Una encuesta reveló que la mayoría de los hinchas cuestiona la transparencia de la AFA
Una encuesta nacional de opinión pública realizada por la consultora Isasi / Burdman dejó al descubierto un dato que sintetiza el clima que atraviesa hoy el fútbol argentino: la mayoría de los hinchas cree que existen favoritismos en los arbitrajes y en la organización de los torneos, una percepción que ya no aparece como una queja aislada de tribuna sino como un consenso extendido entre simpatizantes de casi todos los clubes. El resultado vuelve a poner bajo debate la legitimidad del sistema competitivo y el rol de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). en la conducción del deporte más popular del país.
El relevamiento se realizó entre el 11 y el 18 de febrero sobre 2.076 casos en todo el país y muestra que la sospecha sobre posibles "arreglos" o inclinaciones dentro del juego dejó de ser una percepción marginal. La idea de que el campeonato no se define únicamente en la cancha ganó terreno en la opinión pública, en un contexto marcado por la tensión política y la creciente exposición mediática de las decisiones arbitrales y del uso del VAR.
El escenario se complejiza además por el momento institucional que atraviesa el fútbol argentino. La disputa abierta entre la AFA y el Gobierno de Javier Milei escaló en las últimas semanas, con investigaciones impulsadas por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) sobre dirigentes de la entidad, entre ellos el presidente Claudio "Chiqui" Tapia y el tesorero Pablo Toviggino, en el marco de causas vinculadas a presuntas irregularidades impositivas. El conflicto excede lo deportivo y se inscribe en una pulseada más amplia por el control económico y político del negocio del fútbol.
En ese contexto, el malestar de los hinchas no aparece como algo abstracto. Para muchos, la permanencia de clubes como Barracas Central (presidido por Matías Tapia -hijo de "Chiqui"-) y Deportivo Riestra en la máxima categoría, acompañada por reiteradas polémicas arbitrales y decisiones del VAR discutidas, se convirtió en el símbolo del llamado "caballo del comisario". La percepción instalada es que la cercanía al poder pesa más que el mérito deportivo, una idea que se repite tanto en redes sociales como en debates televisivos y que atraviesa a hinchadas de distinto tamaño.
La tensión institucional tuvo además un capítulo adicional con el anuncio de un paro total de actividades impulsado por los clubes para el fin de semana del 5 al 8 de marzo, medida que amenaza con paralizar todas las categorías y profundiza la sensación de crisis. Mientras desde el oficialismo se insiste con la necesidad de avanzar hacia un modelo más abierto a las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), la conducción de la AFA denuncia una ofensiva política y judicial orientada a forzar la privatización de los clubes. El resultado es un escenario en el que se mezclan disputas económicas, poder territorial y control institucional, alimentando aún más la desconfianza del público.
El Torneo Apertura 2026 tampoco ayuda a bajar la temperatura. El certamen comenzó el 22 de enero con un formato que sigue generando debate: 30 equipos divididos en dos zonas de 15, una fase regular de 14 fechas, jornadas interzonales y de clásicos, y playoffs de eliminación directa desde octavos de final. A la complejidad del sistema se suman cambios reiterados en reglamentos de descensos y clasificaciones, algo que muchos hinchas interpretan como señales de improvisación. La sensación de que las reglas se modifican constantemente según las necesidades del momento alimenta la sospecha sobre la equidad del torneo.
En paralelo, la discrecionalidad percibida en la entrega y reconocimiento de títulos históricos también genera ruido, como el que le dieron a Rosario Central. Para muchos simpatizantes, estas decisiones refuerzan la idea de una "oficialización a la carta", donde el peso dirigencial en los pasillos de Viamonte tendría más influencia que la memoria deportiva consolidada.
Arbitrajes bajo sospecha: el dato más fuerte de la encuesta
A pesar del clima de desconfianza, el mapa de simpatías mantiene su estructura histórica. Boca continúa siendo el club con mayor adhesión, con el 32% del total de los consultados (39% entre quienes se declaran hinchas), seguido por River con el 27% (33% entre hinchas). Más atrás aparecen Independiente (4%), Racing (3%), San Lorenzo (3%), Rosario Central y Talleres (2% cada uno), mientras que un 18% afirmó no identificarse con ningún club o no tener interés en el fútbol, un dato que también puede leerse como señal de fatiga social frente al conflicto permanente que rodea al deporte.
El punto más sensible del estudio aparece en la evaluación de los arbitrajes. El 57% del total de los encuestados -y el 65% entre quienes se consideran hinchas- está de acuerdo con la idea de que los arbitrajes favorecen a clubes cercanos a la conducción de la AFA. Apenas un 10% manifestó desacuerdo, mientras que el resto se ubicó en posiciones intermedias o sin opinión definida.
La segmentación por hinchadas muestra que la percepción atraviesa a todos: el 59% de los simpatizantes de Boca cree que existen arbitrajes arreglados, cifra que asciende al 62% entre los hinchas de River. Entre clubes medianos del AMBA el número llega al 70%, y entre equipos del interior y clubes más chicos escala al 84%. La tendencia es clara: cuanto menor es el peso institucional del club, mayor es la sensación de perjuicio.
La desconfianza también alcanza a los fixtures
La desconfianza no se limita al arbitraje. El 53% del total de la muestra considera que la confección de fixtures y grupos favorece a determinados equipos, porcentaje que sube al 59% entre quienes se declaran hinchas.
La percepción atraviesa a casi todos los sectores del fútbol argentino. Entre los simpatizantes de Boca, el 55% cree que los fixtures están manipulados, mientras que entre los hinchas de River esa cifra alcanza el 53%.
El nivel de desconfianza crece entre los clubes medianos del AMBA, donde llega al 62%, y se intensifica aún más entre los hinchas del interior y de equipos chicos, con un 67% que considera que existe algún tipo de favoritismo en la programación.
La percepción de ventaja estructural aparece incluso entre las parcialidades de los clubes más grandes, algo que rompe con lecturas históricas donde los sectores más poderosos del fútbol solían ser vistos como los principales beneficiados del sistema.
Todos se sienten perjudicados
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que no existe un sector que se perciba claramente beneficiado. Los hinchas del interior sostienen que los grandes mantienen privilegios históricos, mientras que parte de las hinchadas de Boca y River interpreta que la conducción actual favorece a clubes más chicos o cercanos al poder de turno. El resultado es paradójico: todos sienten que pierden. Según el análisis de los consultores, esta lógica erosiona la legitimidad general porque no permite que ninguna parcialidad perciba al sistema como justo.
La encuesta también revela que el malestar excede la discusión sobre corrupción o manejo administrativo. Para buena parte de los fanáticos, el problema central es la sensación de injusticia deportiva: partidos que parecen definirse por decisiones arbitrales, intervenciones del VAR o diseño del campeonato más que por el rendimiento dentro del campo de juego. Esa percepción de "tongo" se volvió transversal y atraviesa ideologías, regiones y pertenencias futboleras.
El VAR, que llegó con la promesa de reducir errores y aportar transparencia, aparece hoy como uno de los principales focos de sospecha. Muchos hinchas ya no interpretan las polémicas como simples fallas humanas sino como decisiones direccionadas: demoras en la revisión de jugadas, trazado de líneas discutido en offsides o criterios dispares según el partido y el contexto. La tecnología, lejos de eliminar la sospecha, terminó tecnificando la desconfianza.
El estudio fue realizado bajo modalidad online (CAWI), con una muestra nacional de 2.076 personas mayores de 16 años, estratificada por región, ponderada por sexo y edad y controlada según el voto en las elecciones legislativas de 2025. Más allá de los porcentajes puntuales, el diagnóstico de fondo es contundente: la crisis del fútbol argentino dejó de ser un problema exclusivo de dirigentes y tribunales para convertirse en una percepción colectiva de los hinchas, que hoy ven un sistema cada vez más cuestionado y con una legitimidad deportiva en discusión.