Las pymes se asoman a una tormenta perfecta. Demanda débil, costos por las nubes, tasas de interés prohibitivas para acceder al financiamiento y presión récord de importaciones conforman un escenario tan desafiante que, de persistir, amenaza con dejar en el camino a una legión de pequeñas y medianas empresas industriales.
"El acomodamiento de la macroeconomía es muy importante, pero entre el aumento de las tasas y las dificultades para competir contra el ingreso de productos importados debido a la alta presión tributaria, las pymes hoy solo están concentradas en sobrevivir", dijo a El Economista Dino Minnozzi, secretario de Industria de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).
"Una forma de sobrevivir es sustituir producción por importaciones: si bien eso implica que haya menos gente trabajando, al menos permite que algunas empresas puedan resistir hasta que cambie el panorama", agregó.
Las condiciones que azotan a las pymes industriales empeoraron en los últimos dos meses. Por un lado, las ventas en el mercado interno se enfriaron. Si bien los salarios del sector formal ya venían perdiendo la carrera contra la inflación desde comienzos de año, esa falta de impulso se había compensado con el incremento de las compras en cuotas. De la mano de la desaceleración de la inflación y la vuelta del crédito, en los primeros meses del año las ventas de bienes durables, desde electrodomésticos a automóviles y motos, saltaron con fuerza. Sin embargo, el repentino incremento de las tasas de interés desde mediados de julio dirigido a evitar que los pesos corran al dólar tras el errático desarme de las LEFIs también detuvo ese impulso.
Con un costo financiero total que llega hasta el 140% anual en el financiamiento del consumo en bancos de primera línea, el freno no solo está atado al salto de las tasas de interés, sino también al acelerado deterioro de la cartera. Según datos del Banco Central, en junio la morosidad de los préstamos a las familias ya superó el 5%, el nivel más alto de los últimos 16 años.
En todo caso, la abrupta suba de tasas no solo impacta sobre las pymes en el freno al consumo. Otro efecto clave es el virtual cierre de las fuentes de financiamiento. Con un costo que supera al 80% anual -más del triple de la inflación proyectada para los próximos doce meses-, desde julio se frenaron los adelantos de cuenta corriente, el crédito de corto plazo que los bancos otorgan a las empresas para cubrir faltantes de liquidez para sus operaciones diarias. En la misma línea, en su informe de Pagos Minoristas el Banco Central indicó que en lo que va del año se duplicó la cantidad de cheques que no pudieron ser compensados por falta de fondos suficientes.
Sin embargo, aún con el acceso al financiamiento vedado y ventas estancadas o en caída, no se anticipa un quiebre, al menos en el corto plazo, de la cadena de pagos. "Lo que más valoran las pymes del ordenamiento macroeconómico es la caída de la inflación: no es lo mismo recibir hoy valores a 90 días que lo que implicaba hacerlo hace dos años, cuando esperar ese plazo directamente impedía recomponer la mercadería", dijo Minnozzi. "No obstante, los problemas en la cadena de pagos sí se generalizarían si la situación actual de amesetamiento del consumo y la desaparición del financiamiento bancario no se revirtieran rápidamente", añadió.
Esas dificultades para la operación del día a día de las pymes se montan sobre otros impactos que ya eran evidentes, como el incremento de los costos. En esa línea, la actualización de las tarifas de los servicios públicos llevó a que el precio de la energía, especialmente el gas, pasara a ser una variable clave en el esquema económico-financiero de las pymes industriales. Según el Observatorio de Tarifas y Subsidios IIEP elaborado por UBA/Conicet, entre diciembre de 2023 y julio la tarifa de gas natural se incrementó 1.545%. "Le solicitamos al gobierno una disminución del IVA en la energía: si hace un año pagábamos $100 de energía que tenía 27% de IVA y hoy pagamos $700 y seguimos pagando el 27% de IVA, ahí hay una carga extra", señaló Minnozzi.
Estrategias defensivas
En ese escenario en que los niveles de rentabilidad son, en el mejor de los casos, muy bajos, el grueso de las pequeñas y medianas empresas industriales viene implementando estrategias meramente defensivas. De acuerdo a la Encuesta Coyuntural del segundo trimestre elaborada por la Fundación Observatorio Pyme, el 67% de las firmas está poniendo el foco en la reducción de costos, lo que incluye desde disminución de personal hasta la sustitución de producción por importaciones.
La reconfiguración acelerada de la operatoria de las pymes industriales en este contexto de apertura es más marcada en algunos segmentos. En el rubro "Muebles, madera, corcho y paja" el 16,4% de las empresas reemplazó producción propia de bienes terminados por importaciones, mientras que en la metalmecánica esa tendencia alcanzó al 14,2% de las empresas, según la encuesta de la Fundación Observatorio Pyme. En tanto, en el segmento de "Sustancias y productos químicos, caucho y plástico", un 29,2% de las compañías ya reemplazó por importaciones a insumos, materias primas y bienes intermedios de origen local.
Aún con ese giro, muchas pymes industriales corren el riesgo de no poder adaptarse al nuevo escenario. La apertura bajo las condiciones actuales amenaza con sacar de la cancha a empresas que participan sobre todo en los rubros textil, calzado, siderurgia y metalmecánica. "Hay dos tipos de empresas: las que se armaron para trabajar en una economía cerrada, que lamentablemente no creo que tengan mucha subsistencia, y aquellas que están preparadas para competir pero a las que también se les hace muy difícil salir adelante con estas condiciones tributarias", dijo Minnozzi. "En este proceso habrá empresas que queden en el camino".
Ante ese panorama, las entidades que representan a las pymes vienen reclamando medidas urgentes que les permitan competir en mejores condiciones. Desde CAME, por ejemplo, están planteando cuatro ejes: reducir la carga tributaria tanto de la Nación como de las provincias y municipios; revisar la litigiosidad del sistema laboral argentino con la implementación de un fondo de cese laboral controlado por la Superintendencia de Seguros; disminuir los costos logísticos que tienen una fuerte carga impositiva más el componente sindical; y, por último, quitar impuestos sobre la factura energética para recortar ese costo.
Esos planteos están lejos de ser novedosos, pero ante el actual escenario se tornan urgentes. "Las pymes, en general, están muy conformes con el acomodamiento de la macro, la baja de la inflación y el superávit fiscal, pero hoy están atravesando una tormenta perfecta", dijo Minnozzi. "Hoy el instinto que prima entre las empresas es el de supervivencia con la expectativa de que la situación alguna vez se termine de acomodar".

