En demografía se identifican tres estados por los que transita la sociedad. Al comienzo, hay muchos niños y jóvenes y pocos viejos. A medida que aumenta el nivel de ingresos de la población, la gente empieza a tener menos niños: dicen los entendidos que es por un tema de costo de oportunidad. Tener niños es caro por doble vía: por un lado, cuesta plata criarlos y, por el otro, cuesta dejar de ganar dinero por el tiempo dedicado a su crianza. La tercera etapa es el envejecimiento. Como hay cada vez menos niños, llega un monto en que hay más viejos que jóvenes.
Los países de Africa y los más rezagados de Latinoamérica están en la primera etapa (muchos niños). Los países de Europa y Japón están en la tercera etapa (muchos viejos). Los países de ingresos medios están en la segunda etapa, que es cuando está cayendo la tasa de natalidad y la gente adulta tiene la oportunidad de insertarse masivamente en el mercado laboral.
Esta segunda etapa se le llama también la del "bono demográfico". Esta es la ventana de oportunidad que se produce cuando transitoriamente aumenta la proporción de personas en edades activas (20 - 60) respecto a la cantidad de personas en edades inactivas (niños y ancianos).
Con más gente en edad productiva se dan las condiciones para acumular riqueza y ahorros a fin de financiar la tercera etapa que es la del envejecimiento.
Si no aprovechas el bono demográfico, estás complicado cuando la sociedad entra a la etapa del envejecimiento. El mejor ejemplo son los sistemas previsionales de reparto. En reparto, la regla es que los adultos de hoy pagan los jubilaciones de los viejos de hoy con la expectativa de que los niños de hoy paguen mañana la jubilación de los adultos que mañana serán viejos.
Como mañana habrá más viejos que niños, el sistema de reparto colapsa. Por eso, hay que empezar a acumular riquezas y ahorrar ahora para pagar las jubilaciones en el futuro cuando seamos todos viejos.

¿Cómo venimos los argentinos con el bono demográfico?
Primero, se está en el bono. En la Argentina se registra una abrupta caída en la natalidad. Entre los años 2003 y 2015 el flujo promedio de nacimientos anuales era de 737.000 niños. A partir del 2015 la reducción fue sostenida llegando al 2024 con apenas 413.000 nacimientos.
Segundo, las mujeres que dejan de procrear entran al mercado laboral. Tomando el segmento de mujeres con entre 20 y 29 años de edad, entre el 2015 y el 2025, se incorporaron al mercado laboral 220.000 mujeres. Para tener idea del orden de magnitud, la tasa de participación laboral de las mujeres con entre 20 y 29 años era en el 2015 de 52% mientras que en el 2025 subió a 62%. La misma tasa para los varones en este rango etario se mantuvo en 78%. Es decir, todo el aumento de la participación laboral en el segmento de 20 a 29 fue de mujeres.
Tercero, estamos rifando el bono. De las 220.000 mujeres de entre 20 y 29 años que entraron al mercado laboral, 140.000 se ocuparon como asalariadas privadas no registradas y 130.000 como cuentapropistas en su mayoría informales. Las mujeres entre 20 y 29 años empleadas como asalariadas formales disminuyeron en 50.000.
Está complicado el tema. La inserción de las mujeres jóvenes que entraron al mercado laboral fue en empleos de baja calidad. De esta forma, la buena noticia de que más mujeres se incorporan al mercado de trabajo se diluye porque enfrentan una demanda de empleos por parte de las empresas muy debilitada. Si no se generan las condiciones para que la mayor oferta de mano de obra se inserte en empleos calidad, el "bono demográfico" se desperdicia. La mejora en el bienestar presente se reducirá en el futuro y se generará un pasivo irreversible para cuando la población envejezca.
¿Qué hacer?
Es tan urgente como esencial consolidar el ordenamiento macroeconómico y mejorar el entorno institucional para multiplicar las inversiones productivas. Forma parte de este desafío acelerar la instrumentación de la reforma laboral, especialmente la descentralización de los convenios colectivos y completar temas pendientes.
Dos puntos claves son reducir los juicios laborales espurios en el tema de accidentes y enfermedades profesionales y establecer un mínimo no imponible sobre la masa salarial para las contribuciones patronales. Esto es imprescindible para motorizar un proceso masivo de formalización de empleo en la micropymes, que es donde se concentra la informalidad.
La caída en la natalidad es un fenómeno que plantea desafíos, pero también oportunidades: el bono demográfico. Oportunidad que se está desaprovechando. Por eso hay que salir del conservadurismo político para revertir las malas condiciones del mercado laboral. Caso contrario, la zona de confort de mantenerse en el conservadurismo político está hipotecando irreversiblemente el futuro a medida que la sociedad se hace más vieja.