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El superávit comercial se afirma

¿Por la competitividad o los controles?

03-10-2012
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A fines de 2011 una de las mayores preocupaciones para la Argentina 2012, era el resultado de su balanza comercial. Es que apoyados en la convicción de que la demanda brasileña de productos argentinos se caería, y que los precios de las commodities tendrían un descenso de entre 12% y 15%, los pronósticos por entonces eran contundentes: la Argentina tendría el menor superávit comercial de la última década y eso generaría ciertas restricciones de dólares que obligaba a ser cautelosos con la posición de divisas.

Las proyecciones indicaban que el resultado comercial promediaría los US$ 7.500 millones. No más. Aunque sí, posiblemente menos. Pero transcurridos los primeros nueve meses del año, el resultado entre lo que la Argentina exporta e importa, resultó completamente opuesto: entre enero y agosto de 2012 se obtuvo un saldo favorable de US$ 10.014 millones. En diciembre pasado desde el Palacio de Hacienda estimaban un resultado de US$ 9.500 millones y era por entonces una de las proyecciones más optimistas que circulaban. La realidad, sin embargo, tomó otro color.

El resultado comercial acumulado en los ocho meses del año es 38% superior al acumulado en el mismo periodo del año pasado y rompe con la tendencia decreciente que registró esa variable en 2010 y 2011 cuando tuvo caídas de 31,1% y 13,1% interanual, respectivamente, empujadas por la suba fuerte de las importaciones. Pero lo más trascendente es que el saldo acumulado en el año arroja el tercer mejor resultado desde 2003. De continuar la tendencia durante los próximos cuatro meses, 2012 finalizaría con un excedente en el comercio de bienes con el resto del mundo superior a los US$ 13.000 millones, casi el doble de lo que se estimaba el año pasado.

Pero el mayor saldo comercial no habla ni de mayor competitividad argentina ni de una mejora en la inserción de los productos locales en el mundo. Es el reflejo de una estricta política de control que por diversos motivos lleva adelante el Gobierno. La Argentina controla hoy la mayor parte de lo que ingresa del mundo y posiblemente si no lo hiciera, frente a un tipo de cambio real que quedó atrasado y una estructura de costos que perdió competitividad, el productor local estaría complicado.

Desde el Ministerio de Industria estiman que en 2010 las licencias no automáticas permitieron sustituir importaciones por US$ 9.000 millones aproximadamente y una cifra similar se habría repetido en 2011. En la cartera sostienen que sólo en el primer semestre del año pasado se sustituyeron US$4.000 millones y la cifra se habría duplicado para todo el año. Así, las importaciones cayeron 17% en agosto y acumulan una caída interanual en ocho meses de 7%. ¿Qué hubiera sucedido sin la política de control intensa que realiza el Gobierno sobre los productos que ingresan al país?

Desde algunas cámaras industriales sostienen que sin los controles, en 2011 la Argentina hubiera tenido un superávit comercial menor a los US$ 3.000 millones y en 2012, si se quitaran las licencias no automáticas, los valores criterio y las declaraciones juradas anticipadas de importación, la Argentina prácticamente se hubiera quedado sin superávit comercial. “El problema es que el mundo tiene saldos exportables acumulados por el menor crecimiento”, repiten los defensores de las protecciones. A lo cual otros economistas responden que eso no es así: el problema es que hay una inflación muy alta que desfasó el tipo de cambio y la suba en los costos de producción le resta eficiencia al sistema productivo local.

Un reflejo de algunas dificultades que está teniendo la industria para competir con el mundo es la tendencia que vienen mostrtando las exportaciones. Cayeron 1% en el año, aunque en el Gobierno adjudican esa merma a la menor demanda del mundo y principalmente de Brasil. Mientras tanto, la Argentina tiene superávit y eso ayuda a descomprimir el mercado cambiario. Sin embargo, el sistema productivo presenta distorsiones. Si entre 2003 y 2007 la balanza superavitaria se explicaba por la competitividad cambiaria, entre 2008 y 2012 se explicará por los controles. Todavía no llegó el momento de tener una industria competitiva que requiera de las variables macro como sostén, y no como fundamento.

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