“Nadie fija el tipo de cambio unilateralmente”

Entrevista a Dani Rodrik.

23-09-2011
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Dani Rodrik es profesor de la Universidad de Harvard y especialista en procesos de crecimiento

económico. Habló con El Economista sobre la coyuntura de la economía global, sus perspectivas y los desafíos para el mundo emergente. También hizo mención a la región y al caso argentino. Dijo que el país demostró que el tipo de cambio importa a la hora de estimular el crecimiento industrial, pero también advirtió sobre los límites de usar esta herramienta. “Nadie puede sostener de manera unilateral y por mucho tiempo un tipo de cambio en niveles competitivos”. Rodrik reconoce que la administración del tipo de cambio sigue siendo la herramienta más efectiva ?y al alcance de los gobiernos? para enfrentar el problema número uno que amenaza a los países en el mundo: la primarización de las economías como consecuencia del crecimiento chino. A continuación va un resumen del diálogo mantenido en su oficina de Cambridge, Massachusetts.

Sudamérica creció a tasas altas en los últimos años. ¿Cuál es su lectura y qué perspectivas ve?

-En mi opinión la región creció a tasas altas por dos motivos. Primero porque sus países recuperaron el terreno perdido respecto a los ochenta y los noventa. Y segundo porque los precios de las commodities fueron elevados. La Argentina es un claro ejemplo de estos dos motivos. Respecto al futuro no veo un crecimiento sostenible porque no se trata de una expansión que incorpore recursos humanos y naturales al proceso económico como hizo Asia. Los sectores más exitosos en países como la Argentina y sus vecinos están relacionados con la explotación agropecuaria y mineral, en la que la capacidad de absorber mano de obra es muy escasa. Y en el caso de los sectores industriales de la región, que se han vuelto muy competitivos a nivel mundial, hoy emplean menos trabajadores que una década atrás. ¿Qué está pasando entonces? En Sudamérica se destruyen empleos de alta calidad y los puestos nuevos generados son de baja calidad. Esto me lleva a pensar que el crecimiento económico de Sudamérica no es sustentable porque los sectores más exitosos emplean cada vez menos manos de obra. ¿Cuándo el crecimiento económico es sostenible? Solamente cuando se crean puestos de trabajo de alta calidad. Los economistas muchas veces decimos que la productividad de un país subió o bajó. Pero eso no es tan importante. Sólo si una economía es capaz de generar nuevos empleos estamos en presencia de un verdadero proceso de crecimiento económico. De lo contrario, en algún momento la situación se vuelve insostenible para la economía y para la política.

Hay quienes dicen que la Argentina creció, además de los factores que menciona, porque evitó la apreciación de su moneda. ¿Qué opina usted?

-El crecimiento de la Argentina en estos años es un tributo a lo que puede generar un tipo de cambio competitivo para un gobierno y su sociedad. Me parece una herramienta clave para impulsar el crecimiento de los productos industriales. La evidencia arroja que aquellos países que administraron su tipo de cambio en niveles competitivos vieron crecer más su sector industrial. Y esto puede verse perfectamente en el caso de la Argentina. La convertibilidad fue exitosa para la estabilidad macroeconómica pero no para el desempeño de la actividad y el empleo industrial.

Todo eso cambió con la devaluación de 2002. En mi opinión la Argentina está en una posición interesante para utilizar esta herramienta. Por un lado el tamaño de su economía, pequeña, le permite evitar los costos y las acusaciones que recibe China por ejemplo. Y, por el otro lado, se

beneficia de la política brasileña de apreciación de su tipo de cambio.

Pero la economía global luce inestable, ¿hasta qué punto puede hoy un gobierno confiar en seguir utilizando una herramienta así?

-La administración del tipo de cambio en un nivel competitivo no es algo que un país pueda sostener de manera unilateral por mucho tiempo. No al menos si no adopta políticas complementarias. Y mucho más hoy en día con la inestabilidad global. El problema de la Argentina es que busca un tipo de cambio alto sin tener políticas monetaria y fiscal consistentes. Y eso provoca un crecimiento de la tasa de inflación por encima del resto de la región.

¿Cómo se soluciona?

-No hace solamente un banco central falta que dictamine el nivel del tipo de cambio. Es necesaria también una política monetaria apropiada para enfrentar la entrada de capitales y una política fiscal no tan laxa para evitar generar presiones inflacionarias.

¿Cómo se evita una guerra de monedas?

-El problema de la administración de las tasas de cambio a nivel global se ha vuelto más complejo con la intervención de la Organización Mundial del Comercio en los flujos de intercambio. En los últimos años hubo un cambio provocado desde China: sostener el tipo de cambio devaluado para proteger a sus industrias. Si el mundo quiere evitar que la guerra de monedas se profundice y se llegue a una situación inestable, entonces la OMC deberá relajar las restricciones que los países ricos imponen sobre el comercio global.

En la Argentina y en Brasil el crecimiento chino generó beneficios. Pero también hay temores por la primarización que ello supone, ¿cómo se evita ese fenómeno?

-Efectivamente el crecimiento chino tiene dos efectos. Por un lado aumenta la demanda de commodities y eso es bueno para las economías emergentes. Por el otro genera efectos negativos sobre la producción industrial de estos mismos países ya que se les dificulta competir con China a nivel internacional. Y esto llevó a la desindustrialización de muchas de sus economías en los últimos años. La respuesta a su pregunta, en mi opinión, consiste en evitar lo máximo posible la apreciación del tipo de cambio. ¿Ahora cómo se hace esto de manera sostenible? A través de políticas fiscales y monetarias prudentes que garanticen a un gobierno un colchón necesario para tener el tipo de cambio en un nivel que no dañe a la industria. Pero además creo que los países pueden definir políticas industriales. Y con esto no me refiero a subsidios o ayudas. Creo que en esto debemos ser pragmáticos y definir sectores estratégicos, aprovechar las ventajas de ciertas economías y hacer acuerdos públicoprivados. Deben dejarse cuestiones ideológicas de lado porque la estabilidad macroeconómica no evita la primarización que China hoy impone en el mundo y la vía que tienen países como la Argentina para evitar ese fenómeno es la reindustrialización de sus economías.

Recuadro:

¿Usted descarta una mejora de la economía de aquí a fin de año?

-No veo elementos para pensar que la situación será diferente de aquí a diciembre. En todo caso soy relativamente más optimista para Estados Unidos que para Europa.

¿Por qué se habla de una nueva recesión si no cayó ningún banco como en 2008?

Porque hoy estamos ante una recesión de tipo keynesiana. ¿Qué provoca esto? La conjunción de tres fenómenos. Primero, la retracción del consumo de los hogares. Las personas ahorran para desendeudarse y mejorar su patrimonio luego de lo de 2008. Segundo, las empresas, por su parte, dejaron de invertir como consecuencia de la demanda más débil. Tercero, los paquetes de estímulo fueron insuficientes para revertir la contracción de la actividad privada.

¿Los economistas y los mercados saben interpretar que la política maneja otros tiempos?

-Los economistas enfrentamos situaciones que muchas veces resultan muy claras desde la solución que debemos brindar. En el caso de Estados Unidos está muy claro que hace falta una nueva ronda de estímulos para reactivar la economía en el corto plazo y una consolidación fiscal que permita bajar la deuda pública en el mediano plazo. Pero vivimos en una democracia donde es muy difícil aprobar un plan de gastos e ingresos plurianual. ¿Entonces cómo hace un presidente para plantear 'déjenme gastar hoy que mañana gastaré menos'?

Con la crisis hay quienes reivindican las ideas de Keynes y otros, las de Marx. ¿Usted qué opina?

-La economía es una colección de trabajos de muchas personas y el arte de quienes hacen política económica reside en saber elegir la herramienta o la propuesta que alguien ya hizo antes. Hay circunstancias donde el remedio debe ser el que recetó Keynes y otras el de Hayek. Hay veces que vemos cosas como las describió  Marx. Lo que nos hace fracasar como economistas es la incapacidad para elegir la solución correcta. No estoy de acuerdo con los que dicen que la teoría económica en 2007 no contaba con modelos que explicaran el comportamiento de los

inversores de manera irracional y la crisis de los mercados. Esos modelos estaban y aún están.

(De la edición impresa)

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