Un jugador de Racing se va a Europa por no soportar la presión del fútbol argentino: la cifra que dejó su salida
El ciclo de Adrián "Rocky" Balboa en Racing llegó a su fin. El delantero uruguayo continuará su carrera en el fútbol ruso tras acordarse su transferencia al FC Pari Nizhniy Novgorod, una operación cercana al US$ 1.000.000, sin bonos y a pagar en cuatro cuotas. El atacante firmará un contrato por cuatro temporadas y solo resta la oficialización, que se concretará una vez que estampe su firma en Europa.
En las últimas horas, el club ruso aceleró las gestiones y presentó una oferta que terminó de convencer a la dirigencia académica comandada por Diego Milito. Con este acuerdo, Racing logra recuperar su inversión inicial de US$ 800.000 realizada en enero de 2025 por el 70% del pase (el 20% restante pertenece a Unión y el otro 10% al futbolista). Por este motivo, Balboa no fue convocado para el debut del equipo de Avellaneda en el Torneo Apertura 2026 y ya emprendió viaje rumbo al Viejo Continente.
La decisión no sorprendió puertas adentro. Balboa venía manifestando desde hacía semanas un fuerte desgaste con el fútbol argentino, tanto en charlas internas como de manera pública en medios uruguayos. La presión diaria, la exigencia permanente y el clima competitivo terminaron de empujarlo a dar un paso al costado, aun cuando le quedaban dos años de contrato en Avellaneda.
"El fútbol argentino es el más difícil por un tema de mentalidad de los jugadores. Todos los días tenés que estar al máximo compitiendo con tus compañeros, perdés un partido y la semana es horrible, tanto en los equipos grandes como en los chicos. Otra cosa: irte al descenso en Argentina es lo peor que hay. En otros lugares, como en Brasil, te vas y decís el año que viene subimos y no pasa nada", había dicho Balboa el mes pasado en El Espectador Deportes, en un testimonio que resonó fuerte en el cuerpo técnico y la dirigencia.
"No sé si me quiero ir de Racing, pero sí del fútbol argentino. Me han llamado varios equipos de allá y a todos les digo no. El día que me vaya de Racing no quiero más fútbol argentino. Es estresante. Tenés que estar siempre al 200 por ciento. También hay mucho poder político, muchos intereses de todos lados", dijo sin rodeos.
Y cerró, lapidario: "Disfruto poco el fútbol profesional; sí amo jugar fútbol 8 con mis amigos. Ojalá que a mí hijo no le guste la pelota. El fútbol profesional es complicado. Vos ves los jugadores y terminan todos locos. Cuando termine mi carrera no quiero saber más nada con el fútbol. Tal vez pueda trabajar de intermediario. Pero no más de eso".
En Racing entendieron que el delantero no estaba en condiciones de encarar un nuevo año al máximo nivel emocional y deportivo, y por eso se mostraron abiertos a negociar su salida. Balboa se irá con un registro de siete goles en 40 partidos, tras un paso marcado por altibajos, aunque con momentos destacados como su actuación en la serie de Copa Libertadores ante Peñarol.
La salida del uruguayo activó rápidamente el plan de reemplazo. Racing acordó la llegada de Damián Pizarro, delantero chileno de 20 años que pertenece al Udinese, y que llegará para ocupar el lugar de Balboa en el plantel que conduce Gustavo Costas. Potente, de 1,87 metro, surgido en Colo-Colo y adquirido por el club italiano en US$ 7.000.000, el futbolista buscará relanzar su carrera tras no haber logrado continuidad ni en Italia ni en su reciente cesión al Le Havre francés. La "Academia" tendrá una opción de compra por US$ 5.000.000 a cambio del 70% del pase y estará a préstamo sin cargo por una temporada.
Además, la transferencia de Balboa le permitirá a Racing extender el plazo para incorporar refuerzos hasta fines de marzo, una ventaja clave para reorganizar el frente ofensivo y ajustar el plantel en un año exigente. Para el delantero uruguayo, en tanto, el paso al fútbol ruso representa también el cumplimiento de un deseo personal: cerrar su etapa en la Argentina y empezar de nuevo en Europa, con la expectativa de recuperar protagonismo y volver a disfrutar del juego lejos de la presión que, según él mismo admitió, terminó por desgastarlo.