No todo es lo mismo

Gobernar es prever. El que no prevé, administra crisis o administra daños. Esta función de administrar siempre es necesaria y bien puede ser pésima o excelente. Pero la verdadera calidad de un gobierno se mide por la anticipación, por la previsión, por verla venir.

Carlos Leyba Carlos Leyba 13-05-2016
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por Carlos Leyba

No es lo mismo verla venir que irla a buscar. El Gobierno o Sergio Massa lograron parar la primera embestida del FpV como fuerza opositora. No la vieron venir. Naufragó ayer la sesión. Una buena para Mauricio Macri en el ping pong que dilata el veto a la ley antidespidos.

La amenaza de veto es un gesto que ataca a la estética mínima de la democracia y la República. Intolerancia apresurada. El Ejecutivo puede vetar una ley. No un proyecto. Vetar una vez que la misma tiene una estructura que impide que su reglamentación pueda aminorar los daños que el Presidente imagina ocurrirían con la vigencia cruda de la ley. La amenaza de veto es un método que no responde a la cultura de la “unidad de los argentinos”.

Massa, por ahora, lo salvó del veto y no necesariamente de la ley. Pero la amenaza de veto produjo un daño innecesario. Ese gesto, liderado por Marcos Peña, diferencia a los “nacionales del PRO” del dirigente político con mejor imagen que es la gobernadora de la provincia de Buenos Aires.

María Eugenia Vidal no parece ni un pastor evangelista ni un maestro Zen. No apela a la confianza como eje central de sus presentaciones y no nos imaginamos que ante un proyecto, insensato para ella, amenace con el veto. Que no es lo mismo que tener que vetar una ley. En política el orden de los factores afecta el resultado. Vidal apunta a practicar el diálogo productivo, teje alianzas para resultados y ejerce el poder para la acción. Entonces no parece, no actúa, no resuelve de la misma manera que el elenco principal del gabinete nacional. Importa marcar la diferencia porque evidencia la posibilidad de dos tendencias al interior del PRO.

El y ella

María Eugenia, al revés de Mauricio, comenzó su tarea con un resumen muy duro de la herencia. Y ?en una primera aproximación? se enfocó a muchos de los temas urgentes de la provincia, priorizando las urgencias sociales. Sin duda ?en términos de gestión? los más difíciles. No le ha ido mal.

Pero tomando una a una las decisiones y comparando gestiones, las prioridades de Vidal no son las de la gestión nacional.

Los programas de ayuda social y los programas de alivio Pyme, buenos y orientados, necesitaron meses para anunciarse de manera desprolija, poco programada. Y cuando resultaban urgentes. Y todo lo urgente por definición es tarde.

Por eso “no es lo mismo” en todo el PRO ni en todo Cambiemos. Vidal marca una línea que sugiere otra concepción de la política y sería muy positivo que influyera en el posicionamiento del resto.

Jaime y el segundo semestre

En el otro extremo del elenco gobernante están los seguidores de J. Durán Barba. La idea del consultor, que hace política por plata, es que no hay que contar la herencia, dar primero las noticias malas, hacerlo de a poco y, agotadas las mismas, comenzar a dar las buenas. Pero si bien es cierto que “no hay mal que dure cien años” no es menos cierto que “no hay cuerpo que lo resista”. ¿Qué tierra arada quedará para sembrar las buenas noticias cuando las haya?

La pregunta que corresponde es quién puede creer que la estrategia del parche sea inteligente. Puesto en otros términos la concepción Barba es todo lo contrario a la idea que “la primera impresión es única”. Hoy el malestar social es creciente.

La inflación se aceleró. El estancamiento esta ahí. Y son pocos los que creen que 2016 verá cumplir los pronósticos optimistas respecto de la inflación y el crecimiento.

Hasta ahora, las malas noticias, dadas en estilo “Jack, el destripador”, han instalado para muchos que estamos ante el Gobierno de “los malos”. Tarifas primero, compensaciones después. La primera impresión golpea.

Es obvio que hay decisiones costosas en términos políticos y sociales que había que tomar. Pero no es menos obvio que es insensato haberlo hecho sin compensaciones pari passu y apelar al parche cuando el aire de la luna de miel ventea por los agujeros realizados.

Es cierto que lograron salir del cepo y casi salieron del default. Muy bien.

Pero la salida del cepo los llevó a pagar las diferencias especulativas del dólar futuro y a poner la tasa de interés por las nubes. Y los créditos obtenidos para salir del default se obtuvieron a tasas que no son precisamente un éxito.

Es cierto que lo hicieron. Pero no es menos cierto que las acciones y las consecuencias no fueron tan pensadas. Se los recuerda la aceleración de la tasa de inflación.

La construcción del escenario que aspiraban para el boom de las inversiones se convirtió en el más apto para el pedal especulativo y en uno que corre el riesgo de, a base de la tasa de interés por el aire, acabe consagrando el ancla cambiaria que es como la anfetamina para adelgazar: baja la inflación pero revienta el cerebro de la economía.

Es cierto que, en materia de precios relativos, había decisiones que eran inevitables. Pero las decisiones difíciles, cuando son pensadas, incluyen eliminar o compensar las consecuencias. ¿Qué les pasó?

El gurú Durán Barba se orienta, junto con su equipo de control de la comunicación oficial, con las encuestas. Y es tan contradictorio e inconsistente que en Perfil dijo: “En los últimos años muchos dirigentes en vez de orientar a los ciudadanos, siguen las encuestas”. Eso es justamente lo que hace el Gobierno: renunció al discurso de orientación o está desorientado y por eso no tiene discurso.

Para tranquilidad del Gobierno, el gurú dijo, en esa misma nota, “el éxito del proyecto dependerá de que la gente lo siga respaldando y de que la economía se recupere dentro de los plazos previstos”. Un dechado de sabiduría.

Por lo dicho, corresponden las preguntas siguientes. ¿Cuáles son los plazos previstos y a qué llaman la recuperación de la economía?

Son aclaraciones necesarias. Como todos sabemos, después de cuatro años de estancamiento, el rebote tiene que estar próximo. Es la teoría del gato muerto. Tirado desde la ventana rebota aunque esté muerto. El rebote, al menos para la mayor parte de los economistas, no es precisamente recuperación porque no es síntoma de vida.

En materia de inflación, el pronóstico oficial no cambia a pesar de los hechos: 25%. Pero la fecha se desplaza continuamente. En materia de recuperación dicen “cuando vengan las inversiones”. ¿Cómo, cuándo, por qué, dónde está la zanahoria?

El entusiasmo del elenco nacional, a pesar de las contradicciones internas que cada día se hacen más notables, indica que el Gobierno no asimila las señales. Y hasta aquí no ha abundado en la capacidad de prever. No sólo en política ?lo que afecta la calidad de su presencia en el poder? sino, más grave, en economía y relaciones sociales. Prever es la clave de un buen gobierno.

Cambiamos (tarde)

Casi todas las decisiones de estos meses han sido producto de reacciones que, por serlo, son inevitablemente tardías. El Gobierno por reacción es consecuencia de la falta de iniciativa. La obsesión por las encuestas es un mecanismo de erosión de las iniciativas. En política la iniciativa es mérito. La reacción es costo. El predominio de la reacción por encima de la iniciativa, por otra parte, denota un elevado nivel de improvisación.

La improvisación, la estrategia de respuesta, error, rectificación, esta asociada al rechazo a la teoría y a la visión global. Una actitud propia de los “hombres prácticos” fieles a los consultores.

Pero la teoría, la visión global, es condición necesaria para capturar la realidad. Porque no hay realidad, o manera de comprenderla, sin teoría.

Los “hombres prácticos” rechazan las visiones y al hacerlo inevitablemente se les escapa la complejidad sistémica de la realidad. Para capturarla, improvisan. Es cierto que esta carencia nos viene castigando desde hace mucho tiempo. Pero Cambiemos, en ese plano, no ha cambiado nada.

El “paso a paso”, las decisiones sin criterio sistémico, fueron la base del kirchnerismo. Y también son una práctica de MM.

El “paso a paso” es consecuencia de la falta de previsión.

Jacobo Timerman decía “la ideología antes de la noticia”. Es decir que así como para gobernar es imprescindible la visión ?el por qué estamos aquí y dónde vamos? para comunicar es esencial ofrecer un marco, una visión, para que la noticia sea interpretada.

El que tiene iniciativa tiene una visión y puede comunicarla. Al que sólo reacciona ?lo que ocurre siempre como respuesta a la iniciativa de otros o antes los hechos consumados que son la iniciativa de la historia? se le hace cuesta arriba generar, después de la reacción imprevista, el discurso o el relato ex post facto, la visión que ayuda a interpretar.

El que sólo reacciona, en general, pierde. Es lo que le pasa al Gobierno. Observemos lo ocurrido esta semana. Entrampados inútilmente acerca de si hay o no hay una crisis de empleo, como dijimos, el Gobierno amenazó con el veto a una ley no sancionada.

Asustado de su propia amenaza, el Gobierno forzó una convocatoria empresarial de urgencia de la misma manera que nos había acostumbrado CFK y también NK durante años. Es cierto que esta vez sin colas y esperas humillantes para entrar al Salón Blanco y en horario. Es cierto que sin “militantes espontáneos” a los gritos y con sillas para todos. Pero, igual, fue un “preséntese a escuchar una monserga”.

Algunos representantes empresarios firmaron un compromiso por los próximos 90 días. Un intento de contener la doble indemnización por 180 días.

Otro sería el escenario del presente si esa convocatoria hubiera ocurrido al comienzo de la gestión cuando el problema del empleo estructural comenzaba su quinto año consecutivo. Iniciativa en la luna de miel. Puesta en acto de una visión. Difícil, si uno renuncia a la visión global, tener iniciativa.

Gobernar es, entre otras cosas, prever. El que no prevé, administra crisis o administra daños. Esta función de administrar siempre es necesaria y bien puede ser ?en los extremos? pésima o excelente. Pero la verdadera calidad de un gobierno se mide por la anticipación, por la previsión, por verla venir.

Verla venir no es lo mismos que irla a buscar.

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