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La apertura comercial, entre el empleo y la lucha contra la inflación

Una importación indiscriminada contribuiría a bajar los precios pero sería nociva para el mercado laboral y la actividad económica.

02 agosto de 2016

El levantamiento de las restricciones a las importaciones y el régimen implementado por la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) para la compra puerta a puerta de productos del exterior abrieron la discusión en torno a los beneficios y perjuicios que traerá la apertura de la economía.

Según sus defensores, entre los que se encuentran las autoridades económicas nacionales y un buen número de economistas, servirá para el reordenamiento de la macroeconomía en su conjunto y presionará a las empresas a que intenten mejorar sus índices de productividad. Según sus críticos, entre los que se destacaron entidades como CAME, las nuevas medidas desmantelarán la actividad industrial, incapaz de competir con productos que vendrán del exterior a precios muchos más baratos.

En medio de ese debate, Ecolatina publicó un informe que aborda el tema. “Más allá de que los cambios que permite la nueva resolución no sean suficientemente profundos como para poner en riesgo real a las empresas de sectores como la electrónica o el textil (incluso si las compras puerta a puerta volvieran a niveles como el observado en 2012, máximo de la serie, no lograrían superar el 5% de las importaciones totales) ?sostiene? la discusión pone de manifiesto la necesidad de establecer claramente qué tipo de política comercial se llevará adelante en los próximos años”. “Saber hacia dónde se dirige dicha inserción es relevante para determinar qué pasará con la inversión y el empleo en los sectores que compiten con las importaciones”, asegura.

En ese sentido, la consultora señala que, a diferencia de los años recientes, “la restricción externa no se presenta como un limitante al crecimiento en el corto plazo” y reconoce que “dado este contexto, se entiende que el esquema de protección comercial del gobierno haya cambiado”.

En lo que va del año, lejos de crecer, las importaciones en su conjunto cayeron. Sin embargo, sí crecieron las ramas vinculadas a los bienes de consumo ?y en algunos sectores en particular?. “Considerando que una gran parte de la mejora en la competitividad alcanzada tras la salida del cepo se erosionó, es lógico que estas variaciones en productos importados enciendan luces de alerta en las industrias trabajo intensivas. Dado que el salario es un componente muy alto en sus costos, a las mismas les es imposible competir libremente con las mercancías producidas en países con salarios en dólares bajos. En los últimos meses se observó una aceleración de las importaciones en industrias sensibles. Por caso, en el segundo trimestre las importaciones textiles treparon 11% interanual, las de juguetes 45% interanual, y tanto las de calzado como las de marroquinería 47% interanual”, sostiene el informe.

Así, advierte a la consultora, aunque “una apertura indiscriminada de las importaciones contribuiría en la lucha del Gobierno contra la inflación”, también “sería nociva en términos de empleo y actividad”.

“La entrada de productos a bajo costo desde el extranjero actuaría como un freno real al poder de fijación de precios existente en mercados oligopólicos. A la vez, que el ingreso de mercancías a menor costo que las producidas internamente ayudaría a estabilizar el nivel de precios (si suponemos que los mismos son inflexibles a la baja)”, describe.

Sin embargo, apunta también que “una liberalización del comercio exterior sería nociva en términos de empleo y actividad”. “Imposibilitados de competir, diversos productores deberían cerrar sus puertas incrementándose la tasa de desocupación como sucedió durante la convertibilidad. Cabe destacar que, si bien parte de los trabajadores podría ser absorbido por otras actividades, difícilmente esto suceda para la totalidad de los mismos. Asimismo, diversos emprendedores que hicieron inversiones en los últimos años proyectando una protección al mercado interno (ya sea por un tipo de cambio real competitivo o por medidas de administración del comercio) verían en peligro sus negocios, frenando cualquier tipo de aporte de capital”, subraya la consultora.

En ese sentido, “la protección comercial implica un traspaso de recursos desde los consumidores (que se ven obligados a pagar un bien a un precio mayor al internacional) a los productores locales (generadores de empleo)” y por tanto, “existe entonces un claro tradeoff entre empleo y nivel de precios (contracara del salario real) que cualquier Gobierno debe manejar”, plantea.

Ante el dilema, el informe de Ecolatina recomienda no tomar ninguna de las salidas extremas. “La historia económica argentina muestra que ni la apertura indiscriminada ni el aislamiento internacional es la respuesta correcta a este dilema. ¿Podrá el Gobierno actual romper el péndulo argentino alcanzando una inserción comercial estratégica?”, se pregunta.

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