Algo cambió esta semana entre los economistas. No es que todos estén anunciando una recesión, ni mucho menos, pero el último dato de actividad cayó mal. Bastante mal.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) retrocedió 0,5% mensual en mayo y acumuló su segunda baja consecutiva, después del golpe de 1,5% de abril. Frente al mismo mes del año pasado, la economía apenas creció 0,2%. Y en los primeros cinco meses de 2026 avanzó 1,7%.
El número, aislado, puede parecer una caída más. El problema aparece cuando se mira la película completa. La economía venía avanzando con una dinámica de "serrucho": bajaba un mes, rebotaba al siguiente y así sucesivamente. Esta vez, después de la caída de abril, no hubo rebote. Hubo otra caída.
Los informes de LCG, Invecq, Outlier, Grupo SBS, IEB Research, GMA Capital, Delphos Investment y Adcap muestran distintos grados de preocupación. Algunos son más pesimistas y otros todavía rescatan varias señales positivas. Pero todos coinciden en algo: la recuperación perdió fuerza y sigue demasiado concentrada en un puñado de sectores.
Dicho más simple: la macroeconomía puede mostrar números más ordenados, pero esa mejora todavía no termina de llegar a la calle.
El "serrucho" se cortó para abajo
Según el informe oficial del Indec, la actividad cayó 0,5% mensual desestacionalizado en mayo y quedó 1,5% por debajo del nivel de diciembre de 2025.
Outlier fue una de las consultoras más contundentes. Esperaba una recuperación parcial después del derrape de abril, pero el dato volvió a sorprender para mal. La firma calculó que junio debería mostrar una suba superior al 2% mensual para evitar que el segundo trimestre termine en rojo frente al primero.
El problema es que los primeros indicadores de junio no ayudan demasiado. Los despachos de cemento, la producción automotriz, el crédito y algunos datos de comercio exterior mostraron nuevas señales de debilidad.
Dicho en criollo: junio tendría que venir extraordinariamente bien para salvar el trimestre, pero la información conocida hasta ahora dice otra cosa.
Outlier, de todos modos, evita dar por cerrada la historia. La caída del agro sorprendió en mayo y podría corregirse en junio por la forma en que el Indec distribuye la cosecha dentro de las cuentas nacionales. También pueden aparecer revisiones en la serie desestacionalizada. Hay margen para una sorpresa, aunque parece chico.
Desde Max Capital infieren que junio viene flojito. "De cara a junio, 14 de los 22 indicadores de alta frecuencia que monitoreamos y que se encuentran publicados (abarcando los sectores industrial, construcción, consumo y exportaciones) registraron variaciones mensuales negativas, lo que sugiere una dinámica aún más débil para la actividad económica. Sin embargo, nuestro monitor no incluye indicadores del sector agropecuario, que podrían aportar un sesgo positivo durante junio", dijeron desde la financiera.

LCG llegó a una conclusión parecida. La consultora observó que la actividad ya opera 1,5% por debajo de diciembre y que buena parte del crecimiento interanual todavía se explica por el arrastre que dejó el segundo semestre de 2025, especialmente el salto de diciembre.
Grupo SBS le puso un poco de paños fríos al diagnóstico. Marcó que fueron los primeros dos meses consecutivos de contracción desde octubre y noviembre de 2025, pero también señaló que el trimestre móvil quedó estable, el semestre móvil creció 1,6% y la tendencia-ciclo continúa en máximos históricos.
Además, SBS encontró señales mezcladas para junio. Cayeron la producción y las ventas de autos, las ventas minoristas y los materiales para la construcción. Del otro lado, repuntaron la recaudación y las importaciones.
Adcap también describió un escenario mixto y todavía constructivo. Reconoció que mayo volvió a decepcionar, pero destacó que la debilidad de la demanda interna está siendo compensada, al menos en parte, por un frente externo mucho más sólido.
La síntesis sería esta: todavía es demasiado pronto para hablar de recesión. Pero también resulta cada vez más difícil sostener que la economía está volando.
Una economía con dos velocidades
El verdadero problema no está solamente en cuánto crece la economía, sino en cómo lo hace.
En mayo, la agricultura avanzó 4,6% interanual y la explotación de minas y canteras saltó 15,7%. Entre las dos aportaron 1,2 puntos porcentuales al crecimiento del EMAE.
En la vereda de enfrente quedaron la industria, con una caída de 5,6%, y el comercio, con un retroceso de 4,3%. Estos dos sectores, junto con la pesca, restaron 1,4 puntos porcentuales. Prácticamente se comieron todo lo que habían aportado el campo y la minería.
Outlier hizo otra cuenta que ayuda a entender el problema. Sin el agro, el EMAE cayó 0,5% interanual en mayo. Si también se excluye a la minería, el retroceso supera el 1%. Durante los primeros cinco meses del año, la actividad sin esos dos motores directamente quedó estancada frente a 2025.
IEB Research habla de una economía sostenida por los sectores vinculados al comercio exterior —agro, energía y minería— mientras las actividades asociadas al mercado interno siguen rezagadas. Según sus cálculos, la construcción todavía opera 14% por debajo de los niveles de 2023, la industria está 12% abajo y el comercio, 5%.
Es, en definitiva, una economía que corre a dos velocidades. El campo, Vaca Muerta y la minería generan dólares, exportaciones e inversiones. Eso es una buena noticia y sería absurdo minimizarlo. El problema es que todavía no alcanzan para arrastrar a la industria, las pymes, el comercio y el consumo.
Adcap puso el foco en la mitad llena del vaso. Mientras la actividad interna se enfría, el comercio exterior cerró junio con un superávit cercano a US$ 2.200 millones. Las exportaciones, la energía y la minería están fortaleciendo la posición externa de la Argentina, ayudadas también por una demanda de importaciones todavía contenida.
El frente externo mejora y le da aire al programa económico. Pero una economía no vive solamente de acumular dólares: también necesita empleo, salarios y consumo.
¿Y dónde están los puestos de trabajo?
Ahí aparece el costado más delicado de esta recuperación. Los sectores que mejor funcionan son muy intensivos en capital, pero no generan tanto empleo como la industria, el comercio o la construcción.
Desde noviembre de 2023 se perdieron alrededor de 235.000 empleos asalariados privados registrados. La industria explica unos 83.000 puestos menos y la construcción, otros 61.000. Según IEB, Neuquén y Río Negro fueron las únicas provincias que consiguieron crear empleo registrado, empujadas por el desarrollo energético.
Los sectores ganadores traen dólares, pero todavía no alcanzan para compensar los empleos que desaparecen en el resto de la economía. Esa es la parte menos vistosa del modelo y, probablemente, la que más se siente en la calle.
A eso se suma la debilidad de los ingresos. Invecq calculó que las remuneraciones registradas cayeron 0,3% real mensual y 3,4% interanual en mayo. Los salarios privados registrados perdieron 0,1% real en el mes y los públicos retrocedieron 0,6%, cifras que también destacó GMA Capital.
La cuenta es bastante sencilla: menos empleo formal y salarios que no consiguen ganarle a la inflación dejan menos plata disponible para consumir. Por eso no sorprende que la economía haya vuelto a caer en abril y mayo.
El famoso derrame sigue sin aparecer
GMA Capital resumió el problema con una frase: la tarea pendiente es el bolsillo.
Con el programa financiero prácticamente cubierto y los dólares para afrontar los vencimientos de deuda asegurados, el Gobierno empezó a mirar con más atención la economía real. El orden macro ya está bastante encaminado. Ahora falta que se note.
Pero uno de los motores que podía ayudar a mover la actividad también empezó a fallar. El crédito había sido clave en la recuperación del segundo semestre de 2024, pero perdió fuerza por el aumento de la mora y la mayor cautela de los bancos.
GMA advirtió que la irregularidad ya alcanza el 7,3% y señaló que algunos bancos públicos comenzaron a ofrecer programas de refinanciación. IEB llegó a una lectura similar: después del salto de la morosidad, las entidades pisaron el freno y endurecieron las condiciones.
Delphos trasladó esa preocupación al mercado financiero. La consultora sostiene que la macroeconomía y los fundamentos de las empresas justificarían valuaciones más altas, pero el Merval no logra salir del movimiento lateral que arrastra desde octubre.
¿Qué lo frena? Entre otras cosas, una economía doméstica que demora su recuperación, salarios estancados y una confianza del consumidor que viene en baja.
El dato no es menor. Moody's mejoró recientemente la calificación crediticia de la Argentina, pero mantuvo al frente político como uno de los principales riesgos de cara a 2027. Si la macro se ordena pero el bolsillo no reacciona, la economía puede convertirse rápidamente en un problema electoral.

¿Puede el segundo semestre salvar el año?
Los economistas todavía esperan que la Argentina cierre 2026 con crecimiento. El asunto es que las previsiones se fueron moderando y ahora necesitan un segundo semestre bastante mejor que el primero para cumplirse.
LCG proyecta una expansión cercana al 2%. Grupo SBS espera 2,2%; Invecq, alrededor de 2,5%; y Outlier redujo su cálculo a 2,8%, con la advertencia de que podría volver a bajarlo si junio no sorprende para bien.
El rango va del 2% al 2,8%. No es una recesión anual, desde luego, pero está lejos de la recuperación fuerte que se imaginaba hace algunos meses. Encima, una parte de ese crecimiento todavía responde al arrastre estadístico de fines de 2025.
¿De dónde podría salir el empujón que falta? IEB considera que la construcción es el principal candidato. Menciona el avance de las concesiones viales, la posibilidad de canalizar dólares hacia desarrollos inmobiliarios y el comienzo de obras vinculadas con proyectos aprobados bajo el RIGI.
GMA también apunta a las concesiones de rutas, el mercado hipotecario y los programas de refinanciación. Outlier y SBS ponen más el foco en el crédito, la desaceleración de la inflación y una eventual recuperación del salario real.
No hay demasiada magia. Para que la economía vuelva a ganar velocidad se necesita que las familias recuperen ingresos, que los bancos vuelvan a prestar y que la inversión empiece a salir de los sectores que ya funcionan hacia los que todavía están golpeados.
No hay derrumbe, pero se encendieron las luces amarillas
Ninguno de los informes habla de un colapso inminente. La Argentina conserva fortalezas que hace no tanto parecían difíciles de imaginar: superávit fiscal, más reservas, exportaciones en alza, un frente energético potente y mejores calificaciones crediticias.
Adcap lo define bien: el panorama es mixto, aunque todavía constructivo.
El problema es que esa estabilidad convive con una economía doméstica que no termina de arrancar. La industria cae, el comercio retrocede, el empleo formal se achica, los salarios pierden poder de compra y el crédito dejó de empujar como antes.
El próximo EMAE será decisivo. Si junio confirma las señales negativas, el segundo trimestre habrá terminado en rojo y la recuperación volverá a correrse unos meses hacia adelante. Si el agro rebota y el frente externo empieza a traccionar al resto, el panorama podría mejorar.
Por ahora, la foto es bastante clara: el Gobierno puede mostrar que ordenó muchas variables macroeconómicas. Lo que necesita ahora es algo bastante más difícil: que ese orden empiece a sentirse en el bolsillo antes de que la campaña de 2027 se lleve puesta toda la agenda.