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Consumo, obra pública, campo y blanqueo son las claves del 2017

17 octubre de 2016

El nivel de actividad estaría tocando su piso (así lo aseguró Alfonso Prat-Gay hace unos días, y coinciden casi todos sus colegas del sector privado) y la recuperación sería inminente. Por las dudas, el uso del potencial nunca viene mal, aunque el argumento luce bastante verosímil y una tasa de crecimiento en algún lugar entre 3% y 4% parece bastante lograble en 2017.

El gran motor

En primer lugar, porque hay varios motores que empujarán, y no depende todo de que se encienda uno solo. El principal es el consumo privado, el componente más importante de la demanda agregada. “El enfriamiento del ímpetu alcista de los precios permitiría la detención de la erosión al poder adquisitivo de los ingresos, principal factor explicativo de la severa recesión en que se sumergió la economía nacional desde fines del año pasado. La estabilización de los ingresos reales sentaría las bases para el gradual repunte de la demanda interna. Precisamente, en este punto estamos ubicados en la actual coyuntura, lo que nos permite confiar en el inicio de la reactivación en este cuarto trimestre”, dice Federico Muñoz en un informe difundido el fin de semana. Asimismo, los expertos en consumo sostienen que lo peor ya pasó.

Agro, obras y blanqueo

Pero la verosimilitud del argumento detrás de la inminente recuperación es que hay otros motores que se encenderán pronto: el agro, la obra pública y el blanqueo.

En el campo, dice Muñoz, “se proyecta un aumento cercano al 10% en la próxima cosecha” y agrega que “el mayor dinamismo del sector ya se hace sentir en varias zonas del interior del país”. Por su parte, en lo relativo a la obra pública, “en los últimos meses se percibe una aceleración del gasto público de capital, tendencia que seguramente se consolidará durante todo el año entrante”. Además, “el blanqueo, que presumimos masivo, debería aportar liquidez, financiamiento y ?dato no menor? un importante espaldarazo para las expectativas”, dice Muñoz.

Lanzada

“Con esta suma de fuerzas e impulsos reactivantes, descontamos que la economía ingresará al 2017 lanzada en tendencia ascendente. Por el momento, mantenemos nuestro pronóstico de crecimiento de 3,3% para el año entrante, aunque varios colegas se muestran bastante más optimistas”, expresa. “Así planteadas las cosas, es probable que lleguemos a las elecciones de octubre del año entrante con una economía en franco crecimiento y con la inflación en torno del 1% mensual. Sin ser un desempeño deslumbrante, probablemente constituya un comportamiento lo suficientemente potente como para robustecer las chances electorales de la coalición Cambiemos”, concluye.

¿Y después?

Un dato interesante es que son todos efectos con impacto, como se dice en la jerga, de única vez, y que no necesariamente estarán presentes nuevamente en 2018. La variable que determinará si 2017 supondrá un mero rebote cíclico o el inicio de un crecimiento sustentable es la tasa de inversión, y por eso el Gobierno apuesta tanto hacia allí. Sin ella, la oferta agregada no crecerá y estará sujeta a los vaivenes de la demanda.

Por lo pronto, las expectativas para esta variable también son positivas y, por ende, hay margen para pensar que el 2017 podría ser el puntapié de un proceso de crecimiento más duradero.

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