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Microclima y grupos

Carlos Leyba Carlos Leyba 06-03-2017
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por Carlos Leyba

Es habitual que utilicemos la expresión “están en un microclima” para describir la conducta de personas con las cuales, hasta ayer no más, veíamos las mismas cosas y que las llamábamos de la misma manera. Aunque pensáramos distinto acerca de ellas.

Dejamos de ver lo mismo y entonces se presentan, por ejemplo, dos posibilidades. Una, vemos lo mismo, un animal de cuatro patas que para todos es un caballo normal, promedio. Pero los que están en el microclima ven un pony. Vemos la misma especie. Pero de diferentes dimensiones. Otro es el caso extremo: vemos un caballo y los que habitan el microclima nada que se mueva ven.

La primera diferencia sobre la realidad es de tamaño. La consecuencia es que, hablando de economía, las políticas fallan por dimensión. Si fuera un pony entraría en la pick up. Pero siendo un caballo, la buena voluntad no alcanza y hace falta un trailer o un camión. Es el problema de las políticas escasas.

La segunda diferencia que marcamos entre la sociedad y el microclima es la de la negación. No ven el caballo y recién reaccionan cuando las patadas o las atropelladas de los problemas los llevan por delante. Es el problema de la ausencia de políticas específicas.

El microclima

Pero estar en un microclima y actuar en consecuencia no es lo mismo que cinismo. Los años finales del cristinismo han sido cinismo puro. No es cierto que no supieran de la corrupción ni los dramas de la economía sino que los ocultaban mediante engaños para permanecer.

Pero, desde el punto de vista de las consecuencias sobre la realidad, el cinismo no diverge en consecuencias con las del microclima. Las consecuencias, desde el punto de vista de la formulación de las políticas, son las mismas. Las motivaciones sí son distintas. Y esa diferencia no es menor. El microclima se puede ventilar. El cinismo lo hace imposible.

Dice el diccionario de la Real Academia que el microclima es un “clima local de características distintas a las de la zona en que se encuentra”. Los hombres del microclima viven en otro tiempo y en otro espacio. Lo que ellos ven y viven no es lo que creen y viven los que están en “el afuera” o en el macroclima. Veamos.

Señales internas

Es altisimamente probable que quienes conducen en el PRO estén viviendo en un microclima. Algunos miembros del Gobierno lo han percibido. En una arenga interna, “motivacional”, de los líderes del PRO a los funcionarios, junto al Presidente, Gabriela Michetti dijo “hay que hablar con la gente porque eso nos va a sacar de los microclimas” (Clarín, 3/3/17). Una buena señal. Alguien al menos percibe que se está en un microclima y que hay que “hablar con la gente”. ¿Es el método de ventilación correcto tocar el timbre y caminar por la calle? ¿No hay un método más profesional?

Lo que nos dice la historia nacional es que, particularmente, en el quinto piso del Palacio de Hacienda se crean condiciones especiales que hacen que allí se viva muchas veces un “clima local de características distintas a las de la zona en que se encuentra”. Una manera de construir ese clima es la de cerrar la comunicación con el personal de carrera o planta permanente. Los funcionarios PRO hablan sólo con los que “saben” o los que los “entienden” que, supuestamente, son los de “confianza” que, justamente, son los que viven y alimentan el microclima.

Sólo ese clima enviciado de “confianza” explica, por ejemplo, que el ministro de Hacienda haya afirmado que “la recesión ha terminado”. Sin duda que hay “consultores independientes” que siempre están dispuestos a alimentar el microclima, lo hacen siempre, y refuerzan lo que desde adentro se genera.

Peor aún. Dice un título de El País del 2 de marzo: “Mas de 150.000 argentinos cruzan a Paraguay por los precios más bajos”.

Ese microclima es el que genera, entre miembros del Gobierno, la convicción que no sólo baja la inflación ?más allá del costo social de la baja- sino que la economía ya está creciendo. Y más aún la creencia de que aumenta el empleo, se reduce el déficit fiscal y mejora la situación externa.

Desde el microclima se le “informa” al macroclima que está pasando lo que, en el macroclima que vive en la realidad, no pasa. La ingeniosa tangente consiste en decir “estamos creciendo” pero que todavía no se siente. El auto se mueve pero sus ojos no lo perciben. La gente del microclima considera, para consolarse, que en el macroclima no hay “sensibilidad”. Se gesta un divorcio con la realidad.

Las consecuencias son riesgosas porque, convencidos que los remedios aplicados curan, se repiten las dosis de las mismas medicinas o, aún más, se aumentan. Riesgo de iatrogenia. O, considerando que no hay enfermedad, la misma progresa ante la impávida ignorancia del microclima.

Esta situación lleva a conflictos innecesarios. Por ejemplo, la que ocasiona la despistada creencia de algunos miembros del Gobierno, que la manifestación organizada por la CGT, y a la que se han sumado sectores de la pequeña y mediana empresa, se realiza por lo que desde el PRO se denomina “motivos políticos”. Para el microclima la realidad económica y social es la de una sociedad que, con problemas, está dando muestras que las cosas se están solucionando. ¿Cómo explicarles?

En consecuencia, la reacción de la CGT ?para algunos miembros del PRO- no es un llamado de atención en el sentido que hay un caballo, que no es un pony y que no lo ven y que nos va a atropellar a todos. Es decir, que el costo de vida es muy alto respecto de los salarios reales, que hay suspensiones y miedo a los despidos, que no hay una economía en marcha y que no están los remedios y que hay sobredosis de otros. Mala praxis. El microclima no ve lo que el macroclima vive. Divorcio.

La (nueva) grieta

Parados en esa mirada propia de un “clima local de características distintas a las de la zona en que se encuentra” los funcionarios del Gobierno cavan una grieta nueva y peligrosa.

La CGT no está haciendo una manifestación política, en el sentido de favorecer a un partido de oposición para “tomar el poder”. No. Esta es una manifestación que no está referida al sustantivo “poder” que es, digamos, la parte crematística de la política. Está referida al verbo “poder” que es la esencia de la virtud de la política: poder cambiar las cosas. La manifestación de la CGT es una llamada de atención al poder (sustantivo) para que ponga en marcha “el poder” (verbo) para cambiar las cosas y que las cosas que el gobierno cree que pasan se tornen realidad.

Es una marcha para reclamar poner la producción en marcha. Y que las políticas públicas atiendan a ello y que el microclima se abra finalmente a la realidad antes que sea tarde: miles de personas en la calle representan que lo que el microclima no ve existe y que, lo que el microclima ve chico, es grande. Hay un caballo, y no es un pony.

Los grupos

La segunda cuestión es que el microclima genera o se alimenta de lo que se llama “pensamiento de grupo”. Veamos.

El filósofo de Mauricio Macri, Alejandro Rozitchner, manifestó en El País su rechazo al “pensamiento crítico”. Hemos escuchado de Marcos Peña la exaltación a la homogeneidad del equipo y despidos por esa causa y el propio Mauricio Macri ha manifestado su convicción de conducir el mejor equipo de los últimos cincuenta años.

Según Irving Janis, el modelo de pensamiento de grupo lleva a la consideración incompleta de objetivos y alternativas, a falta de control de riesgos, sesgo en la selección y búsqueda insuficiente de información, y ausencia de plan de contingencia. Todo eso produce “baja probabilidad de éxito”.

Es que, dice Janis, cuando hay “pensamiento de grupo” hay sobrestimación del grupo (Mauricio), una mentalidad cerrada (Rozitchner) y presión a la uniformidad (Peña). Ejemplos de desastres estudiados por Janis: Pearl Harbour, Vietnam, Bahía de Cochinos. De a uno, ninguno de los “asesores” estaba de acuerdo, pero todos juntos votaban al error.

No hace falta demasiado esfuerzo para identificar el tema del Correo, el decreto de designación de miembros de la Corte y/o el manejo de la política económica como consecuencia del doble error de microclima y pensamiento de grupo. Negación o subestimación de la realidad, exclusión de los que piensan distinto (Isela Constantini, Alfonso Prat-Gay o Carlos Melconian), “somos los mejores”, falta de análisis de las consecuencias, marcha atrás, perdón.

Los errores enseñan. Tienen que salir del microclima, abandonar el pensamiento de grupo, ventilar el ambiente, bajar el copete y acercarse a los que están conectados con la realidad y la pueden decodificar con generosidad: ellos son, entre otros, dirigentes sindicales, Pymes, curas de parroquia, directores de escuela, clubes de barrio.

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