El Economista - 70 años
Versión digital

sab 16 Oct

BUE 19°C

Versión digital

sab 16 Oct

BUE 19°C

No alcanza con asistencialismo

Jorge Colina Jorge Colina 04-10-2016
Compartir

por Jorge Colina

E l hecho de que el asistencialismo es un mero paliativo y no sirve para sacar a la gente de la pobreza era considerado antes una verdad casi de Perogrullo. Tan vieja como la famosa frase que repetían los abuelos diciendo “no hay que dar pescados, sino enseñar a pescar”.

Pero en los últimos quince años se instaló en el país la idea de que el asistencialismo, no sólo sería bueno, sino que además es una obligación del Estado para con sus ciudadanos. Este cambio de concepción no responde a una comprobación tardía de que el asistencialismo es una potente arma de promoción social sino, paradójicamente, al fracaso de las políticas para erradicar la pobreza.

Es decir, como quedó demostrado que el crecimiento económico no erradica automáticamente la pobreza, entonces, se tomó el camino del facilismo y se pasó a considerar que repartir el dinero del crecimiento era la única opción. Sólo que había que quitarle el mote de paliativo y darle alguna categoría más altisonante, como la de un “derecho”.

En esta concepción se creó la Asignación Universal por Hijo (AUH), en la cual expresamente se enfatizaba ?no sólo desde el oficialismo del 2009 sino también desde un amplio arco de la oposición de aquel entonces? de que no se trataba de asistencialismo sino de un derecho de la infancia.

La condicionalidad que se le había incorporado de hacerles controles médicos a los niños y enviarlos a la escuela fundaba esta afirmación Además, se confiaba que al estar la AUH guiada por la cantidad de hijos se eliminaría la indigencia y se reduciría la pobreza. El oscurantismo estadístico prevaleciente abonó la creencia.

Se hizo la luz

Con la recuperación del sistema estadístico apareció la sorpresa. Luego de seis años de AUH, hay 1,7 millones de indigentes (que podrían ser 2,5 millones si se expande la medición al interior de las provincias) y que el flagelo se da con intensidad entre los hogares con niños ya que 1 de cada 3 indigentes es un niño menor de 14.

¿Qué pasó? Pasó lo que algunos agoreros sospechaban, y es que la AUH puede ser una versión más sofisticada pero no deja de ser asistencialismo. Para demostrarlo cabe un simple ejemplo que puede ser tomado como representativo: una mujer sola, que no trabaja, con dos niños. Para superar la línea de indigencia, necesita $2.700 mensuales. Al no trabajar, depende de las dos AUH que el Estado le da, y que suman ¡$2.200!

Es claro que la AUH no saca de la indigencia. Pero no saca, no porque el monto sea insuficiente. No saca porque no ayuda a la mujer a salir a trabajar.

Si esa mujer pudiera salir a trabajar, aunque sea en la informalidad, y obtener una remuneración de $4.500 mensuales, más o menos, no sólo que saldría de la indigencia sino que hasta saldría de la pobreza porque con esta remuneración más las dos asignaciones superaría la línea de pobreza (que para esta familia descripta son $6.500 mensuales).

Este ejemplo muestra dos cosas. Por un lado, que hay que preservar el asistencialismo porque si no los indigentes y los pobres van a sufrir privaciones mayores.

En otras palabras, que siga siendo un derecho. Pero, por el otro, que no hay que autocomplacerse con la declaración de derecho.

Hay que complementarlo con conductas reproductivas responsables, para generar hogares más reducidos y poner en funcionamiento un sistema moderno de protección a la infancia para que los niños accedan tempranamente a alimentación adecuada y educación.

Con esto, se abren las puertas a que la madre estudie, se forme y trabaje, y así pavimentar el camino hacia el progreso social del hogar, que es la forma genuina y sustentable de erradicar la pobreza.

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés