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Olivera, sabiduría y compromiso

El país perdió a uno de los destacados intelectuales que tuvo en los últimos cincuenta años.

Carlos Leyba Carlos Leyba 01-08-2016
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por Carlos Leyba

Julio H.G. Olivera fue, sin matices de enfoque o ideológicos, el maestro indiscutido de la profesión en Argentina. Sus cursos en la UBA (1956) fueron el prólogo a la creación de la licenciatura en economía política (1958) en la que, además de historia del pensamiento, dictó el famoso curso de dinero, crédito y bancos. Los que tuvimos el privilegio de ser sus alumnos, cuando aprobábamos esa materia, entendíamos que habíamos culminado la carrera: “aprobé Olivera”. La nota obtenida era la marca que habría de distinguirnos en el claustro: esa era la medida del peso intelectual del maestro.

Olivera ?de una formación exquisita, en gran medida autodidacta ?marcaba el rumbo de una disciplina que él ejemplificaba con sus sólidos conocimientos matemáticos, formación histórica y reflexión filosófica.

Definiciones

Su visión de la economía, difícil de sintetizar, se puede aproximar rescatando su idea del progreso económico que, a su criterio, “no existe con independencia del progreso humano integral”. Un enfoque francamente humanista que se proyecta en su visión de la organización económica que, según Olivera, “tiene efectos educadores (ya que) puede ser apta a desenvolver o enervar las facultades superiores del hombre, a restringir o a estimular sus apetitos inferiores”.

De lo dicho concluye: “Para el progreso económico importa además la organización económica como productora de hombres”. Este señalamiento marca con absoluta claridad la visión reformadora que lo animaba.

De manera consistente para él la economía “Es una ciencia de la interpretación, que no es un mera hipótesis ni un modelo descriptivo o predictivo, sino un modo de traducir la realidad y de hacerla inteligible”. Entre las consecuencias de esa búsqueda de hacer inteligible la realidad, se encuentra su aporte al estructuralismo latinoamericano al que le brindó mayor rigor teórico. Su teoría de la inflación estructural, que de eso se trata, fue formulada con tal precisión que el Premio Nobel Sir John Hicks dijo “Estoy enteramente de acuerdo con el doctor Olivera, cuyos artículos sobre este asunto he leído con mucho interés” .

Fue reconocido en el país y fue miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, de la de Derecho y Ciencias Sociales, de la de Ciencias de Buenos Aires y de la de Educación.

Más allá de las fronteras

En la arena internacional, además de publicaciones y cátedras en los ámbitos de mayor prestigio, fue miembro titular del Comité Ejecutivo de la International Economic Association y fue convocado en 1970, 1971, 1973 y 1978, para dictaminar sobre el otorgamiento del Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel al que, erróneamente, se lo llama Premio Nobel de Economía.

Cuando en 1962 el Humanismo, la corriente social cristiana que desplazó por esos años al reformismo, ganó las elecciones universitarias Olivera fue convocado para el cargo de rector. En la tarea lo acompañaron los dirigentes humanistas Ludovico Ivanesevich Machado y Mario Marzana quien fuera uno de sus alumnos del Instituto. Renunció al cargo cuando el profesor Walt W. Rostow, a causa de una manifestación estudiantil reformista, no pudo dictar una conferencia en Económicas.

Siendo rector creó el Centro de Investigación Aplicada de la UBA, uno de cuyos primeros trabajos fue sobre economía de la educación. Una muestra más que la educación era una de sus preocupaciones, no sólo por sus influencia en los resultados de la organización económica, sino porque entendía que “Educar es enriquecer, pero también es civilizar y moralizar”. Hilario Fernández Long, su vicerrector y sucesor en el cargo, fue desplazado por la intervención de la dictadura responsable de la noche de los bastones largos. Un período de gloria de la UBA se cerraba.

Presencia pública

Al retorno de la democracia en 1973 Julio H.G. Olivera, partidario del desarrollo cooperativo, integró los primeros pasos del equipo económico de José Ber Gelbard (1973) como secretario de Estructura Económica.

La característica teórica del programa de Gelbard fue la de enfocar la estanflación, heredada de la dictadura, a través de un Acuerdo Social pautado un año antes con los partidos políticos, las organizaciones sindicales y empresarias. Para el diseño de la promoción del desarrollo ese equipo partió de un plan concertado de mediano plazo basado en leyes de reforma estructural. Olivera dejó el cargo en el Ministerio de Economía y asumió como secretario de Ciencia y Tecnología. Renunció a ese último cargo, junto con el equipo de José Gelbard, en septiembre de 1974.

Su única participación en cargos públicos de nivel nacional lo fue durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón.

Esos principios son contrarios al pensamiento neoliberal dominante en la profesión. El neoliberalismo entiende a la política económica, en última instancia, como la herramienta para producir, en los mercados, las condiciones de la competencia perfecta, el ámbito en que, para esa corriente, se maximiza el bienestar colectivo. Al respecto Olivera manifestó: “Empíricamente ya sabíamos que la competencia perfecta no existe, lo que no sabíamos es que matemáticamente también es un error. Es un imposible matemático, un chiste intelectual” (citado por Santiago Chelala).

Su enfoque de la teoría estructural de la inflación se puede resumir en la idea de que lo que la produce son desajustes sectoriales en el marco de la inflexibilidad de los precios a la baja. Es el primer desencuentro con los monetaristas. Es más la política monetaria, para el enfoque estructuralista, es incapaz de estabilizar. Y adicionalmente el crecimiento presiona inestabilidades de precios. Algo más que está vinculado al efecto Olivera Tanzi, otro de sus aportes, es que el déficit fiscal es consecuencia de la inflación y no viceversa.

Más allá de esto, es decir, más allá que el canto de los pájaros avise la llegada del amanecer, nada indica una relación y secuencia de causalidad. Y de la misma manera el hecho que el déficit fiscal sea consecuencia y no causa de la inflación, nada indica que debamos esperar a la estabilidad de precios para atender a las finanzas públicas. Y de la misma manera, si la inflación no es un fenómeno monetario, tampoco nada indica que una canilla abierta no termine por mojarlo todo.

Otro Julio, Cortázar, en uno de sus cuentos, “Conducta en los velorios”, relata la costumbre de una familia del barrio de Palermo Viejo, de apropiarse de los que han partido y que según ellos dicen “vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía”.

No sé si la causa es la misma. Pero con los ilustres que nos dejan, en nuestra Patria al menos, hay una tendencia local a apropiarse del prestigio del que ya no está, para poner en su boca o en su historia, palabras o hechos que agrandan la cosecha propia. Pero respecto de la herencia intelectual del pensamiento de Julio H.G. Olivera, a quien le corresponden homenajes de todas las corrientes locales, es importante rescatar que, sumada a su dedicación a la economía matemática, su visión del progreso económico era profundamente humanista; que su compromiso con la política universitaria lo fue con el humanismo universitario, que era una definición filosófica; y que su compromiso con una gestión política en democracia , aún breve, lo fue participando en la idea de la concertación propia de todos los que consideran causas y consecuencias estructurales de las políticas económicas.

En los homenajes veraces, sinceros, apropiados para una personalidad extraordinaria por su inteligencia y su conducta y su enorme generosidad para con sus alumnos, me he permitido agregar esta vertiente porque, entiendo, no ha sido suficientemente ponderada.

Olivera ? además de un intelectual de los mayores que ha tenido el país en los últimos cincuenta años ?supo comprometerse con la cosa pública, universitaria y política.

Lo hizo con su estilo, poco habitual entre nosotros. Y dentro de una corriente que en los fines y en los métodos entiende al progreso como el que da lugar al desarrollo humano integral. Y eso significa cuidar los costos de las políticas y alentar el consenso para ejecutarlas.

Más aportes

En la crisis de 2002 y en el lanzamiento del Plan Fénix dijo “lo que está en debate no es una postura ideológica ?estatismo contra liberalismo, planificación central versus economía de mercado- sino una cuestión científica susceptible de ser tratada objetivamente. Su análisis contribuirá a la dilucidación de la realidad económica argentina y de las posibles opciones a las políticas económicas convencionales”. Opciones a las políticas económicas convencionales que no consultan y traducen “la realidad” (para)? hacerla inteligible”.

Hace diez años dijo “coinciden, aunque por distintas razones, el estructuralismo y el monetarismo. En virtud de la denominada “ecuación del cambio”, sobre la cual se basa la teoría monetaria de la inflación, dado el incremento de la oferta monetaria y de la velocidad de circulación del dinero, cualquier disminución de la tasa de crecimiento económico determina un ascenso, nunca una disminución, del ritmo de aumento de los precios”.

Han pasado muchos años y la repetición de políticas convencionales, la medicina del estancamiento para combatir la inflación, la idea que la eliminación del déficit fiscal es la condición suficiente para detener la escalada inflacionaria, la idea primaria que la búsqueda de la salud económica es producir aproximaciones a la competencia perfecta, nos están condenando a vivir en el Día de la Marmota. La repetición agobiante.

La única manera de romper el hechizo es pensar, dialogar y encontrar consensos. Ese es el mejor homenaje al maestro Olivera, que nos ha dejado pero ha dejado el mandato de hacer inteligible a la realidad y asumir compromisos con el humanismo como progreso y el consenso como política. Cuidémonos de los personajes de Cortázar.

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