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La inversión será US$ 80.000 M en 2016 (15% del PIB)

01-11-2016
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Durante el primer semestre, la inversión se contrajo 4% respecto a igual período de 2015. “Históricamente, la inversión y el PIB suelen moverse en la misma dirección”, explica un informe, difundido ayer, cuyo autor pide off the record. “Era esperable que en la primera mitad de 2016, con una caída del 2% en el producto, la inversión también reaccionara negativamente”, agrega y sostiene que “si bien la contracción de la inversión reviste cierta preocupación, no se trata de un comportamiento anormal en el marco de un año recesivo”. Pasó en las recesiones de 2009, 2012 y 2014 y, más atrás en el tiempo, en la crisis de 2001 y en 1995 con el efecto tequila.

Pese a la caída agregada, el informe destaca como positivo (y algo anómalo) que el gasto en maquinaria y equipo y en transporte registraron aumentos interanuales durante la primera mitad del año (+3% y +1%, respectivamente). “Podría ser una señal positiva con respecto a las expectativas de los inversores”, agrega el informe.

Según datos oficiales, en el año se han producido anuncios de inversión, que se realizarán entre 2016 y 2019, por nada menos que US$ 53.000 millones. Si se divide el monto anunciado por cuatro, esto significa un promedio anual de US$ 13.000 millones, apenas 16% de lo realizado en 2016. “Un monto de inversiones como el anunciado no es suficiente como para poner en marcha a una economía que quiere comenzar a transitar el camino desde un crecimiento basado en el consumo a uno basado en la inversión”, dice el informe al que accedió El Economista.

El Gobierno apunta hacia una normalización macroeconómica que permita reducir fuertemente el riesgo soberano y mejorar el clima de negocios. Si bien ha logrado avances (por caso, desde el fin del conflicto con los holdouts el riesgo soberano se ha reducido desde un máximo de 580 puntos básicos hasta 450 hoy, o el exitoso mini- Davos), “no son determinantes sobre el comportamiento de la inversión”. El driver es obvio. “Deberá recuperarse la demanda”.

Asimismo, tiene que acompañar la Inversión Extranjera Directa (IED). “La evidencia empírica muestra que la inversió interna de países emergentes además de estar vinculada positivamente al ahorro está influenciada por la IED. Existe un efecto de crowding in de la inversión extranjera hacia la local. Según un estudio del FMI, cada punto adicional de IED como porcentaje del PIB incrementa en 0,55 punto la tasa de inversión doméstica con respecto al PIB”, agrega, y sugiera que la desinflación también ayudará a levantar la tasa de inversión.

La IED se ubicará en torno a los US$ 2.600 millones en 2016, un incremento frente a lo registrado en 2014 y 2015 (+50% y +90%, respectivamente), y un monto similar al registrado en 2013. A pesar de esto, “en porcentaje del PIB, la IED será de apenas 0,5%, lo que compara con niveles de IED cercanos al 2% del PIB para el promedio regional”. El gap contra ese benchmark no es menor: hay que llegar a US$ 12.000 millones anuales.

“Para poder crecer sostenidamente, Argentina necesita incrementar su stock de capital y, para ello, necesita invertir más. Si asumimos que en el segundo semestre de este año la inversión se ha mantenido relativamente constante frente al primero, cerrará el año en torno a los US$ 80.000 millones (15% del PIB)”, agrega. Todavía falta.

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