Panorama

India: una oportunidad estratégica para Argentina, pero no a cualquier precio

Si Argentina busca identificar los grandes motores de demanda de las próximas décadas, el subcontinente indio debe ocupar un lugar prioritario en el mapa de exportaciones.

India: una oportunidad estratégica para Argentina, pero no a cualquier precio

Las recientes declaraciones de Ricardo Arriazu proponiendo avanzar hacia un tratado de libre comercio con India han reabierto un debate que Argentina debería encarar con mayor profundidad y menos urgencia simplista. Cómo aprovechar uno de los mercados más dinámicos del mundo sin comprometer sectores estratégicos de su entramado productivo. 

En un aspecto central, el economista tiene razón, porque si Argentina busca identificar los grandes motores de demanda de las próximas décadas, el subcontinente indio debe ocupar un lugar prioritario en el mapa de exportaciones. Con más de 1.400 millones de habitantes, una economía que continúa creciendo a tasas elevadas y una población que seguirá expandiéndose durante los próximos años, India se ha consolidado como una de las principales potencias emergentes. 

  • De hecho, en 2025 importó bienes por más de US$ 752.000 millones, convirtiéndose en el octavo importador mundial, y su apetito por alimentos, aceites vegetales, energía, minerales y productos químicos parece casar a la perfección con las ventajas naturales de la Argentina.

Sin embargo, antes de lanzarse a la firma de un acuerdo, conviene detenerse en los datos concretos del vínculo bilateral, porque allí se esconde la primera gran advertencia. Actualmente, Argentina exporta a India alrededor de US$ 5.500 millones anuales, lo que suena a cifra respetable hasta que se la pone en perspectiva: representa apenas el 0,73% del total de las importaciones indias, un porcentaje casi testimonial que evidencia que somos un proveedor marginal para el gigante asiático. Pero la alarma no termina ahí, porque esa cifra es además engañosa por su altísima concentración: el capítulo de grasas y aceites vegetales explica cerca de US$ 4.500 millones y si a eso le sumamos los US$ 655 millones en metales y piedras preciosas, tenemos que dos rubros explican la práctica totalidad de la canasta exportadora. Es decir, Argentina ya tiene acceso de facto a India, pero lo que todavía no tiene es una oferta exportable suficientemente diversificada para capturar una porción mayor de ese gigantesco pastel. 



La magnitud de lo que se pierde se aprecia al observar la estructura importadora india, que en 2025 compró al mundo más de US$ 208.000 millones en combustibles, US$ 96.000 millones en productos electrónicos, US$ 73.000 millones en maquinaria, US$ 25.700 millones en químicos orgánicos y US$ 14.300 millones en fertilizantes, entre otros; sin embargo, la presencia argentina en esos segmentos es marginal o directamente inexistente, ya que vendemos apenas US$ 95 millones en combustibles, US$ 5 millones en químicos y prácticamente cero en electrónica, plásticos o cobre.

Ricardo Arriazu alerta que, sin un Plan de Desarrollo real, el programa económico actual podría agravar la pobreza y convertir el éxito en tragedia. - e
 

Frente a este panorama, surge la pregunta obvia: si el acceso ya existe, ¿por qué no logramos diversificar y mover esa aguja del 0,73%? La respuesta nos lleva a un punto que el debate público suele omitir: los obstáculos no son exclusivamente arancelarios, sino que pesan con igual o mayor fuerza las barreras no arancelarias, la infraestructura deficiente, la falta de financiamiento competitivo y la escala empresarial insuficiente. 



India es una de las economías más protegidas del mundo, con aranceles promedio que alcanzan el 45% para cereales, el 38% para carnes y el 32% para frutas, pero además utiliza un entramado sofisticado de licencias de importación, estándares del Bureau of Indian Standards (BIS) y requisitos fitosanitarios que cambian sin previo aviso. 

Por lo tanto, un tratado de libre comercio no puede limitarse a bajar aranceles; debe incluir necesariamente un capítulo profundo de cooperación regulatoria y reconocimiento mutuo de certificaciones, porque de lo contrario, aunque logremos un papel con arancel cero, la burocracia local india seguirá bloqueando los envíos en la práctica.

Argentina ya tiene acceso de facto a India, pero lo que todavía no tiene es una oferta exportable suficientemente diversificada para capturar una porción mayor de ese gigantesco pastel. 



Dicho esto, tampoco debemos minimizar el impacto potencial que un TLC tendría sobre el tejido industrial interno, y aquí es donde el "precio" del acuerdo se vuelve más delicado. India no es solamente un gran comprador; es también una potencia manufacturera emergente con una escala productiva enorme, costos competitivos y una política industrial activa que podría inundar sectores argentinos como textiles, indumentaria, calzado, productos químicos y ciertos segmentos metalmecánicos y autopartistas. Por lo que la negociación debería contemplar listas de exclusión, cronogramas de desgravación extensos de entre diez y quince años, o incluso cupos de acceso en lugar de desgravación total para los bienes sensibles.

Por otra parte, la experiencia internacional demuestra que los acuerdos comerciales generan ganadores y perdedores, y que las actividades exportadoras suelen capturar los beneficios rápidamente mientras que los sectores orientados al mercado interno enfrentan procesos de adaptación más complejos.

 Por eso, si Argentina decidiera avanzar, debería hacerlo bajo condiciones mínimas que incluyan reglas de origen estrictas para evitar que productos de terceros países utilicen a India como plataforma de acceso preferencial, así como cláusulas de salvaguarda que permitan actuar frente a aumentos repentinos de importaciones capaces de dañar la producción y el empleo. 



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Ahora bien, para que el acuerdo no sea un mero intercambio de aceite por manufacturas, Argentina debe resolver primero sus cuellos de botella logísticos y de infraestructura, que son hoy el principal freno a la expansión de la oferta exportable. ¿Por qué no vendemos más Gas Natural Licuado o litio a India? No es por aranceles, sino porque Vaca Muerta necesita puertos de aguas profundas y barcos metaneros que todavía no tenemos, y el litio requiere plantas de procesamiento de carbonato que recién están en construcción. 

Un TLC con India debería ir de la mano de un tratado de inversiones que atraiga capital indio para desarrollar esa infraestructura energética y minera en el país, generando empleo local antes de exportar. Al mismo tiempo, la estrategia comercial debería virar hacia la búsqueda de nichos de alto valor agregado donde Argentina pueda competir sin necesidad de batallas de volumen.



India representa una oportunidad extraordinaria para Argentina, pero el verdadero desafío no consiste únicamente en vender más aceite, minerales o energía, sino en utilizar el acceso a uno de los mercados más grandes del mundo para diversificar exportaciones, generar nuevas capacidades industriales y transformar ventajas naturales en desarrollo económico sostenible. Un tratado de libre comercio puede ser una palanca valiosa, pero lo que determinará su éxito no será el papel firmado, sino la hoja de ruta de largo plazo que lo acompañe: quince años de transición, cláusulas de revisión periódica, infraestructura atada al acuerdo. 

Sin esa estrategia integral, el "precio" a pagar será la pérdida de empleo y la consolidación de una dependencia exportadora primaria; con ella, en cambio, podremos transformar la espada de Damocles en una verdadera locomotora del desarrollo.

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