En términos de poder de compra los ingresos populares no están en un buen momento, por eso el consumo popular no recupera y no son pocos los asalariados a los que la constatación estadística "para no ser pobre los ingresos deben superar los $ 965.000 por mes", casi US$ 1.000, les pega muy cerca.
La pobreza divide a la sociedad en dos: los que viven una pesadilla y los que viven...pero, de estos últimos, una multitud se agolpa en la vecindad de los malos sueños y habita una zona gris en la que no es fácil mantenerse para no caer del lado más obscuro.
De esa población no hay estadísticas. Ha sido, desde hace décadas, la de migraciones hacia la pobreza que creció, en número de personas, a 7% anual acumulativo durante 50 años. Los anteriores 50 fueron aquellos en los que la pobreza disminuyó hasta reducirse a 6% de la población.
Dos ciclos históricos, en un siglo, marcan la historia social nacional: uno de progreso colectivo, luego un quiebre, y el deterioro de la estructura social.
De esto no se habla: el silencio no hace desaparecer a la realidad. No escucharla está en el origen de todos nuestros males. Una sordera que ha bloqueado analizar las consecuencias, obviamente no deseadas, de las políticas ejecutadas.
Hay consenso que, en el mundo, la pobreza ha disminuido. Somos una excepción. Sin embargo, la cuestión no está en la conversación pública; y nada indica una estrategia para atacar el problema de forma directa.
La dominante de esta etapa es que no hay necesidad, ni posibilidad, ni utilidad de un programa público para atacar, como mínimo, las consecuencias que en el futuro habrá de tener la pobreza del presente. Para la gestión libertaria estas "son cuestiones que el mercado resolverá".
Lo que sí el gobierno diseña son condiciones para que las finanzas operen y fluya, en la dirección requerida la estabilidad y - en principio - la reducción del tipo de cambio, que en tránsito a su unificación marcha a la baja nominal y a la apreciación del peso. Un instrumento agente para la baja de la inflación en pesos: el ancla cambiaria. Y mientras esa mecánica marcha en el camino de la desinflación se produce la inflación en dólares. En la "economía bimonetaria" se aplaca la inflación en pesos y se desencadena la inflación en dólares. Somos caros en dólares.
El consumo no repunta porque los ingresos en pesos no permiten, por ahora, recuperarlo. Sí hay un boom de consumo de bienes en el exterior y tal vez, muy pronto, de bienes que vienen del exterior.
Una paradoja: puede ser que los ingresos en pesos no sean los de un buen momento: la frase es "no alcanza, no llegamos a fin de mes".
Pero muchos de los ingresos, medidos en dólares, son "altos" en términos comparativos. Salarios que son bajos en términos reales en capacidad de consumo local comparados históricamente, resultan en costos salariales altos en términos comparativos con los países como Vietnam, Malasia, India y también Corea del Sur y China. Países en los que fuertes procesos de inversión en equipamiento, tecnología e infraestructura marcan productividad sistémica de la que carecemos desde hace décadas. No alcanza para consumir y no incentiva la competitividad. Se anuncia una Argentina "cara en dólares" y la salida esperada es la abundancia exportadora que de energía y minerales.
El Presidente, a la espera de esos recursos, apunta a alcanzar un acuerdo con el FMI o un fondo de inversión. Es probable que el FMI pida un cambio de política cambiaria. Apelar a los fondos de inversión se abre con la baja del "riesgo país", la que también es consecuencia de jugar la política cambiaria al extremo.
Al extremo de seguir encareciendo la Argentina en dólares provocando un anticipo, una versión auto provocada, de la enfermedad holandesa, a la espera del aluvión del éxito de la exportación energética y mineral. La enfermedad holandesa será traumática si no desarrollamos una estrategia a largo plazo de reindustrialización que está en práctica en el mundo entero.
La nueva geoeconomía, los cambios en la asignación de inversiones, se reflejan en trabajos, como los de Reshoring Institute, que señalan el movimiento hacia los países de costos vinculados a alta productividad, mientras -por una estrategia estrafalaria de la política de desinflación en pesos e inflación en dólares- nuestra economía se desplaza hacia la baja o el estancamiento de la productividad, contemplando pasivamente el deterioro de la infraestructura, y el letargo de la inversión para la producción de los bienes transables.
Mientras tanto, como ha sido en todas las etapas de la Argentina cara en dólares, los costos de los servicios se disparan.
El gobierno disfruta de la buena opinión mayoritaria basada en el logro de la reducción de la inflación, la estabilidad a la baja del tipo de cambio y el no rechazo inmediato a la medicina del equilibrio fiscal.
El régimen salarial, que caracterizó el ascenso capitalista en la sociedad argentina y el vertiginoso crecimiento de la clase media, están en franco retroceso hace muchos años. Numéricamente no estamos ante una explosión de "emprendedores", sino que estamos ante la resignación masiva de la changa...de la que hay formas "sofisticadas" y hasta "elegidas". Es otro tema.
La changa es el "otro yo" de la resignación y la novedosa matriz de la vigente paz social, en un escenario en el que la pobreza en la que viven mucho más de la mitad de los más chicos augura aquello que, en demografía social, nadie puede proyectar -por más que ahorque estadísticamente a los números- como un futuro venturoso.
Puede que este sea, ya transcurrido un año y según las palabras del presidente de la Nación, el "mejor gobierno de la historia". No vale la pena discutir el entusiasmo.
Pero desde el punto de la vista del "desarrollo humano, el de todo el hombre y todos los hombres" este año - tan duro y de tanto ajuste, el más grande de la historia de la humanidad - ha sido uno más, y van muchos, en el camino contrario: nacen muchos, pero muchos, más chicos en la pobreza que en el bienestar; y en esa métrica se juega el verdadero futuro del hogar de los argentinos. Como decía el Dr. Albino casi todo se juega en los primeros días, meses, años de vida.
Es importante no olvidarlo, sobre todo cuando en el programa del Gordo Dan, Javier Milei dio por terminada la larga agonía de 2024, cuya definición fue tan simple como la afirmación gubernamental de "no hay plata".
Pues bien, desde el miércoles sabemos por la afirmación presidencial que ese Rubicón ha sido atravesado y señores, la buena nueva para esta Navidad es, Milei dixit, "Nos sobra la plata" (LN 12/12) y ¿entonces que hacemos?
Dijo el presidente en ese mismo programa: "Estamos negociando un programa con el Fondo, pero al mismo tiempo con fondos de inversión" privados (LN 12/12). Lo que estaba en el BCRA sigue estando, digamos, bajo las sombras del Tesoro, y los 2/3 del "ajuste" engordan, día tras día, a tasa de interés. La manera de patearlo parece ser, como siempre, hacer más deuda en dólares y más larga.
Dijo al respecto Carlos Rodríguez: "El superávit financiero es falso. Hay déficit financiero. No computan el interés implícito de las LECAPS que antes se contaba en el cuasi fiscal" (X 25/11).
Milei se ha referido a este tema, como acabamos de señalar, procurando más deuda sea con el FMI, y probablemente el debate de la política cambiaria, o con fondos de inversión privados y la profundización de lo que para muchos es el atraso cambiario que, en la vida cotidiana es la Argentina cara y en el futuro de nuestra vida una enorme dificultad para exportar valor agregado, es decir, trabajo y consolidar la idea de un futuro venturoso exportando naturaleza. Es probable que ofrezca una vida generosa para muchos, pero difícilmente para todos los 45 millones de argentinos que habitamos esta tierra.
Se consume poco, se exporta poco trabajo, se emplea poco, el deterioro de la vida urbana se refleja en las noticias de suspensiones y despidos, en los empleos de manufactura o construcción, que son hoy más altas que las noticias de empleo en las mismas actividades.
Como suele decir un economista muy consultado por los medios: la realidad es heterogénea, pero las situaciones que restan, suman más que las que agregan y esta es una nueva confirmación de la larga tarde gris que atraviesa la vida argentina en las grandes concentraciones suburbanas desde hace ya medio siglo. Y es tan habitual que la continuidad y profundización no es algo que nos sorprenda.
Tal vez haya sido este, el del 10 de diciembre de 2024, el mejor discurso de la historia de la humanidad. Dicen que el "core" de este discurso de Milei (de este y de todos) fue obra de Santiago Caputo (Caputo III), tal vez la mente del triángulo de hierro del poder. Triángulo que nos trae a la memoria una de las primeras novelas de la ciencia ficción ("Mas que humano" de T. Sturgeon) en la que un grupo de personas, con habilidades distintas y superiores, funcionaba como una Gestalt: acciones individuales conformando una auténtica unidad de concepto y acción. Y eso es lo que nos transmite el presidente cuando habla del "triángulo": una Gestalt del Poder -que se tiene- y del "poder" ejecutar, las dos cosas.
El discurso de Milei fue una afirmación del poder que se tiene (que anuncia lo que va a hacer más allá de las opiniones disidentes que puedan existir: no hay lugar para el consenso) y de la capacidad de "poder hacer" inventariada al cumplirse 12 meses de acción.
Anunció la supresión de impuestos que, haciendo bien las cuentas, implica a los que son provinciales, lo que es impracticable sin acuerdos; y el fin del Banco Central, es decir, del prestamista de última instancia. Sorprendente.
Todo eso dicho y aplaudido por la mayoría, por la enorme capacidad de comunicar un futuro imaginario que, aunque parezca increíble, tiene las mismas coordinadas de Rodrigo, López Rega y Zinn de hace 50 años: "Achicar el Estado, es agrandar la Nación" y la "Argentina Potencia". Este es "el milagro de Santiago"