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El sector agropecuario se prepara para empezar una nueva etapa

Perspectivas para la actividad tras la parcial eliminación de retenciones

22-12-2015
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(Columna de María Sol Oliver)

Qué pasará con el agro en 2016 es hoy un gran interrogante. Se proyectan luces pero también subyacen algunas sombras sobre el eventual escenario de productividad que devenga en una definitiva reactivación del sector, severamente castigado en los últimos años. Las perspectivas dependen del cristal con el que se las mire y están bajo la lupa de las nuevas medidas económicas que acaban de eliminar las retenciones a las exportaciones y que dispusieron una reducción de 5 puntos en el caso de la soja.

Para el economista jefe de la Bolsa de Cereales, Ramiro Costa, lo que se está viendo desde las últimas semanas es la recuperación de la intención de siembra de cereales, sobre todo en el centro y el sur del país. “Se sembrará más de lo que estimábamos. Aunque ya pasó el período estacional óptimo para ello, aún queda un margen en el centro y sur del país. De todos modos se potenciará mucho más para la próxima campaña 2016/ 2017”, subraya.

Su ecuación es positiva. La mayor producción del sector agrícola, en general, dinamiza el circuito económico, que a su vez se traducirá en el ingreso de dólares. “Aumentará la demanda de agroinsumos y de fletes y, por ende, se generarán puestos de trabajo. El efecto favorecerá principalmente a las economías regionales”, explica. Detalla que el trigo y el maíz serán las principales “estrellas” porque fueron los más perjudicados. Según estudios de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), en las próximas dos o tres campañas, incluso, el primero podría duplicar su producción.

No obstante, el optimismo tiene algunas salvedades en lo que se refiere a la soja, por ejemplo. Para este cultivo, la reducción del impuesto “no es suficiente”, en palabras del economista y consultor rosarino Salvador Di Stefano, “porque los precios internacionales de la soja están hoy a la mitad de lo que estaban en 2012”, cuando tuvieron un pico histórico. Ahora el precio es menos de la mitad y ronda los US$ 315.

El análisis de este especialista tiene relación que ver con la cercanía o lejanía a los puertos de las zonas productoras. “Un campo ubicado en los alrededores de Rosario rinde 4 toneladas de soja ?especifica? mientras que otro que pasa la distancia de 200 kilómetros, rinde 2,5 toneladas. La diferencia está directamente relacionada con los costos del flete. Estos y los combustibles presionan el rinde a la baja”. Di Stefano sostiene, en línea con Costa, que la quita de retenciones no alcanza para beneficiar el comercio externo de soja.

En el último año, la producción cárnica argentina ya venía percibiendo una recuperación debido a una caída en la tasa de hembras faenadas. La retención de vientres generó una suba en los precios. La tendencia continuará en 2016, según la explicación de David Miazzo, economista de FADA. “El ciclo de reducción de la oferta terminó y el sector está recuperándose”, reafirma.

Las investigaciones de la fundación también son prometedoras respecto de la carne aviar, que ha tenido un margen de rentabilidad muy bajo, luego de su gran pico de crecimiento en 2006/2007. “La eliminación de las retenciones y del ajuste cambiario harán que pueda abrirse hacia el mercado internacional y vuelva a ganar competitividad”, explica Miazzo. “Si continúan las condiciones favorables proyectamos que durante los próximos cuatro años la producción de carne aviar aumentará de 2 millones de toneladas a 2,5. La carne vacuna correrá la misma suerte e irá de 2,6 a 3,5 millones de toneladas”, agrega.

La visión de Di Stefano, en alusión a este sector, es menos alentadora. “La ganadería no está mejorando porque Brasil vende carne más barata”, cuestiona, y arroja un dato concreto: “El kilo de carne en gancho en el país vecino está a US$ 2,50 y en Argentina a US$ 3,60. En el mercado interno, sin embargo, el precio de góndola es de US$ 8, lo cual habla de una gran distorsión”.

Este tema, sumado al de los altos costos, constituyen, según el economista, dos problemas “graves” aún sin resolver. Según su explicación, la gran distorsión se produce dentro de la cadena de valor. En un extremo, el productor obtiene un margen muy bajo de rentabilidad mientras que, en el otro, el ciudadano paga precios muy altos.

“Desde el punto de vista del comercio exterior, para que aumente la competitividad del sector agropecuario serán necesarias otras medidas complementarias como el subsidio al flete”, cuestiona.

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