sin sentido pero mendigando perpetrarla por última vez.

Quizá si el Gobierno obtiene un fuerte respaldo en las elecciones de octubre, comience a realizar los cambios necesarios para evitar problemas serios en el momento en que el crédito barato se corte. Porque si para el momento en que la música deje de sonar (y dejará de sonar más temprano que tarde), Argentina no ha hecho los deberes suficientes, volverán los problemas.

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