La flotación cambiaria está bien y ganar las elecciones, todavía mejor

La abrupta suba del dólar de la semana pasada encendió alarmas en el oficialismo, y sobre todo en La Plata

03-08-2017
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Por Juan Radonjic

La abrupta suba del dólar de la semana pasada, en plena recta final de la campaña electoral, encendió luces de alarma en el oficialismo. Y sobre todo en La Plata . El impacto en la tasa de inflación y la sensación de descontrol de un precio muy sensible para la cultura argentina, justifican la preocupación, que fue transmitida por María Eugenia Vidal a Mauricio Macri.

Luego de algunas vacilaciones iniciales, el BCRA salió el viernes pasado a frenar la suba. La advertencia que hizo  Vidal sobre el impacto en el humor social y, consecuentemente, en la conducta de los votantes fue suficiente para que la autonomía de Reconquista 266 se tomase un descanso, por los menos,  hasta las primarias.

Aún así, el BCRA  no abandonó su retórica y sostuvo que su intervención se produjo para frenar una “dinámica disruptiva” en el mercado cambiario. Más allá de la validez del argumento , en el ala política del Gobierno preocupaba la “dinámica disruptiva” de las urnas. La flotación cambiaria está bien, pero ganar elecciones está todavía mejor.  Vidal y sus colaboradores seguramente no piensan lo mismo que el BCRA  sobre el impacto de los movimientos del dólar en los precios. “Podemos discutir si va a haber más o menos traspaso, pero no discutir lo inevitable”, explican en La Plata. Y no quieren dejar pasar el tiempo para, eventualmente, demostrar que tienen razón porque para ese entonces la tasa de inflación estaría un poco más alta y Cristina Kirchner, de festejo.

Por cierto, las necesidades y los tiempos son distintos. Federico Sturzenegger quiere construir credibilidad, y eso lleva tiempo, pero Vidal quiere ganar elecciones y eso se define dentro de diez días.

Además, si la suba del dólar se explica, en parte, como consecuencia del ascenso de Cristina en las encuestas sobre intención de voto, se trataría de un hecho político y, por lo tanto, la respuesta también debía darse en ese plano.

El contexto

La situación planteada con relación al dólar se inscribe en un debate más amplio sobre la influencia de la economía en los comportamientos electorales.  En el oficialismo, desde hace un tiempo, están resignados a la neutralidad electoral de la economía. Es decir, que no recibirán el aporte de nuevos votantes por lo que hicieron en materia económica, pero que tampoco hay motivos para pensar que vaya a haber un “voto castigo” por parte de quienes los acompañaron en 2015. Su preocupación es que una escalada del dólar pueda romper ese equilibrio y que entonces la economía empezase a jugar un papel claramente adverso para las  aspiraciones electorales de Cambiemos.

Muchos funcionarios están convencidos de que en octubre la economía estará mejor que en  agosto y que, por lo tanto, entre las primarias y las generales podría pasar de modo neutral a modo favorable. Suponen que la tasa de inflación será menor y que el nivel de actividad, así como la creación de empleo, estarán en ascenso junto a una suave recuperación de los ingresos.

Si esos pronósticos se cumplen, para octubre la economía podría ayudar al oficialismo y complicar la estrategia electoral de la oposición.  Cristina centra su campaña en cuestionar la política económica del Gobierno y siempre aparece rodeada de quienes representarían a las víctimas del ajuste.  Pero una mejora de la economía debilitaría a su eje casi excluyente de campaña dadas sus obvias limitaciones para referirse a temas como la calidad institucional, la inseguridad o la corrupción.

Mientras tanto, se seguirán registrando movimientos en los mercados financieros asociados a cierta incertidumbre política. Así es siempre, en Argentina, y en todos los países. También el real se mueve al compás de la crisis política en Brasil y el dólar se cae frente al resto de las monedas luego de cada fracaso de Donald Trump en el Congreso.

En el resto de la economía, los vaivenes son menores, como lo demostraron diversos indicadores en los últimos días, que dieron cuenta de mayores ventas de inmuebles y autos , entre otros rubros.

Pero así como la economía puede ser neutral para determinar el comportamiento de los votantes en agosto, en el Gobierno creen que un mal resultado electoral puede ser negativo para la economía en los próximos meses y complicar sus chances en octubre. Por eso, la suba del dólar encendió tantas alarmas y, por ende, no cabría esperar una semana similar a la anterior hasta octubre.  Evitar el atraso cambiario es un  objetivo razonable, pero debe lograrse sin saltos abruptos.

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