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“En la transición, hay que cuidar ciertos sectores”

Entrevista a Alberto Schuster, Director de la Unidad de Competitivad de Abeceb.

02 agosto de 2016

A pesar de las críticas que despertó el nuevo régimen puerta a puerta de compra de bienes desde el extranjero, el economista y director de la Unidad de Competitividad de Abeceb, Alberto Schuster, descartó que el sistema pueda tener consecuencias significativas, dada la participación marginal de estas compras sobre las importaciones generales. No obstante, en diálogo con El Economista, advirtió que varias ramas de la actividad industrial no pueden competir a niveles internacionales, por lo que “hay que cuidar a ciertos sectores”, aunque solo “dentro de lo permitido por la OMC” y “durante un tiempo”. Sobre las inversiones que esperaba el Gobierno Nacional para el segundo semestre, asegura que “es probable que el Gobierno haya exagerado el optimismo” aunque recomienda ser “pacientes” .

Hasta diciembre, los industriales reclamaban por la pérdida de competitividad que implicaba un dólar atrasado. Desde entonces, hubo un salto del tipo de cambio pero también un salto inflacionario importante. ¿En qué medida se revirtió ese atraso cambiario?

Las distorsiones que tenían los precios relativos de Argentina (el tipo de cambio, los costos salariales, los precios de la energía) eran tan fenomenales que pretender lograr corregirlos todos sin que el tipo de cambio o la inflación hayan aumentado como lo hicieron, era demasiado optimista o pretender demasiado. Lo cierto es que se ganó 15% en términos de competitividad no estructural -es decir, costos laborales unitarios-, a través de toda la economía. Lo que pasa es que la distorsión en costos laborales unitarios contra otras economías es tan grande que no se puede lograr de un día para el otro. China tiene un costo laboral unitario que puede llegar a US$ 0,30 por hora y Argentina está en US$ 1,20 aproximadamente. Entonces, por más que Argentina corrija en parte eso, es muy difícil que pueda competir en productos masivos con China, Tailandia, Vietnam, Malasia, Indonesia o esas economías con costo laboral nominal mucho más baja y con tecnología de una productividad más alta. Es muy difícil para Argentina generar una competitividad tal en la industria, salvo en algunos nichos.

En ese contexto, ¿la apertura de importaciones que promueve el Gobierno y el nuevo régimen de compras puerta a puerta no suponen un riesgo para las industrias locales?

En cuanto al régimen puerta a puerta, no, en absoluto. Porque creo que la compra puerta a puerta no puede ser tan significativa como para afectar a toda una industria en su conjunto. Las compras puerta a puerta son para ciertos sectores de alto poder adquisitivo, conectados, informados, pero eso no es el conjunto del consumo. En cuanto a la apertura a las importaciones, poner a Argentina a competir con textiles que vienen de Vietnam, de China, va a ser difícil. En esa competencia, el país tiene problemas de competitividad, como tiene todo el mundo. En Estados Unidos no hay producción local de textiles porque se importan de países asiáticos; han desplazado su producción industrial hacia los países asiáticos y han empezado a destruir trabajo industrial que no logran reemplazar por el trabajo del mismo valor, por lo que a los sectores medios y bajos les bajaron los ingresos y la gente empieza a sentir disconformidad. En Argentina, la substistencia de ciertas industrias, fundamentalmente de aquellas que producen productos de masividad, va a ser un problema.

Si no se quiere incrementar el proteccionismo, ¿qué se puede hacer para evitar eso?

Para evitar eso, uno tiene que poner barreras que pueda poner dentro de las normas de la OMC. Extremar las protecciones, dentro de lo que sea un recurso permitido por la OMC está bien, porque uno tampoco puede generar un cambio de la noche a la mañana. Hay que cuidar a los sectores con estas normas internacionales, pero durante un tiempo, no se los puede cuidar durante toda la vida. Luego, la solución es de más largo plazo y pasa por la competitividad estructural. Esto es, mejorar la infraestructura, la calidad de la educación, las regulaciones, que las empresas empiecen a pensar para adentro si eficientizaron sus procesos, que el Estado también lo haga y que la carga impositiva no sea tan alta. Son un conjunto de cosas que vamos a ver en el tiempo, nada va a pasar los próximos dos años.

Pero en el medio hay un período de transición, ¿cómo debería ser?

Ese período de transición tiene que tener muñeca. No hay ninguna transición que pueda generar un clima tal que lo bueno de la transición sea anulado por la resistencia natural de la gente a quedarse sin trabajo. Cualquier transición razonablemente hecha en cualquier lugar del mundo protege a los sectores más carecientes y a los laborales para que no haya una crisis de salud, de alimentos y de trabajo.

El Gobierno apostó a que vendría una “lluvia de dólares” que hasta ahora no se produjo. ¿Qué está faltando hoy para que los empresarios inviertan de manera más contundente?

Primero, es probable que el Gobierno haya exagerado el optimismo. Segundo, hay que entender cuál es la dinámica de las empresas en aprobar y ejecutar una inversión. En las empresas multinacionales, los proyectos de inversión en Argentina están en competencia con otros en otras partes del mundo. Luego, una vez que se aprobaron, tardan en ejecutarse. Mientras tanto, a nivel de empresas nacionales, hoy estamos teniendo un problema que es el costo del financiamiento. Tenemos tasas en dólares de más de 20% anual. Para generar un proceso de inversión, uno tiene que tener certidumbre, tener el riesgo acotado y posibilidades de financiarse. Por otra parte, las empresas más pequeñas y las medianas, que son las nacionales, para llegar a ejecutar mejoras de capital todavía requieren de un tiempo. Y después están las inversiones de infraestructura, que están empezando a reactivarse. El problema es que llevaron un período de revisión de las contrataciones, de revisión de las licitaciones, de poner en marcha obras que estaban paralizadas. Pasar una economía muy cargada en el consumo a una más cargada en la inversión toma su tiempo.

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