El avance de Lionel Messi como empresario del fútbol ya dejó de ser una rareza para transformarse en una tendencia estructural dentro de la industria. La reciente compra de la UE Cornellà marcó un punto de inflexión en su carrera fuera de la cancha, ya que lo convirtió por primera vez en dueño total de un club, un paso que lo posiciona dentro de un nuevo mapa de poder en el negocio global del deporte. Sin embargo, lejos de ser un movimiento aislado, forma parte de una estrategia más amplia que también incluye su vínculo con Leones FC de Rosario, impulsado por su entorno familiar, y su sociedad con Luis Suárez en el proyecto Deportivo LSM, que competirá en Uruguay.
Este giro responde a un fenómeno cada vez más visible: los futbolistas ya no solo protagonizan el espectáculo, también buscan controlarlo. El crecimiento del fútbol como industria global, donde los clubes funcionan como marcas, plataformas de contenido y activos financieros, abrió la puerta a que las grandes figuras capitalicen su imagen, sus contactos y su conocimiento del negocio para proyectarse más allá del retiro. En ese escenario, Messi empieza a jugar otro partido: el de la gestión, la inversión y la construcción de un legado empresarial propio.

Messi no está solo. En Europa y otras ligas, múltiples estrellas, muchas aún en actividad, avanzaron en la misma dirección. Kylian Mbappé, por ejemplo, se convirtió en accionista mayoritario del SM Caen, con la intención de modernizar su estructura y potenciar el desarrollo de juveniles. Vinícius Júnior hizo lo propio al adquirir una participación mayoritaria en el FC Alverca, con foco en la formación de talento entre Portugal y Brasil. También Luka Modrić se sumó a esta lógica con una inversión en el Swansea City, mientras que N'Golo Kanté apostó por el control total del Royal Excelsior Virton para reestructurarlo desde sus bases.
A esta ola se suman movimientos más recientes que consolidan la tendencia. Cristiano Ronaldo avanzó con la compra del 25% del Almería a través de CR7 Sports Investments, una nueva filial creada dentro de su estructura empresarial CR7 S.A. para canalizar inversiones deportivas, además de ampliar su participación en el Al-Nassr, el club donde juega actualmente. Incluso jugadores como Thibaut Courtois y Juan Mata optaron por participaciones minoritarias en proyectos como el Le Mans FC y el San Diego FC, apostando a modelos de franquicia y expansión en mercados emergentes.
En paralelo, los exfutbolistas también marcaron el camino y hoy funcionan como referencia. David Beckham construyó desde cero al Inter Miami, una de las franquicias más atractivas de la MLS y que, paradójicamente, terminó siendo el club donde juega Messi. Gerard Piqué transformó al FC Andorra bajo una lógica empresarial moderna, mientras que Mesut Özil forma parte de un grupo de inversionistas que posee acciones en el Necaxa y Zlatan Ibrahimović generó fuerte repercusión en Suecia al involucrarse con el Hammarby IF. En Sudamérica, Ronaldo Nazário fue pionero con sus inversiones en el Real Valladolid y el Cruzeiro antes de concretar su venta, apostando a la recuperación de clubes históricos.
También aparecen casos con impronta propia, como el de Héctor Bellerín, que invirtió en el Forest Green Rovers con un modelo centrado en la sostenibilidad ambiental, o el de Cesc Fàbregas, que pasó de accionista a entrenador del Como 1907 y lideró su crecimiento deportivo. Incluso figuras como Didier Drogba y Paolo Maldini incursionaron en proyectos propios en Estados Unidos con Phoenix Rising FC y Miami FC (NASL) respectivamente, ampliando el mapa de inversiones futbolísticas.
En este contexto, la irrupción de futbolistas como propietarios redefine el negocio del fútbol. Ya no se trata solo de capital financiero, sino de identidad, narrativa y conocimiento del juego aplicado a la gestión. Los clubes dejaron de ser únicamente instituciones deportivas para convertirse en plataformas globales donde confluyen marketing, entretenimiento e inversión.
Por eso, la compra del Cornellà por parte de Messi no es un hecho aislado sino una señal clara de hacia dónde se mueve el poder en el fútbol moderno. Con su primera adquisición total, el argentino inicia una etapa que podría escalar rápidamente, en línea con lo que ya hicieron otras estrellas. Y todo indica que ese movimiento recién empieza. Su desembarco como empresario no solo amplía su legado, sino que lo posiciona como un actor central en el futuro de la industria.





