Lucha contra la pobreza

Por qué los economistas deberían ser buenos plomeros

En su nuevo libro, la ganadora del premio Nobel busca evitar el fracaso de los planes contra la pobreza a través de una rigurosa práctica experimental que prioriza el impacto real en la vida de las personas por encima de los grandes anuncios.

Esther Duflo
Esther Duflo .
27 agosto de 2025

En su nuevo libro, Esther Duflo, galardonada con el Premio Nobel de Economía en 2019, presenta los resultados de una innovadora aplicación del método experimental en la creación de políticas públicas. La economista defiende que, con el terreno como un verdadero laboratorio, esta metodología es fundamental para evitar los recurrentes fracasos de las iniciativas destinadas a combatir la pobreza a nivel global.

La propuesta de Duflo busca redefinir el rol del economista en la sociedad. En lugar de ser "arquitectos" de grandes anuncios y planes abstractos, los profesionales deberían adoptar el rol de "plomeros". 

Esta analogía subraya la importancia de concentrarse en los detalles invisibles pero cruciales del funcionamiento de una política para asegurar un impacto tangible y duradero en la vida de las personas.



La propuesta de Duflo busca redefinir el rol del economista en la sociedad.
La propuesta de Duflo busca redefinir el rol del economista en la sociedad.

A través de esta perspectiva, el libro profundiza en una metodología estratégica que prioriza la evidencia empírica para el diseño y la implementación de soluciones efectivas, ofreciendo una guía para que las políticas públicas logren sus objetivos reales y no se queden solo en la teoría.

A continuación un fragmento de la introducción:

 



Sería formidable que los economistas lograran que se los considere personas modestas, competentes, al igual que los dentistas.

-John Maynard Keynes

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John Maynard Keynes fue un economista británico, considerado como uno de los más influyentes del siglo XX.



Señor director, queridos colegas, queridos amigos, hace casi quince años, tuve el insigne honor de ser invitada a dictar una lección inaugural en este mismo anfiteatro. Aproveché esa ocasión para instar a que en economía y en política económica se adoptara una visión más pragmática y más humana de la pobreza, una tercera vía entre la tentación de bajar los brazos ante la amplitud de los problemas vinculados a la gran pobreza imperante en el mundo y la seducción ilusoria de las soluciones radicales. Al comienzo de esa conferencia expuse una serie de observaciones desoladoras:

En 2005, 1400 millones de personas vivían con menos de 1 dólar por día; por año, al menos 27 millones de niños no reciben las vacunas básicas, 536.000 mujeres mueren dando a luz y más de 6,5 millones de niños mueren antes de alcanzar el primer año de vida; más de la mitad de los niños escolarizados en la India son incapaces de leer un texto de un solo párrafo.

No tenemos la clave para poner fin a la pobreza" -decía yo por entonces-; "pero es posible combatir mejor los males que esta engendra. El conocimiento encuentra su lugar en este esfuerzo: debe ayudarnos a proponer soluciones y a evaluar su pertinencia". 



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La ganadora del premio Nobel propone un innovador enfoque que prioriza los resultados tangibles en la vida de las personas, por encima de las grandes declaraciones políticas.

Concretamente, proponía el método experimental y, en especial, la experimentación creativa en busca de ayudar a elaborar y probar soluciones concretas para problemas precisos. Ese método, inspirado en los ensayos clínicos, evalúa una (o varias) intervenciones en la condiciones de la vida real, pero eligiendo de manera aleatoria a los participantes y a los no participantes. Por ejemplo, se puede implementar un programa de apoyo escolar en cien pueblos elegidos al azar entre trescientos, y hacer el seguimiento del desempeño de los niños en el conjunto de los pueblos. El azar garantizaría que las escuelas "bajo tratamiento" y las escuelas "control" sean similares y que cualquier diferencia en el desempeño de los alumnos podría atribuirse al programa.

Para ser completamente honesta, debo decirles que, en enero de 2009, ese método estaba en sus albores. J-PAL,2 la red que fundé, tenía por entonces cien proyectos en curso o terminados, lo que desde luego era respetable, pero todavía insuficiente para marcar una verdadera diferencia en la vida de gran cantidad de personas. Todavía prevalecía la percepción de que las experiencias aleatorias eran un tanto exóticas en la ciencia económica. Mi optimismo en relación con su potencial tal vez se debiera a la arrogancia de la juventud. (Casi) quince años, un matrimonio, dos hijos, algunos libros y algunas arrugas más tarde, ¿dónde estamos? 



¿El mundo ha avanzado o ha retrocedido en la lucha contra la pobreza y los males que engendra? ¿El método experimental cumplió las promesas que yo hacía por él?

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