Posiblemente muchos crean que exagero si afirmo que el Gobierno puede incrementar considerablemente la base monetaria en dólares sin emitir un solo peso. Pero, aunque cueste creerlo, es lo que va a suceder cuando cierre la etapa 1 del blanqueo.
Es que, en esta primera parte del régimen, está habilitada la posibilidad de exteriorizar el dinero en efectivo. O sea, aquellos dólares que se encuentran fuera del sistema bancario y que nunca fueron declarados ante el fisco nacional.
El mecanismo es bastante simple: quien quiera blanquear el dinero lo debe depositar en una cuenta especial de regularización de activos o CERA (que se abre de manera bastante fácil en cualquier banco).
No debe explicar de dónde provino esos fondos. Claro que no pueden participar quienes hayan generado las divisas a través de actividades ilícitas (como el narcotráfico o la corrupción, por ejemplo).
Uno podría decir que, por ejemplo, es una oportunidad increíble para quienes estuvieron realizando trabajos para el exterior y que cobraba en dólares en alguna billetera o cuenta del exterior.
También podría asegurar que es el momento adecuado para sincerar la venta de una propiedad que se escrituró por un valor menor. Pero la lista de beneficiados es mucho más larga todavía.
Cada vez más alternativas
Es que no sólo los que ocultaron algunas operaciones ante la AFIP pueden beneficiarse con este blanqueo. Por el contrario, también pueden sacarle el jugo aquellos que realizan actividades en blanco y tienen todo declarado.
Para entender esto primero hay que recordar que aquellos que blanqueen más de u$s100.000 en efectivo deben dejar depositados los fondos hasta el 31 de diciembre de 2025 para no abonar el impuesto especial (que es del 5%).
Y que, como alternativa para evitar la "penalidad", pueden utilizar estos fondos para diversas operaciones que la misma norma y el Poder Ejecutivo fueron habilitando tras su promulgación.
El espectro de posibilidades empezó con la posibilidad de invertir en distintos activos financieros (bonos, obligaciones negociables, títulos públicos, entre otros). Así, se podía obtener una ganancia mientras se espera la fecha de retiro sin impuestos.
Acá es importante aclarar que hay que transferir desde una CERA bancaria los fondos que se desean invertir a una ALyC, por lo que primero hay que abrir una CERA en un agente de bolsa (algo que no tiene costo ni demanda mucho tiempo).
Los rendimientos que se pueden obtener pueden ir desde un 5,5% anual en dólares para los inversores más moderados hasta un 12% anual en dólares para los más arriesgados.
Pero, con las actividades que fue incorporando el Ejecutivo, se puede utilizar el dinero blanqueado en efectivo también para financiar un emprendimiento inmobiliario o para adquirir un vehículo 0km o una máquina para producir.
Y no se detiene allí: hasta se pueden pagar honorarios o servicios que se hayan ofrecido (por ejemplo, al asesor impositivo al que consultó para saber cómo exteriorizar los dólares que tenía fuera del sistema).
El único requisito para que la rueda gire es que todo se mantenga dentro del ecosistema CERA. Siempre que se opere mediante estas cuentas, no habrá penalidad alguna.
Por eso, es ideal que todos (no sólo los que quieran blanquear, sino también aquellos que deseen captar los fondos del blanqueo) abran una cuenta especial en su banco amigo.
Un nuevo ecosistema monetario
Antes de la prórroga, el Gobierno había captado unos U$S 10.000 millones gracias a esta alternativa. O sea, cerca de la mitad de los dólares que existían en todo el sistema financiero en agosto.
Los primeros días del mes de octubre hubo una baja, producto del retiro de dólares de aquellos que habían depositado menos de U$S 100.000 antes de la extensión de los plazos.
Los últimos datos son muy alentadores, ya que hablan de cifras que van desde los U$S 12.000 millones a los U$S 15.000 millones. Lo cual genera gran entusiasmo en el Gobierno.
Pero si aquellos que todavía están dudando analizan un poco las posibilidades que ofrece este blanqueo, el valor podría crecer un poco más y realmente se generaría un efecto muy positivo para la economía nacional.
Puede sonar un poco frívolo. Pero si los argentinos confiaran en el país y volcaran los dólares que ocultaron a lo largo de los años, es posible que no se necesitara la ayuda de ningún organismo internacional.
Por eso, tal vez sea el momento no sólo de aprovechar este régimen de regularización no sólo para obtener un beneficio (que, como se dijo, hay muchos), sino para colaborar con el crecimiento de la Argentina.
Eso sí, hay que apurarse ya que el jueves 31 de octubre se termina el plazo para participar. Y, dado que ya hubo una prórroga, el Gobierno no puede volver a extender los plazos. Está claro: el momento es ahora.