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“Es clave promover la inserción de las mujeres”

16 agosto de 2016

La semana pasada el Observatorio de la Deuda Social de la UCA ratificó que, según sus cálculos, la proporción de población bajo la línea de pobreza pasó de 29% a 32,6% entre diciembre de 2015 y abril de este año, alcanzando a 13 millones de argentinos. Desde la consultora IDESA recordaron que, según mediciones privadas, la cantidad de personas en esta situación se mantuvo en torno al 25 y el 30% de la población urbana durante los últimos años. Así, señalaron que se trata de un fenómeno estructural intensificado por la aceleración de la inflación y el estancamiento económico, que encuentra su fundamento principalmente en la falta de empleos de calidad y de acceso a servicios básicos de vivienda, salud y educación.

Según indicaron desde la consultora, un rasgo central de los hogares pobres es la escasa capacidad para generar sus propias condiciones de sustentabilidad y progreso. “Esto responde a varios motivos; uno de ellos es el tamaño relativamente grande de los grupos familiares. En general, la pobreza aparece asociada a hogares con un mayor número de miembros dependientes y una menor proporción de generadores de ingresos sea porque no tienen edad para trabajar o porque deciden no participar en el mercado laboral”, señalaron.

Según los datos de la encuesta de hogares del Indec, entre los años 2003 y 2015 se observa que en el 30% de las familias de más bajos ingresos, el tamaño familiar promedio pasó de 4,5 a 4,4 personas por hogar, mientras que en el 30% de las familias de más altos ingresos pasó de 2,5 a 2,2. Esto implica que las familias de mayores ingresos redujeron tres veces más su tamaño promedio que las familias más pobres.

“El proceso se dio en un periodo de crecimiento económico relativamente alto, políticas de redistribución de ingresos intensas pero donde la pobreza estructural no pudo ser doblegada. Si bien son muchas más las razones que explican la pobreza, la persistencia del tamaño relativamente grande de los hogares más pobres resulta muy sugerente”, sostuvieron.

Según señalaron los investigadores de IDESA, hay evidencia extraída de la experiencia internacional que muestran que la reducción de la pobreza estructural está asociada a una menor natalidad. “Aunque es difícil establecer direcciones unívocas de causalidad, el rol de las mujeres como generadoras de ingresos dentro del hogar es clave como factor promotor de desarrollo social”, explicaron, y agregaron que “por eso resulta muy preocupante que muchas mujeres pobres sean inducidas a la inactividad laboral”. Desde la óptica de la consultora, los programas de asistencia social como el Progresar están organizados de una manera tal que tienden a entregar dinero por asistir a un establecimiento de educación o formación, pero no por terminar la educación básica e insertarse en el mercado laboral.

“Para reducir la pobreza ? concluyeron? más importante que aumentar los recursos asistenciales es replantear los diseños de los programas sociales. La meta debe ser promover la inserción laboral de las mujeres contribuyendo a su desarrollo individual y a que sean ellas mismas las artífices del ascenso social de sus hogares”.

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