El superávit comercial llegaría hasta US$ 6.000 millones en 2019

26-11-2018
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El viernes, el Indec informó que, en octubre, Argentina exportó US$ 277 millones más de lo que importó. El buen dato es que, por segundo mes consecutivo, y tras varios semestre de ausencia, regresó el superávit comercial. El dato no tan alentador es que el saldo es exiguo y, sobre todo, que las exportaciones, aún con un dólar sustancialmente más competitivo, apenas avanzaron 1,4%.

Según Radar Consultora, no es un dato extraño. “Tal como sucede históricamente durante los episodios devaluatorios en Argentina, el ajuste de las cuentas externas se relaciona, al menos en el corto plazo, a la caída de las importaciones como consecuencia de la menor actividad económica provocada por la aceleración inflacionaria. Las exportaciones, por distintos motivos, tardan en reaccionar al nuevo tipo de cambio”, analizaron desde Radar. En rigor, las importaciones se hundieron 18,2% interanual. Resulta lógico: es más rápido cancelar pedidos de importación que abrir nuevos mercados y conseguir clientes en pocos meses.

¿Y cómo sigue? Según los analistas, las importaciones seguirán anestesiadas por el combo de dólar alto y recesión y las exportaciones tenderán a subir. Allí, la gran apuesta es la cosecha que, según el Gobierno, podría merodear las 140 millones de toneladas en 2019. El propio Gobierno estima que las exportaciones crecerán 20,9% a lo largo del año entrante.

Eso dejaría un superávit comercial que, según las estimaciones, ronda entre US$ 3.000 millones y US$ 6.000 millones. El más optimista es Abeceb. “Mantenemos nuestra proyección de déficit comercial de US$ 6.000 millones para 2018, a la espera de que una fuerte recuperación de las exportaciones agroalimentarias y la continuidad de un escenario de retracción de las importaciones genere una fuerte reversión para el año próximo, con un superávit de US$ 6.000 millones”, dijeron en la empresa que, hasta hace poco, lideraba Dante Sica.

Por supuesto, es una noticia bienvenida, aunque está lejos de ser un escenario de equilibrio de largo plazo porque la economía está en recesión y el tipo de cambio real tenderá a apreciarse. Cuando la economía se ponga a crecer nuevamente, las importaciones volverá a subir y el desafío, para evitar un nuevo estrangulamiento externo, seguirá siendo exportar más, algo que insumirá más que voluntad.

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