IMPACTO

El superávit que se fuga: por qué Argentina gana dólares con la soja y los pierde con las multinacionales

La balanza de pagos del primer trimestre desnuda un modelo que produce divisas pero no las retiene

soja dolar pretroleo exportaciones
soja dolar pretroleo exportaciones e
Gustavo Reija 26 junio de 2026

Hay informes que se leen por el titular y otros que se entienden recién en el cuadro completo. La balanza de pagos del primer trimestre de 2026, publicada por el INDEC, pertenece a la segunda clase. El relato oficial se quedará con el superávit comercial de bienes, de US$ 6.339 millones. Pero basta seguir el recorrido del dinero para descubrir que ese superávit no alcanza, no se queda y, en buena medida, se fuga. La cuenta corriente cerró el trimestre en rojo, con un déficit de US$ 1.651 millones. La pregunta desarrollista de siempre vuelve a imponerse: no si entran dólares, sino quién los genera y a dónde van.

Lo que entra: el enclave exporta

El detalle por complejo es elocuente. Las exportaciones se explican por el complejo sojero (US$ 3.190 millones), el petrolero-petroquímico (US$ 3.048 millones), el de oro y plata (US$ 1.895 millones), el triguero, el maicero y la carne bovina. Es decir, el podio exportador es íntegramente primario y extractivo. Enfrente, la industria no aparece como motor sino como demandante de divisas: el complejo automotriz arrojó un déficit importador de US$ 3.144 millones, seguido por el farmacéutico, el siderúrgico y el textil. Argentina exporta lo que extrae e importa lo que dejó de producir. La estructura del comercio no es neutral: codifica el modelo.

Lo que se va: la renta del capital

Aquí está el corazón del problema. El ingreso primario —la renta de los factores— registró un déficit de US$ 4.676 millones, que neutralizó por completo el superávit comercial. Dentro de ese rojo, la renta de la inversión se llevó US$ 4.651 millones: las utilidades y dividendos girados por la inversión directa sumaron un déficit de US$ 2.447 millones, que se amplió US$ 1.306 millones respecto de un año atrás, y los intereses de la deuda —cartera y otra inversión— aportaron cerca de US$ 2.000 millones más. Producimos en el territorio, pero la renta se devenga y se remite al exterior. El superávit de bienes financia, en los hechos, la rentabilidad del capital extranjero.



Cómo se tapa el agujero

Si la cuenta corriente es deficitaria, el faltante se cubre con financiamiento. Y el dato es revelador: el Banco Central concertó una operación de pase pasivo (REPO) por US$ 3.000 millones con bancos internacionales, que explica buena parte del ingreso de capitales del trimestre. Es decir, se recurre a deuda de corto plazo para sostener el frente externo. No es ahorro genuino ni inversión productiva: es oxígeno financiero. El stock de deuda externa trepó a US$ 321.783 millones, US$ 2.261 millones más en apenas un trimestre, y los pasivos externos totales saltaron US$ 21.124 millones, hasta US$ 472.854 millones. La posición de inversión internacional neta se desplomó US$ 20.802 millones. Las reservas, el colchón real, apenas alcanzan US$ 42.052 millones.

La teoría que el dato confirma

Nada de esto es novedoso para la tradición desarrollista: es la restricción externa de Marcelo Diamand operando con precisión de manual. Una economía que exporta bienes primarios e importa la industria y los servicios que no genera queda atrapada en un estrangulamiento recurrente, agravado porque la renta del capital extranjero drena los dólares que tanto cuesta producir. A ello se suma la lógica Prebisch-Singer del intercambio desigual, visible en el comercio con China, con el que la Argentina registró un déficit de US$ 1.995 millones: le vendemos porotos y minerales, nos vende manufactura de mayor valor agregado. La periferia provee naturaleza; el centro, tecnología y rentabilidad.

La enseñanza

El informe deja una lección que excede al trimestre. Un superávit comercial sostenido sobre commodities puede convivir con una cuenta corriente deficitaria, con deuda creciente y con reservas frágiles, si la renta se fuga y el financiamiento es de corto plazo. Eso no es desarrollo: es un equilibrio precario que depende del humor de los mercados y del precio internacional de cuatro materias primas. La salida no es nostálgica ni autárquica; es estructural. Sin sustitución inteligente de importaciones, sin diversificación de la canasta exportadora y sin retención de la renta para reinvertirla en capacidad productiva, el estrangulamiento externo volverá puntualmente, como vuelve siempre. Estabilizar el tipo de cambio durante un trimestre no es resolver el problema: es posponerlo. La motosierra puede ordenar las cuentas fiscales, pero sin incubadora productiva no hay dólares genuinos que sostengan el crecimiento. El primer trimestre de 2026 no muestra una economía que despega: muestra una economía que produce riqueza y la deja escapar.



Logo de Google
Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos.
+ Agregar