Reforma

La informalidad laboral no cede

El interrogante es si las reformas planteadas por el Gobierno de Javier Milei revertirán ese escenario o lo profundizarán.

Los trabajadores informales están más expuestos a los shocks cíclicos de la economía y sufren más inestabilidad laboral
Los trabajadores informales están más expuestos a los shocks cíclicos de la economía y sufren más inestabilidad laboral
Gustavo Stok 7 agosto de 2025

La informalidad laboral avanza. Lejos de los abruptos cambios de tendencia que se han ido registrando en varios rubros de la economía desde fines de 2023, la sostenida alza que muestra la participación de los empleos en negro y de baja calidad dentro del mercado del trabajo se profundizó en lo que va del Gobierno de Javier Milei.

Por un lado, el número de trabajadores en blanco viene cayendo. De acuerdo a datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) que elabora la secretaría de Trabajo, entre noviembre de 2023 y abril pasado la cantidad de asalariados registrados, tanto privados como públicos, pasó de 10.346.900 a 10.088.600, una caída de 258.300

A contramano de la retórica del Gobierno dirigida al uso de la motosierra en el Estado para aliviar las cargas en el sector privado, la caída en ambos segmentos fue similar. De hecho, mientras la cantidad de trabajadores privados se redujo en 126.400, la de los empleados públicos cayó en 109.300.



En sentido opuesto al descenso de los puestos de trabajo en blanco, vienen creciendo los empleos en negro. Según un relevamiento del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), de la Fundación Mediterránea, desde diciembre de 2023 a abril pasado el número de trabajadores informales creció 14%. En línea con esas tendencias, la organización Fundar estimó que de los 8,8 millones de trabajadores que están fuera del circuito formal, 5,5 millones son asalariados. El resto -unos 3,3 millones- son cuentapropistas, esto es, personas que ni siquiera alcanzan a inscribirse como monotributistas o autónomos.

"La informalidad asalariada y el cuentapropismo son un refugio frente a la no generación de puestos de trabajos formales", dijo a El Economista Roxana Maurizio, directora del Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) de la UBA-CONICET. "A simple vista, el monotributo parece una vía fácil para formalizar el empleo independiente por cuenta propia, pero lo cierto es que seis de cada diez cuentapropistas ni siquiera están en esa categoría tributaria, lo que marca la vulnerabilidad y la precariedad laboral que acompaña a esta categoría de trabajadores".  

Las líneas cruzadas conformadas por la caída del empleo en blanco, por un lado, y el salto de los cuentapropistas y de los asalariados no registrados, por el otro, impulsó en el primer trimestre a la tasa de informalidad laboral al 42%, por arriba del 40,8% del mismo período del año pasado, según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Esa tendencia al alza del empleo precario y de baja calidad fue lo que permitió moderar el incremento del índice de desocupación, que pasó del 7,7% en el primer trimestre de 2024 al 7,9% en el mismo período de este año. 



Efectos

Más allá de sus causas, la elevada informalidad tiene múltiples derivaciones. La más evidente es la penalidad salarial que sufren los trabajadores "en negro" con respecto a asalariados con similares características personales y del puesto de trabajo pero que están registrados. "En promedio, la penalidad por informalidad es del orden del 41%. Esto quiere decir que si un trabajador formal obtiene un ingreso mensual de $100.000, uno informal con igual nivel educativo, igual edad, igual sexo, en la misma región, trabajando en la misma rama de actividad, misma categoría ocupacional y en una empresa de igual tamaño obtendrá una remuneración mensual de $59.000", señala un informe del EDIL de la UBA publicado en junio pasado. 

"El trabajador informal cobra un salario inferior en gran parte porque está excluido de la discusión paritaria, de la normativa del salario mínimo y de toda la legislación que afecta al salario de los trabajadores formales", agregó Maurizio. Esas condiciones son también las que estrechan la relación entre informalidad y trabajadores pobres. De acuerdo al informe de la UBA, mientras en el primer quintil de ingresos laborales -el 20% de trabajadores con menores salarios- la incidencia de la informalidad supera el 80%, en el otro extremo -en el 20% de mayores salarios- la incidencia se reduce al 9%. 

A esos impactos se agregan los efectos sobre la economía en general. "En el corto plazo, los trabajadores informales están más expuestos a los shocks cíclicos de la economía y sufren más inestabilidad laboral, además de no tener acceso a la cobertura de la seguridad social de la salud", dijo María Laura Caullo, investigadora del IERAL. "Más a largo plazo, el aumento de la informalidad también pone en jaque la sostenibilidad del sistema previsional: la baja tasa de aportantes respecto a la cobertura de beneficios que hoy otorga el sistema desequilibra las cuentas", agregó.   



Reforma sí, pero ¿qué reforma?

El crecimiento de los empleos informales o precarios a mayor velocidad que los puestos de trabajo registrados está lejos de ser una novedad en Argentina. El estudio del IERAL relevó que entre 2014 y 2024 el empleo total creció un 20%, un alza que implicó la incorporación de 3,6 millones de trabajadores. No obstante, mientras en ese período el empleo asalariado privado registrado se mantuvo prácticamente estancado -solo creció 2%-, la cantidad de trabajadores informales saltó un 49%. 

Ante ese panorama, los principales funcionarios del Gobierno, desde el Presidente hasta el ministro de Economía, Luis Caputo, y el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, vienen sosteniendo que la reforma laboral será una de las prioridades en la segunda etapa del actual mandato. Luego de que varios cambios contenidos en la Ley Bases fueran frenados por amparos judiciales que suspendieron su implementación, el Gobierno apunta a salir fortalecido de las elecciones parlamentarias del 26 de octubre próximo para, entre otras cuestiones, insistir con esas reformas. 

En todo caso, esos planteos prometen abrir discusiones profundas. Entre las reformas que dejó trascender el Gobierno asoman algunas muy controvertidas, como la creación de fondos de cese laboral en reemplazo a la indemnización tradicional por despido, la extensión del período de prueba para nuevos contratos, la eliminación de sanciones y multas para los empleadores a quienes se les detecten trabajadores sin declarar, la descentralización de las negociaciones colectivas y la creación de la figura del "trabajador independiente con colaboradores", que no genera obligaciones laborales para titulares de pequeños emprendimientos que tomen personal.



"Las reformas que se postulan no parecen, al menos cuando se las plantea de manera aislada, que vayan a reducir la informalidad", dijo Maurizio, de la UBA. "Además de abaratar la relación laboral formal, habría que encarecer la informal, y eso no se está viendo: si, por ejemplo, se avanza con la disminución en las multas o penalidades por tener un trabajador informal, los incentivos para formalizar un trabajador caerían".

Para Caullo, la gran pregunta a responder es qué le pasa al mercado laboral para que haya un gran número de personas que trabaje en relación de dependencia pero sin registro. En esa línea, apunta a los altos costos laborales no salariales y a un marco regulatorio poco amigable a la inversión que lleva a que las firmas opten, en el mejor de los casos, por mantener las dotaciones de empleo formal en lugar de expandirlas. Sin embargo, señala que reformas integrales como la laboral requieren de consensos para hacer un diseño que contemple toda la heterogeneidad de Argentina. "La idea de la reforma está, pero ahora hay que bajarla a la realidad", dijo Caullo. "No hay fórmulas mágicas". 

En todo caso, los cambios también deberán ajustarse a un contexto signado por la apertura de la economía en marcha y a un esquema que prioriza a sectores que no son altamente demandante de empleo, como la minería y los hidrocarburos. "Por supuesto que parte de la legislación laboral ha quedado antigua con el avance de la tecnología y hay que rediscutirla", dijo Maurizio. "El punto es en qué marco macroeconómico se discuten esas reglas de juego: dos tercios de la informalidad laboral están concentradas en pymes y micro empresas para los cuales el mayor problema no son los costos laborales, sino un tema productivo y de competitividad".



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