Rosario Central recibió este jueves el título de Campeón de Liga 2025 por haber terminado primero en la tabla anual con 66 puntos, en lo que se convirtió en un nuevo y vergonzoso capítulo del fútbol argentino, tanto por la oportunidad del anuncio como por las formas: un trofeo oficial creado de la nada, entregado en un escritorio y a días de que empiecen los octavos de final del Torneo Clausura.
El "Canalla" ya venía siendo uno de los grandes señalados del año por la insólita cantidad de fallos arbitrales favorables que acumuló durante el Clausura: cinco penales a favor en el semestre, ninguna expulsión en contra en tiempo reglamentario en todo 2025 y decisiones polémicas que se repitieron desde la primera fecha.
El debut tuvo un penal dudoso cobrado por Pablo Dóvalo, sin revisión del VAR; la semana siguiente, Andrés Merlos pitó otro penal discutido que Ángel Di María cambió por gol y Lanús se quedó sin su capitán Carlos Izquierdoz por protestar. A eso se sumó el histórico regreso del público visitante en el mismo partido, una movida impulsada por Pablo Toviggino, el tesorero de la AFA, en medio de su pelea pública con Patricia Bullrich, quien lo calificó de "mafioso y "barrabrava" y lo amenazó con derecho de admisión.
En ese clima, mientras las tribunas rivales ironizaban con que había que "ganar 2-0: uno a Central y otro al VAR de Beligoy y Toviggino", apareció una bandera que ya quedó como símbolo del escándalo: "Gracias Chiqui", desplegada en el estadio Gigante de Arroyito el día del regreso de Di María. Un mensaje directo al presidente de la AFA, Claudio Tapia, cuyo vínculo con Rosario Central y con su presidente, Gonzalo Belloso, quedó aún más expuesto tras el título exprés entregado este jueves.
Las declaraciones de Belloso al recibir el trofeo de campeón de la Copa de la Liga Profesional 2023 volvieron a viralizarse en las últimas horas y a encender la polémica. Frente a Tapia y Toviggino, dijo: "Estábamos prácticamente fundidos, todos los asesores decían que convoquemos al club, que vayamos a la convocatoria, y fue el Chiqui Tapia, con su poder político, y un amigo mío, Pablo Toviggino, quienes nos hicieron la estructura de un desendeudamiento. Si no hubiera sido por ellos y por el ministro (Sergio) Massa, que nos ayudó a pagar seis inhibiciones FIFA que teníamos, esto no hubiera sido posible. Ellos nos dieron una mano muy grande para arrancar". Fue un sinceramiento poco habitual en un fútbol donde muchos denuncian en privado lo que nadie se atreve a decir en la mesa del Comité Ejecutivo.
No siempre fue así. En 2023, cuando Eduardo Macías -exdirigente de Central- acusó abiertamente a Tapia y Toviggino de "arreglar técnicos y partidos, lavar dinero junto a representantes y cuevas financieras y poner DT en clubes de Primera", Belloso salió a defender al presidente de AFA. "Ya no me callo más", decía Macías entonces, denunciando lo mismo que hoy se replica en redes, tribunas y pasillos, pero que rara vez se pronuncia frente a quienes manejan el poder real.
La contradicción, sin embargo, no parece molestarle a Belloso, que pasó de ser un delantero correcto a un dirigente con un ascenso meteórico: tras ser despedido como manager de Central por golpear a dirigentes de Independiente Rivadavia, saltó a la Asociación Paraguaya de Fútbol, luego a la selección albirroja y finalmente a la Conmebol, donde construyó su alianza con Alejandro Domínguez. Esa red lo catapultó a lo más alto del fútbol continental. En 2021 dejó Conmebol para enfocarse en su candidatura a presidente de Central, que ganó al año siguiente mientras Tapia disfrutaba la consagración argentina en Qatar. En simultáneo, el dirigente era contratado por FIFA como Asesor Estratégico para Sudamérica. El círculo se cerraba.
La vuelta de Di María a Central -gestada directamente por Tapia- fue el golpe político perfecto. El propio "Fideo" admitió hace días que el presidente de la AFA lo convenció para retirarse en Rosario y le ofreció apoyo para su futura carrera de entrenador junto a Leandro Paredes. No sorprendió entonces que, mientras parte del país llamaba al torneo "Copa Di María", el propio futbolista saliera a despegarse de las críticas: "Siempre es culpa mía... Si tuviésemos ayuda, estaríamos primeros. No necesitamos la ayuda de nadie". Hoy, sin embargo, manejó 300 kilómetros desde Funes para posar en un escritorio, con el trofeo sostenido por "Chiqui", Toviggino y un exultante Belloso. Una postal del fútbol argentino en su forma más cruda.

En paralelo a este escándalo, se acumulan los antecedentes. Talleres de Córdoba, cuyo presidente Andrés Fassi acusó a Tapia en 2024 de perjudicar sistemáticamente al club, terminó salvándose del descenso luego de retractarse públicamente e invitar al presidente de AFA a Córdoba. Otro equipo que "hizo los deberes", dirían algunos. Barracas Central, club "apadrinado" por "Chiqui", y Deportivo Riestra ascendieron envueltos en arbitrajes escandalosos y siguen recibiendo beneficios en Primera. "Ser amigo del poder tiene su efecto positivo", repiten jugadores y técnicos en privado, aunque quien lo diga en público es castigado con sanciones ejemplares.
En la Primera Nacional, el caso más grotesco fue el de Deportivo Madryn, favorecido durante todo el Reducido: Gimnasia de Jujuy perdió su serie por un fallo insólito basado en supuestas amenazas al árbitro, causa que días atrás fue desestimada por el fiscal. Luego, en semifinales, el entrenador de Morón fue suspendido por cuestionar a Tapia y a Toviggino, mientras el partido de vuelta terminó en un arbitraje bochornoso y a las piñas en el campo de juego.
También se puede mencionar cuando se anularon descensos en la Primera División, cuando la liga mutó en dos copas consecutivas, o cuando se infló el torneo hasta llegar a 30 equipos, por nombrar tres casos puntuales.
A este escenario ya tóxico se sumó hoy la creación súbita del título de "Campeón de Liga", presentado como un plan discutido "hace años", pero aprobado justo cuando Central lideraba la tabla anual. La AFA, en su comunicado, lo definió como un reconocimiento oficial que no reemplaza la Supercopa Internacional ni el Trofeo de Campeones, aunque en los hechos esta nueva estrella funciona como sustituto político de un torneo que se derrumbó en tres años: Pasó por Abu Dabi a Avellaneda de 2022 a 2024.
Lo que genera ruido no es solo la existencia del título, sino su oportunidad, retroactividad y destinatario. ¿Por qué ahora? ¿Por qué sin reglamento previo? ¿Por qué a días de los playoffs? ¿Y por qué justo al club cuyo presidente reconoce públicamente la ayuda de Tapia y Toviggino? Las preguntas se acumulan. Las respuestas, como siempre, brillan por su ausencia.
Por ahora, la única certeza es la foto del día: Belloso en el centro, Di María sonriente a su lado, Toviggino a la izquierda, Tapia a la derecha y un trofeo nuevo creado por unanimidad. El fútbol argentino, en estado puro.