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Flexibilizar en una economía estancada: los riesgos de la reforma laboral

El enfoque oficial tiene alto riesgo de frustración en términos de modificar las tendencias de empleo y salarios.

Flexibilizar en una economía estancada: los riesgos de la reforma laboral
4 marzo de 2026

Por Federico Pastrana y Pablo Moldovan Directores de C-P Consultora

 

Los últimos datos disponibles muestran un deterioro en la dinámica del empleo y los ingresos durante el segundo semestre de 2025, tendencia que no parece haberse revertido en los primeros meses de 2026. Entre los principales rasgos se destacan la contracción del empleo registrado, el aumento del empleo no registrado y del cuentapropismo, y una nueva caída de los salarios reales.



En el sector privado formal, la cantidad de puestos de trabajo se redujo de manera ininterrumpida durante los últimos seis meses, acumulando una caída del 1,4%. Además, el retroceso dejó de estar concentrado en la industria para extenderse al conjunto de las actividades. 

El empleo industrial mostró una contracción persistente a lo largo de 2025, profundizada en los últimos meses. La debilidad del mercado interno terminó afectando también al comercio y a los servicios, que tras haber contribuido a una leve recuperación en abril y mayo, comenzaron desde junio a explicar buena parte de la caída.

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En paralelo, se consolidó un escenario de elevada informalidad laboral, que ya supera el 40%. La escasa generación de empleo registrado convive con un aumento de los puestos no registrados y del trabajo independiente —muchos bajo la figura del monotributo—. 

Dado que estos empleos suelen estar asociados a mayores niveles de inestabilidad y menores ingresos, funcionan como "empleos refugio". Esto explica que el incremento de la tasa de desempleo haya sido parcialmente amortiguado por la expansión de estas formas más precarias de inserción laboral.

En materia salarial, los indicadores muestran una caída acumulada del poder adquisitivo cercana al 2% desde septiembre. La utilización de las paritarias como ancla nominal —con acuerdos que no superan la inflación mensual en un contexto de aceleración de precios— ayuda a explicar esta dinámica.



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Desde una perspectiva más amplia, el programa económico actual no logró revertir las tendencias estructurales del mercado de trabajo, sino que más bien las consolidó. Los salarios reales permanecen en niveles históricamente reducidos, la informalidad continúa elevada y la economía no consigue retomar un sendero sostenido de crecimiento que permita mejorar la productividad.

La agenda oficial pone sobre la reforma laboral como herramienta para revertir los problemas del mercado de trabajo. Según esta visión, el origen de las dificultades radicaría en rigideces normativas, un elevado costo laboral —que convive con salarios reales históricamente bajos, configurando una aparente paradoja— y una alta litigiosidad. La solución, entonces, se concentraría en una reducción de costos y una mayor flexibilización del mercado de trabajo.


  • Sin embargo, la experiencia argentina pasada no permiten ser optimistas porque:

En primer lugar, las reformas laborales de por sí no crean empleo sino que la expansión del empleo necesita de expectativas de expansión de los mercados, es decir, de un sendero de crecimiento económico. Además, la elevada heterogeneidad sectorial suele atentar contra la creación de empleo, por lo que éste debe ser balanceado, con atención a la competitividad externa y el aumento de la productividad; 

En segundo lugar, el estancamiento y la volatilidad macroeconómica tienden a consolidar la informalidad, estrechamente vinculada a la baja productividad y a ingresos estancados. En este contexto, una agenda centrada exclusivamente en la reducción de costos laborales suele resultar impotente para revertir el problema.; 

En tercer lugar, las rebajas de contribuciones o incentivos fiscales al empleo formal implican un costo fiscal significativo, con resultados acotados en términos de creación de empleo si no forman parte de una estrategia integral de formalización, especialmente orientada a las MiPyMEs.



Por último, la descentralización de la negociación colectiva, la flexibilización de condiciones individuales y el debilitamiento sindical suelen asociarse a una erosión de los pisos salariales y a un aumento de la desigualdad. 

Una mayor rotación e inestabilidad —facilitadas por cambios impulsados por la reforma— pueden deteriorar la calidad del empleo sin generar ganancias claras de eficiencia, particularmente en un contexto como el actual donde las tasas de contratación se encuentran en niveles históricamente bajos.

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En este marco, el enfoque oficial tiene alto riesgo de frustración en términos de modificar las tendencias de empleo y salarios. Más que orientarse a resolver los problemas estructurales del mercado de trabajo de manera eficaz y pragmática, la reforma parece tener la intención de profundizar la agenda de la estabilización, con énfasis en la desinflación. 

La apuesta a que la flexibilización y la liberalización impulsen por sí solas la creación de empleo puede traducirse en mayor inestabilidad laboral y fragilidad de ingresos.

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