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“Este año la industria puede crecer 1% o 2%”

"Somos un país de salarios altos: hay que tener productividad y, para tener productividad, hay que tener tecnología", afirma Diego Coatz (UIA)

03-07-2017
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Entrevista a Diego Coatz Director Ejecutivo y Economista Jefe de la UIA Por Carlos Boyadjian

Tras quince meses consecutivos de caída, la actividad manufacturera tuvo en mayo una suba interanual del 2,7% gracias a la construcción, la industria automotriz y el agro. Argentina podría estar cerrando así una prolongada fase contractiva, pero para tener una expansión sólida aún hay que esperar. “Lo que ocurra este año en la industria depende de Brasil y de la política económica local”, asegura Diego Coatz, director ejecutivo y economista Jefe de la Unión Industrial Argentina (UIA). A continuación, el diálogo que mantuvo con El Economista.

En 2016 la actividad industrial cayó cerca del 5% y en lo que va del año lleva -1,5%. ¿Qué se puede esperar para este año y para 2018?

A principios de año habíamos sido bastante cautos estimando un crecimiento entre 1% y 2%. Para que eso ocurra, obviamente, tiene que haber un crecimiento importante en el segundo semestre para compensar el primer trimestre y pasar al terreno positivo. Es muy probable que eso ocurra porque de mayo a agosto de 2016 fueron los peores meses de caída de la actividad. Además, muchos sectores afectados por la caída del consumo interno, sobre todo vinculado a la construcción y a sus insumos por el parate de la obra pública, cayeron a niveles de más de 15% o 20% en algunos meses de 2016. Este año se están recomponiendo cemento y materiales para la construcción, ya estamos viendo recuperación en acero, el sector automotriz empieza a mostrar números positivos interanuales y otros que caían mucho, van a dejar de caer. Salvo algún episodio particular, la actividad industrial debería crecer entre 1% y 1,5% este año. Lo que ocurra el año que viene dependería de dos factores. Primero, Brasil, donde vemos un escenario poco optimista, porque la economía dejará de caer pero la producción per capita está por debajo de 2011. El otro factor es la política económica local, y allí hay variables que pueden afectar a la industria en 2018.

La industria argentina se caracterizó en los últimos años por alzas y bajas alternativas. ¿Cambiará ahora la tendencia?

La clave es volver a los niveles de 2011, cuando la industria tuvo en el primer semestre su máxima expansión. A partir de entonces hubo estancamiento y, en términos per cápita, una caída importante. Volver a los niveles de 2011 y lograr una tendencia alcista de la producción en general y la industria en particular, son los dos objetivos más importantes, sobre todo para que eso se traduzca en la generación de empleo formal.

La industria cada vez está más tecnificada ¿En el futuro seguirá traccionando el mercado de trabajo?

La industria genera hoy el 18/19% del empleo privado formal total en el país. Argentina tiene un mercado de trabajo muy frágil. No logra pasar los 6,3 millones de empleados privados formales. A nivel industrial tocó 1.250.000 en su mejor momento, hoy estamos un poco por debajo y cuesta romper ese número. Obviamente, la industria está tecnificada y cada lo estará más. El país debe al menos duplicar la inversión en I+D, que hoy es 0,6% del PIB. Somos un país de salarios altos, para eso hay que tener productividad y para tener productividad hay que tener tecnología, y para eso, aumentar la inversión en I+D. Si esto no ocurre, efectivamente, el cambio tecnológico puede ser un problema para el mercado de trabajo.

El Gobierno aborda el tema de la competitividad sector por sector. ¿Cómo evalúa esta estrategia?

En primer lugar, hay que recuperar la idea de competitividad sistémica. Esta es la clave para tener un proceso de desarrollo industrial sustentable y tiene tres dimensiones. Primero, condiciones macroeconómicas favorables para la producción. Necesitamos un tipo de cambio previsible, que acompañe los costos de la producción, que haya tasas de interés razonables y una política comercial inteligente frente al mundo. Segundo, las cuestiones estructurales que se pueden dividir en infraestructura y costos vinculados a la competitividad estructural de la economía argentina y, tercero, las instituciones y la seguridad jurídica.

¿Pero en el corto plazo qué necesita la industria?

Hay cinco temas para el corto plazo. Recuperar el mercado, con resguardo del mercado interno, una administración inteligente del comercio exterior y el impulso a la exportación. Además, avanzar en el plan de infraestructura del Gobierno, pero también a nivel privado. Eso se puede hace con tecnología importada o moviendo la capacidad productiva, con proveedores locales, con una ley de compras públicas moderna y eficiente como tienen EE.UU., Israel o Corea del Sur. Segundo, tener costos razonables. Hoy Argentina es más cara que Chile, México e incluso Brasil. Acá también es clave el tema energético. Tercero, en el capítulo financiero, el mercado nacional es chico y encima con tasas de interés altas. Hay que ser creativo para que haya inversión y crédito para capital de trabajo, sobre todo para las pymes. Cuarto, reforma tributaria. Acá hay que buscar mejorar la situación tributaria del sector transable, es decir, los sectores que compiten en el mundo. En los países desarrollados hay un montón de descuentos sobre el Impuesto a las Ganancias si invertís en tecnología, si amplias y mejoras los procesos productivos, si desarrollas un producto nuevo, si tendes a exportar. Quinto, el tema normativo, donde es importante resolver aspectos como la litigiosidad.

¿Qué puede esperarse en materia de inversión para los próximos años?

Hay sectores dinámicos como la construcción, los vinculados a los sectores agropecuario, energético y bioenergético, incluso algo del sector farmacéutico, que efectivamente van a invertir mucho. En otros, dependerá de si se recupera el nivel de actividad, como madera y muebles, cueros o textiles. Y el sector automotriz-autopartista depende de Brasil. Si el año que viene la macro es favorable para la producción, se consolida el plan de infraestructura, orientado al desarrollo de proveedores locales, y Brasil crece un poco, se puede pensar en un crecimiento del 3 al 4% del PIB.

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