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El mundo no juega a favor (ni en contra)

07-09-2016
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Un país del tamaño de Argentina está siempre condicionado por lo que ocurre en la economía global y, en este momento, el escenario externo en el cual se tiene que mover el país está lejos de ser crítico pero tampoco es completamente favorable.

Como quedó claro en la cumbre del G-20, el gran desafío que enfrenta el mundo es volver a crecer a tasas más altas. Según el FMI, en 2016 el PIB global crecerá 3,1%, convirtiéndose en el sexto año consecutivo en el cual quedará por debajo de la tasa promedio que tiene desde 1990 (3,6%).

En ese contexto deben analizarse las posibilidades de Argentina, que no puede tener un desempeño completamente distinto. China se está desacelerando, Brasil está en su segundo año de recesión y recién empezaría a crecer en 2017, el PIB de Estados Unidos subirá apenas por encima del 2% y el resto de las economías avanzadas siquiera llegarán a ese porcentaje. Dado ese marco, sería un registro positivo para Argentina crecer el año que viene en torno al 4%, como están proyectando varios consultores y el propio Gobierno.

Más allá de los datos sobre la actividad global, hay tendencias que influirán sobre la economía local en los próximos meses.

Las tasas de interés en el mundo desarrollado seguirán siendo bajas por mucho tiempo, lo cual incentiva la búsqueda de oportunidades de inversión en los mercados emergentes. Argentina se encontrará con recursos abundantes cuando salga a tomar deuda. En el caso de Estados Unidos, que le marca el ritmo al resto, la suba de tasas será muy moderada. Es probable que haya un aumento en diciembre y otros dos en 2017, pero en ningún caso la suba tendrá el impacto suficiente como para pensar en un fortalecimiento significativo del dólar. Y esa es una buena noticia para Argentina porque implica que los precios de las materias primas se mantendrán en niveles relativamente altos.

La tendencia no será muy distinta en los años por venir porque la suba de tasas será lenta dado que la inflación es muy baja y el actual discurso proindustrialista de Hillary Clinton, probable ganadora de las elecciones presidenciales, no es compatible con un dólar fuerte pues ello les restaría competitividad a las exportaciones industriales De Estados Unidos.

Otro dato clave es Brasil, que es el destino del 18% de las exportaciones argentinas. Luego de dos años de fuerte caída, la economía podría crecer suavemente el año que viene entre 1,5% y 2%. Un mercado interno más dinámico implicará más demanda para los productos argentinos.

Para lo que resta de 2016 y 2017, en la columna del debe estará el débil crecimiento global pero en el haber habrá que computar a las tasas bajas, un dólar estable que sostendrá el precio de las materias primas y la suave mejora de Brasil. Nada espectacular, pero compatible con una tasa de crecimiento de Argentina en torno al 4%.

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