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¿Cómo evitar la trampa de los ingresos medios?

26 octubre de 2016

por Ramiro Albrieu (*)

Hace unos días compartimos un panel con distinguidos colegas donde se habló de Argentina y la trampa de los ingreso medios. Dejo acá cuatro reflexiones posdebate, teñidas de subjetividad pero que pueden servir para orientar la discusión concreta en los años por venir.

La primera cuestión relevante es que nada indica que estemos condenados al éxito. De hecho, si comparamos la evolución del PIB por habitante ?principal medida de cómo nos va cooperando en el proceso productivo? vemos que durante las últimas cuatro décadas Argentina se rezagó con respecto a los países avanzados. También con respecto a los asiáticos. Y también con respecto a nuestro vecinos. Dicho de otra manera, si llevamos décadas de divergencia, ¿por qué tendría que ser distinto en el futuro?

La segunda cuestión es que hay, como hubo en otras ocasiones, pasado, oportunidades para escalar. Son ventanas de oportunidad por las cuales es posible acceder a niveles de productividad y estándares de vida de los países de ingresos altos. Pero hay que resaltar que se caracterizan por no ser lo suficientemente amplias como para asegurar que la salida de la trampa sea inclusiva. El resultado, entonces, es la dualidad. Existen sectores conectados con el mundo operan con alta tecnología, como aquellos asociados a la bioeconomía, los servicios profesionales o los productos químicos, que ofrecen puestos de trabajo formales y alta calificación. Pero, a la par, están los sectores no conectados o protegidos, como textiles o juguetes, los cuales operan lejos de la frontera y se concentran allí trabajadores informales y con baja calificación. La dualidad que emerge es multidimensional porque no solo se refiere a la productividad y los perfiles de ingreso. Aparece también una cuestión territorial: los sectores del segundo tipo se concentran en las periferias de las zonas urbanas mientras que los primeros están o en el interior o en las grandes urbes.

¿Cómo hacer para romper con estas tres dimensiones de desigualdad que mencionamos? Antes que soluciones de mercado, resaltamos aquí la tercera cuestión: el rol clave de la política pública. Pero aquí aparece otro limitante: la baja capacidad del sector público para promover a un tiempo los incrementos de productividad y la reducción de la desigualdad. Detrás de esto no se encuentra necesariamente un tema de escasez de recursos sino de calidad del gasto público y de trade off's de objetivos. Con respecto al primero, los rezagos en la acumulación de capital humano son claves. Con respecto al segundo, la dificultad de dar rentabilidad a los sectores de baja productividad ?por ejemplo vía devaluación? sin empeorar los indicadores distributivos aparece como un obstáculo fundamental. En este contexto, la capacidad del sector público para manejar exitosamente el cambio estructural es muy limitado. Algún dispositivo de mitigación y de carácter temporario puede implementarse, pero no mucho más.

Por último, debemos tener en cuenta que no nos bañamos dos veces en el mismo río: varias disrupciones están afectando los costos y beneficios de integrarnos al mundo. El cambio climático y la explosión poblacional en Asia nos pueden ayudar, pero la automatización y la aparición de las cadenas globales de valor difícilmente lo haga. El proteccionismo global, si avanza, de seguro nos perjudicará. Habrá muchos desafíos en el futuro.

En suma, debemos redoblar los esfuerzos si el objetivo es salir de la trampa de los ingresos medios. Las cuestiones de estructura productiva son importantes, pero si no logramos que el Gobierno diseñe estrategias de cambio estructural y reducción de la dualidad en todas las dimensiones que mencionamos, poco se habrá avanzando en salir de esa trampa.

(*) Economista e investigador del Cedes

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