Aún con limitaciones, la medición de pobreza ha sido el indicador socioeconómico más integral para evaluar la situación social, ya que esta incorpora la totalidad de los cambios en el empleo e ingresos (laborales y no laborales) de los hogares, incluyendo no solo al universo registrado sino también al trabajo informal y cuentapropista.
Sin embargo, las cifras recientes nos llevaron a una encerrona a quienes la usábamos. La baja era esperable, aunque no en esta magnitud: el 28,2% en personas ya equivale a casi 12 p.p. menos que el registro de abril-septiembre 2023 previo a la transición de gobierno y está cada vez más cerca del piso histórico de 25,7% al que se llegó en 2017.
Pero, ¿efectivamente salieron de la pobreza 5,4 millones de personas respecto a fines del gobierno de Alberto Fernández? Respuesta corta: bajó, pero bastante menos de lo que reporta la estadística oficial, la cual se vio acentuada por cuestiones metodológicas. Incluso así, tampoco la pobreza nos dice todo lo que nos gustaría saber de la heterogénea situación social. Veamos en detalle.

Las razones de la baja "genuina" de la pobreza
1) Recuperación de los ingresos y baja de la inflación más acentuada en los más pobres. Entre abril 2024 y septiembre 2025, la desaceleración inflacionaria y el cambio de precios relativos permitió que los ingresos le ganen no sólo a la inflación sino con mayor nitidez a la Canasta Básica Total (CBT), umbral de la pobreza. Esta se abarató tras la baja relativa de alimentos y ropa, precios con mayor peso en la canasta de los hogares de menores ingresos. Utilizando datos de AFIP y ANSES, la capacidad de compra de la CBT de los ingresos de 14,5 millones de registrados (salarios formales y jubilados) se recuperó 25% en dicho año y medio. Sin embargo, sólo quedaron 3% por encima de abril-septiembre 2023 momento en que la pobreza registró casi 40%.
2) El incremento de la Asignación Universal por Hijo (AUH). La AUH subió y se ratificó como política de Estado, lo cual es destacable y valorable, pero su impacto en la baja reciente de la pobreza es más acotado del que se cree. Al mismo tiempo que se incrementó la AUH se licuó la Tarjeta Alimentar, por lo que parte del efecto se compensa. Para un hogar con dos hijos, la AUH creció 64% en términos reales, pero sumándole la tarjeta Alimentar el monto agregado sube solo 13% contra el semestre abril-septiembre 2023. De no haber ocurrido esta suba, la pobreza habría bajado 1 p.p. menos. Las transferencias directas a los hogares tienen un impacto más significativo sobre el nivel de indigencia, la cual rozaría 10% en lugar de 6,5% de no existir estas políticas.
Razones que exacerban la baja en la medición oficial
1) Mejora en captación de ingresos de la EPH. La principal razón que acentúa la baja de la pobreza es la significativa mejora en los ingresos que reportan los hogares en la EPH con relación a lo que nos dicen los recibos de sueldos y los valores de ANSES. Si bien es habitual que exista divergencia entre estos, la brecha entre ambos registros sufrió de alta volatilidad recientemente.
Tras la aceleración inflacionaria de 2022 y 2023, el ratio de captación de ingresos —100% implica que ambas fuentes reportan el mismo ingreso— cayó hasta tocar su piso histórico a fines de 2023 en los tres grupos de ingresos comparables relevantes (asalariados formales y jubilados/pensionados). Desde 2024, la tendencia se revirtió con contundencia y todos los grupos alcanzaron máximos históricos desde al menos 2017.

Con la información disponible, la hipótesis que mayor consenso reúne para explicar este fenómeno es que la aceleración inflacionaria se tradujo en un empeoramiento de los ingresos autorreportados en encuestas producto de una pérdida de memoria nominal. Con ingresos que cambian todos los meses se desconoce con precisión cuál es el ingreso del propio hogar. Tras una mayor estabilidad nominal, desde fines de 2024 la tendencia se revirtió. Esto mismo está ampliamente documento con la dinámica de precios.
Los cambios que realizó INDEC a fines del 4T-23 para captar con mayor desagregación ingresos no laborales (jubilaciones/asignaciones) podrían haber incrementado la captación en dichos ingresos, pero difícilmente hayan tenido impacto en los salarios. Además, la mejora en la captación no parece ser única de la EPH: en la Encuesta de CABA (ETOI) los ingresos también crecen significativamente por encima de AFIP/ANSES y la pobreza bajó a niveles del 2018.

2) Canastas desactualizadas. Aunque menos relevante que lo anterior, está el efecto de que la CBT oficial subestima el peso de los servicios en el gasto de los hogares. El INDEC sigue utilizando ponderadores de la Encuesta de Gastos de 2004/05, que no reflejan los cambios en los patrones de consumo de las últimas dos décadas. En la Encuesta de Gastos de 2017/18 los servicios tienen una mayor participación en el presupuesto de los sectores vulnerables con relación a 21 años atrás, mientras que los gastos alimentarios se redujeron como mínimo 5 p.p., según la metodología utilizada. Una canasta actualizada habría subido más en los años recientes (por mayor suba de servicios que de bienes), lo que elevaría la línea de pobreza y moderaría algo la magnitud de su caída.
Una métrica más acorde para la pobreza
Para aislar bien estos dos últimos problemas de medición, elaboramos desde Equilibra y el OUE de la UNLPam una nueva línea de pobreza que utiliza la CBT de la Encuesta de gastos de 2017/18 y corregimos por la mejora en captación. El resultado es que la pobreza baja, pero menos: con datos preliminares hasta el 2do semestre de 2025, la caída genuina sería de alrededor de 4 p.p. en lugar de los 12 p.p. que muestra la medición oficial contra finales del gobierno de Fernández. Contra finales del gobierno de Macri quedaría en niveles similares (en vez de 6,5 p.p. abajo). Resultados muy similares arribaron recientemente el ODSA-UCA y el CEDLAS-UNLP, con otras metodologías.
Contra finales del gobierno anterior, la mejora en captación de ingresos explica la mitad del descenso, mientras que casi un 30% es una baja genuina y el 20% restante es por canastas desactualizadas. Cuando la comparación se hace contra fines del gobierno de Macri, la pobreza corregida es similar a la actual y la diferencia entre ambas mediciones se explica casi en partes iguales entre ambos efectos (captación y canastas).
En cualquier caso, el árbol no debe tapar el bosque: la aceleración inflacionaria de entre 2022 y la primera mitad de 2024 tuvo un impacto muy nocivo sobre quienes no podían protegerse (informales y cuentapropistas). Incluso limpiando el efecto captación de ingresos, seguramente estos recuperaron más que lo perdido con la estabilidad nominal.
Incluso con estas correcciones hechas, la pobreza nos dice sólo qué capacidad de compra de bienes básicos tienen los hogares de la población de referencia (entre el decil 3 y 5 de ingresos). En un contexto de heterogeneidad social, una mirada integral requiere utilizar la mejor información disponible para comprender la situación social.
Esto implica seguir de cerca la heterogeneidad en los ingresos reales formales y la caída del ingreso disponible en sectores medios/altos. De la misma forma, valorar el impacto positivo en el bienestar que representó la caída del impuesto inflacionario y el incremento del crédito (que permitió acceder a consumo de durables). En la vereda opuesta, habrá que monitorear también el aumento de la mora crediticia, la suba de horas trabajadas y el deterioro de prestaciones públicas —universidades, salud, rutas, PAMI—, lo cual genera un efecto nocivo sobre el bienestar que no captura ningún indicador de ingreso.
La pobreza bajó genuinamente, aunque bastante menos de lo que dice el número oficial. Aun así, queda claro que falta mucho para festejar.

