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Metas de Inflación: Nueva Zelanda, sin mitos

La fortaleza del régimen kiwi reside en restricciones legales que otorgan al BRNZ independencia acotada, sujeto a un riguroso régimen de rendición de cuentas. El éxito en la baja permanente de la inflación obedeció a la credibilidad en este marco normativo. ¿Podremos?

Héctor Rubini Héctor Rubini 13-06-2016
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por Héctor Rubini (*)

El Banco de la Reserva de Nueva Zelanda (BRNZ) fue el primero en implementar un régimen de Metas de Inflación. Con adaptaciones, fue progresivamente adoptado por varios países y, en su mayoría, con resultados satisfactorios. Dado que el BCRA instrumentaría sus Metas de Inflación el año próximo, vale la pena echar una mirada a la versión pionera y original de este régimen.

El 20 de diciembre de 1989, el Parlamento neocelandés aprobó por unanimidad la nueva Carta Orgánica del BRNZ, vigente hasta hoy. Esa ley era parte de un agresivo proceso de reforma del Estado, para delimitar con claridad objetivos y responsabilidades de cada agencia del gobierno, e implantar un riguroso régimen de rendición de cuentas. Este fue uno de los pilares de las políticas pro-mercado de Sir Roger Douglas, ministro de Finanzas de origen laborista, que pusieron fin a más de noventa años con elevada intervención del Estado, y relativamente alta inflación.

¿Independencia? La carta orgánica del BRNZ establece en su artículo 8° que la función primaria (no exclusiva) de la entidad es “formular e implementar una política monetaria dirigida hacia al objetivo económico de alcanzar y mantener la estabilidad del nivel general de precios”. Por el artículo 9°, las Metas de Inflación son acordadas entre el titular del BRNZ y el ministro de Finanzas. Se prevé en el artículo 10° que, al implementar la política monetaria, el BRNZ tenga en cuenta la estabilidad y solidez del sistema financiero, y que el titular del BRNZ consulte a terceras personas para alcanzar y mantener el objetivo de estabilidad de precios. El artículo 12° permite al titular del BRNZ, por orden del Consejo Monetario de la entidad o por recomendación del ministro de Finanzas, orientar la política monetaria hacia otros objetivos aparte de la estabilidad de precios por hasta doce meses.

En la práctica, el titular del BRNZ debe negociar y suscribir con el ministro de Finanzas un Acuerdo de Metas de Política (PTA, en inglés), que deben incluir un objetivo de tasa de variación máxima del nivel general de precios. No hay, entonces, independencia total del BRNZ respecto del responsable de la política fiscal, pero tampoco subordinación: el BRNZ no tiene obligación alguna de seguir directivas del Gobierno incoherentes con su meta de inflación. En caso de desacuerdo, puede anular esas directivas por doce meses y renegociar un nuevo PTA. En este país, entonces, no hay independencia de objetivos, aunque sí de instrumentos de política monetaria: los puede elegir el BRNZ sin intervención o influencia de otros organismos o personas externas al mismo.

Actualmente, el BRNZ publica el sendero anticipado de tasas de interés objetivo a 90 días, con escenarios alternativos, comentarios sobre las perspectivas de la política del propio banco, y discusión de sus riesgos inherentes. Desde 2002 apunta a una inflación anual en una banda entre 1% y 3%, con referencia explícita al promedio (2%) como meta central desde el 2012.

En materia cambiaria, el artículo 17° permite al ministro de Finanzas ordenar al banco que intervenga en transacciones en moneda extranjera para influir sobre el tipo de cambio. Ese ministro además tiene, según el artículo 18°, el poder de establecer los tipos de cambio para tales intervenciones y revocar algunas operaciones del BRNZ que se desvíen de los objetivos del ministro. Las mismas tienen que ser coherentes con la meta de estabilidad de precios. En caso de no serlo, el artículo 22° habilita al titular del BRNZ a suspender esas intervenciones. Esto, más que interdependencia, es cierto grado de subordinación de la autoridad monetaria al de Finanzas en materia cambiaria, pero el BRNZ mantiene autonomía respecto de los instrumentos.

Respecto del eventual incumplimiento de las metas, el responsable directo ante el Gobierno es el gobernador del BRNZ. El directorio no tiene explícitamente en su misión y funciones nada taxativo respecto de la formulación o ejecución de políticas. Su rol no es el de coadministrar la política monetaria, sino la de monitoreo y contralor, en nombre del Gobierno, de lo que haga el gobernador del BRNZ.

A diferencia del BCRA, entre otros, su rol es el de actuar como agente del Gobierno para asegurar el cumplimiento de las metas de política. Esto es, entonces, una forma directa de control y rendición de cuentas, aunque restringe la “independencia” de la entidad. Si no se cumple con las metas del PTA, el gobernador del BRNZ puede ser removido por el ministro de Finanzas o el directorio del BRNZ puede solicitar su destitución.

Los resultados

El resultado ha sido muy satisfactorio, si bien no han faltado serios desvíos de la meta oficial entre 1994 y 1999, y entre 2006 y la actualidad. Entre 1986 y 1990 la inflación anual promedio fue de 8,9% (en Argentina, 1.382,3%), luego cayó entre 1991 y 2000 a 2,9% promedio anual (11,8% en Argentina), en la década siguiente a 2,8% (10,6% en nuestro país), y entre 2011 y 2015 a 1,1% (13,8% en Argentina).

En otros aspectos, el desempeño económico de este país no ha sido espectacular, pero sí más estable que el del nuestro. El crecimiento promedio anual del PIB entre 1986 y 1990 fue 1,5%, subiendo en los años '90 a 3,1% para luego caer en la década pasada a 2,7%. Entre 2011 y 2015 subió apenas a 2,9%. A su vez, la tasa de desempleo aumentó de 7,3% en 1989 a 10,7% en 1993 y desde entonces descendió de manera permanente hasta 3,7% en 2007. Luego creció a 6,9% en 2012, cayendo a 5,8% en 2014 y 2015. En cuanto a la inversión bruta interna fija, su relación respecto del PIB ?promedio anualentre 1990 y 2015 ha sido de 22,2%, mientras que en Argentina fue de 17,0%. El PIB per cápita de Nueva Zelandia en 2015 ascendió U$S 37.045, superando en un 173% al de Argentina. Ahora bien, entre 1989 y 2015 el PIB per capita de Nueva Zelandia creció, punta a punta, 184,7%, siendo superado por Argentina: 342,6%.

Observaciones finales

La fortaleza del régimen de Nueva Zelandia, en definitiva, reside en restricciones legales que otorgan al BRNZ independencia acotada, sujeto a un riguroso régimen de rendición de cuentas. El éxito en la baja permanente de la inflación obedeció a la credibilidad en este marco normativo, que ha eliminado toda posibilidad de emisión monetaria imprevista, y en particular para financiar al fisco.

Es claro, entonces, que si nuestro país aplicará desde 2017 un sistema de Metas de Inflación, requerirá una profunda reforma de la Carta Orgánica del BCRA para asemejarse, al menos, al del país de los All Blacks. Ciertamente, sugerir que en la materia el Gobierno argentino optó ya por “adoptar” o “seguir” el modelo neozelandés es, hoy por hoy, una expresión de deseos carente de realismo alguno.

(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL.

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