La regulación de la información y el desafío de la comercialización

Cabe al sector público y al sector privado buscar el balance entre la regulación de la información al consumidor y los obstáculos de la comercialización

07-06-2017
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Por Pablo Gopp Integra el equipo de especialistas del área de negocios de

Comercio Exterior de Thomson Reuters para la región Latinoamérica

Históricamente, el arancel de importación ha sido uno de los principales desafíos para el comercio internacional. En los últimos años estas tasas se han reducido a su más bajo nivel histórico gracias al aumento de acuerdos comerciales bilaterales, regionales y multilaterales, tomando mayor relevancia las diferentes medidas no arancelarias que los bienes deben cumplir antes de entrar al mercado de destino. Los ejemplos más comunes son las licencias de importación, requerimientos de calidad, inspecciones y control de precios.

Así es como las regulaciones nacionales se han vuelto más importantes que nunca, siendo muchas veces utilizadas por los gobiernos como instrumentos de política comercial, generando efectos ambiguos en el comercio, ya que por un lado pueden ayudar a elevar la confianza del consumidor respecto a la calidad del producto importado, pero también puede elevar los costos y dificultar el acceso a los mercados.

La industria alimenticia

Cuando la Organización Mundial de Comercio (OMC) sustituye al GATT en 1995, entran en vigor los acuerdos sobre Obstáculos Técnicos al Comercio (Acuerdo OTC), abarcando cuestiones técnicas relacionadas al envase, embalaje, marcado y etiquetado, teniendo como objetivo asegurar que estas cuestiones no generen obstáculos innecesarios al comercio internacional, aunque reconoce que todos los gobiernos tienen el derecho a tomar las medidas necesarias para asegurar que se cumplan sus objetivos legítimos.

Desde entonces, la protección de la salud en relación al etiquetado en alimentos y bebidas ha sido un tema de preocupación, tanto para los gobiernos enfocados en combatir la obesidad y de desalentar hábitos alimentarios perjudiciales para la salud, como para la industria, reformulando y/o desarrollando nuevos productos más acordes a esta realidad.

En la práctica, y especialmente en nuestra región, esta facultad de cada país de regular de acuerdo a sus organismos de salubridad es tema regular de debate por el comité de OTC de la OMC bajo la denominación “preocupaciones comerciales específicas”, y que si bien atiende reclamos de diferentes industrias, los puntos relacionados al etiquetado de alimentos y bebidas ocupa la primera ubicación con el 23% de presentaciones desde la formación del comité, siendo las advertencias sanitarias aplicadas a los alimentos, un punto que genera especial debate, debido a que las cantidades recomendadas no siempre están basadas en datos científicos o normas internacionales reconocidas.

Una alimentación sana

Los hábitos alimentarios son influidos por diferentes factores como los ingresos y preferencias de cada individuo, el precio y disponibilidad de los alimentos, y los factores geográficos y ambientales que interactúan constantemente generando los hábitos individuales de alimentación.

Generar un entorno alimentario saludable, con una dieta diversificada, equilibrada y sana requiere de la participación tanto del sector público como privado. Por su lado, los gobiernos desempeñan un papel fundamental en la creación de un entorno alimentario saludable que permita al individuo adoptar y mantener hábitos alimentarios sanos a través de medidas como la promulgación de normas que fomenten hábitos de alimentación saludables y que garanticen la disponibilidad de alimentos sanos, inocuos y asequibles, y las campañas de sensibilización y capacitación para comprender los diferentes elementos y los valores recomen dables de una dieta equilibrada.

La información nutricional

El punto más visible de la información nutricional de un alimento es la etiqueta, principal elemento para ayudar al consumidor a elegir los alimentos que más le convienen. La información que debe recibir el consumidor debe ser no sólo rigurosa sino también comprensible, y para que esta información sea eficaz es imprescindible dotar al consumidor de los conocimientos mínimos sobre términos nutricionales.

Diferentes investigaciones, como las realizadas por el Consejo Europeo de Información sobre Alimentación (EUFIC) revelan que, a pesar de que la mayoría de los consumidores demuestran tener nociones bastante aproximadas sobre términos nutricionales como calorías, grasas o carbohidratos, aún existe una importante confusión relacionada a otro tipo de valores que son también parte importante de los alimentos.

El mismo estudio sostiene que pocos consumidores leen las etiquetas, y que la mayoría carece de la formación necesaria para tomar decisiones basadas en la información puramente alimentaeia. Muchas veces la terminología ? más que ayudar ? provoca confusión, generando poca motivación a la hora de utilizar la etiqueta como guía para poder llevar una dieta sana. Los expertos concluyen que las etiquetas actuales no son ni sugerentes ni motivadoras y que las principales barreras se refieren a la complejidad de la terminología utilizada.

En nuestro país, hubo intentos para copiar el sistema de semáforo nutricional, similar al empleado en Reino Unido desde 2013 e instaurado al año siguiente en Ecuador. La propuesta generó críticas no solo desde los sectores comerciales que pueden verse afectados, sino también desde una mirada técnica, ya que una simplificación extrema como la que promueve podría provocar confusiones y desalentar la ingesta de productos necesarios para una alimentación variada, balanceada y completa.

Unificando criterios

Si bien existen algunos intentos para crear un esquema común de etiquetado sobre nutrición, como por ejemplo la recomendación publicada por la Asociación Europea de Fabricantes de Alimentación y Bebidas (CIAA), la cual propone unificar criterios de etiquetado, en nuestra región, salvo casos específicos, las normas de rotulado de alimentos están armonizadas a nivel Mercosur. Según Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL), este ámbito brindaría el espacio adecuado para generar el debate oportuno y analizar la manera de brindar información relevante al consumidor. No obstante, el actual modelo de regulación brinda facultades para que cada país siga regulando la información nutricional de los alimentos comercializados localmente, de acuerdo a sus propios organismos de salubridad.

Frente a este desafío, cabe al sector público y al sector privado buscar el balance entre la regulación de la información al consumidor y los obstáculos de la comercialización, sin perder de vista el objetivo de la regulación y el rotulado de los productos alimentarios: proteger al consumidor y nutrirle con la información necesaria para que tome decisiones en favor de su salud y bienestar.

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